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LETRAS DESDE MÉXICO

La promesa firmada de cumplir un juramento

viernes 22 de marzo de 2019, 20:16h

A principios de la semana, cuando el sol apenas comenzaba su luminosa labor; es decir, por ahí cerca de las siete de la mañana, cuando empezaban los noticiarios, agolpados en el dócil conjunto de la prensa de primera mano, en el salón de la Tesorería del Palacio Nacional, los reporteros de la “fuente” y algunos diletantes, sintieron cómo la flecha de la historia atravesaba sus corazones, porque fueron testigos de la negativa de todas las negativas, de la madre de todas las definiciones sobre el futuro de la patria, porque el señor presidente de la República, Don Andrés Manuel López Obrador, firmó (para cumplir tiempo después), un compromiso nacional en contra de su propia reelección, anhelo oculto -dicen-, tras la innecesaria “revocación” del mandato a la mitad del periodo.

Si ya le fue otorgado -y en grado excesivo-, el sufragio efectivo, ahora sólo le queda completar la frase de Don Panchito, sobre la imposibilidad de repetir en el cargo ejecutivo, fuente ambiciosa de tantos de los muchos problemas de nuestra patria y de cuya ponzoña no estuvo exento ni siquiera don Benemérito, el señor Benito Juárez, quien cuando iba por su tercera oportunidad, fue sorprendido por una infausta y alevosa angina de pecho.

Y claro, también se le había atravesado en el camino el gran Porfirio Díaz, quien se alzó con el Plan de la Noria en contra de los afanes reeleccionistas del hombre de Guelatao, quien no conforme con restaurar la república, se quiso apropiar de ella para siempre. Y lo logró en cierto modo pues retuvo el poder hasta el fin de sus días naturales. Pero Juárez murió y ese mismo día también falleció Porfirio Díaz. Horas después, nació Don Porfirio.

Porfirio dijo cuando se iniciaba su rebelión contra Juárez y firmaba el Plan de la Noria:

“Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será́ la última revolución”. Y se quedó treinta años. Nueve reelecciones. En fin, cosas de los mexicanos.

Mañana por la mañana los periodistas, los diletantes, los imitadores, los “amlovers”, los pejezombies y los chairos (también quienes pertenecen al otro bando), verán cómo el Señor Presidente le da la espalda a una posibilidad Antes de violarla, hasta en sus más fundamentales principios, mejor la cambiamos, como cambia de piel la serpiente o de plumaje el águila. Cuando se jura el todo, no hay lugar para los demás recursos. El lapso del ejercicio presidencial no está sujeto a consulta ni referéndum; ya está bien establecido, excepto si se cambia la gran ley, como se hace cada quince minutos por el soplo de la conveniencia. Para esos somos mayoría muy mayor.

Este compromiso escenográfico y engañabobos, envuelve la otra intención, también anticonstitucional: confirmar el mandato o revocarlo; ejercicio “democrático” tras el cual se oculta la verdadera intención de remolcar votos desde el gobierno, convertido en un motor electoral imbatible, como ya se dijo, y lograr una completa ampliación del poder del partido. Por eso la 4T es el 2PRI.

La reelección posible no es la del Señor Presidente, es la del Partido del Señor Presidente, y en este caso el posesivo es exacto.

La Cuarta Transformación es la Segunda Edición del PRI, sobre todo en esa política permanente de engañar con la verdad a este pueblo eternamente crédulo y comprador de ilusiones, porque no tiene mérito alguno rechazar la reelección (como si fuera un acto generoso y volitivo), cuando ya se había jurado respetar una Constitución en cuyo articulado (83) se expresa con claridad el lapso y condición irrepetible del cargo de Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, hasta para los interinos o provisionales, si se diera el caso.

Pero una constitución de plastilina, modelable y mutable según el capricho de cada presidente en el encargo, no es garantía de nada.

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