Los catalanes se pusieron 0-2 en el primer cuarto de hora pero acabaron goleados. El argentino rescataría un punto. Por M. Jones
El Barcelona aterrizó este martes en el Estadio de La Cerámica obligado a ganar. Pero en su camino se cruzaba un Villarreal que partía a un punto del descenso y en el horizonte azulgrana se atravesaba las trascendental visita del Atlético al Camp Nou del próximo fin de semana. Por eso, a pesar de la victoria colchonera, Ernesto Valverde decidió saltar al verde sin Messi, Piqué y Rakitic. Rotó el 'Txingurri' y los primeros minutos aparentarían entregarle la razón por completo.
Y es que en un ajedrez global en el que los dos equipos jugaron para ganar, asumiendo riesgos por motivos bien diversos, los catalanes golpearían con zarpazos abrasivos. Coutinho y Malcom eran los encargados de acompañar en punta a Luis Suárez, mientras que Arturo Vidal y Arthur hacía lo propio con Busquets en la medular. Pues bien, esa dupla de delanteros brasileños suplentes anotaría antes del minuto 16. Una bocanada de puntería que susurraba la sentencia prematura de los puntos.
El fuego fue abierto por un intercambio de golpes en el que participarían los remates de Samu, Iborra y Luis Suárez. Pero a los 12 minutos fue el ex del Liverpool el encargado de inaugurar el marcador -pase del ex del Girondins-. Y cuatro minutos más tarde, esto es, si dar respiro a la maltrecha confianza local, Malcom redondeaba el 0-2 a centro de Arturo Vidal. Incluso en el 18 Coutinho tuvo el tercero de la noche, pero su latigazo se fue a la madera. Apuntaba a goleada el envite.

El Villarreal, que formó con un 4-4-2 por el 4-3-3 visitante, venía de comprobar cómo el Celta le remontaba un 0-2 en Balaídos, en un duelo directo por la permanencia emn Primera. Así las cosas, les tocaba a los componentes del Submarino escalar esa misma montaña, pero ante el favorito a ganar Liga, Copa y Champions. Se había edificado una montaña que fiscalizaría su autoestima y confianza. Sin embargo, en pleno monólogo con la posesión de un Barça que había bajado los humos al conjunto levantino hasta el punto de acomplejarles, amanecería Samu.
Lo hizo con el 1-2, anotado en el minuto 23, que daría esperanza a la tribuna y alimento a la fe de su camarín. El delantero supo extraer todo el juego de la failibidad del coloso cuando pierde la pelota y le toca equilibrarse. A la contra recortaría distancias y desplegaría un continuado ida y vuelta, sin amarres, que devendría en reparto de aproximaciones sin demasiado veneno -salvo el intento que Suárez perdonó ante el inspirado Asenjo- y en un despliegue físico intenso. Trapidante. Con ese panorama más incierto de lo que se presumiría tras el primer cuarto de hora, los profesionales se fueron a vestuarios.
Y la charla de Javi Calleja convenció a sus subordinados de sus posibilidades. El plan no era empatar con el puntero, sino ganarle. Así salieron en el primer acto y reproducirían un comienzo similar en la reanudación. Ocurrió que en esta oportunidad atinarían de cara a la meta defendida por Ter Stegen. Fue Ekambi, otra vez en una transición tras recuperación, el encargado de instalar el delirio en la tribuna y el empate en el elctrónico. Asimismo, las dudas contaminaron a la zaga conformada por Umtiti y Lenglet -dos zurdos-. La astucia del africano batió al alemán y confirmó que todo era posible.

Valverde leyó el brete y entendió que era momento de abrazar a Messi. Recurriría al argentino en el 61, justo antes de que el Villarreal completara su fulgurante remontada con la diana anotada por Iborra, quien amortizó la descuidada espalda de la retaguardia barcelonesa. Y en torno a ese cambio en la dirección del viento y el adelanto de las líneas de un Barça forzado a arriesgar, arribaría el 4-2. Antes, Samu se topó con el travesaño. El achique seguro era el local, y propulsados desde esa base Cazorla emitiría un pase quirúrgico para que Bacca explotara las hectáreas que dejaban los visitantes. El colombiano, recién entrado en dinámica -por Ekambi-, sellaría el cuarto tanto levantino.
Patas arriba, roto tácticamente y en una contrarreloj a la que no se había abocado el vigente campeón en mucho tiempo, Messi tuvo que multiplicarse. Su salida, y las de Rakitic y Aleñá, tardaron en hacer efecto, pero en el trecho postrero, con el Submarino dando síntomas de cansancio, acabarían funcionando. Todo ello patrocinado por la expulsión de Álvaro (minuto 86).
En el 90 'La Pulga' sembró un lanzamiento de falta pleno de fundamentos para trasladar las dudas al sistema castellonense (4-3) y en el 94, en la última jugada del partido, Luis Suárez arrancaba el empate. Para desasosiego de un equipo que mereció más y que paladeó la gloria pero se fue a casa a dos puntos del infierno. Jugó con fuego Valverde y la debacle fue uniformada de pinchazo por sus dos astros en un desenlace rocambolesco. La calidad salió al rescate de otro desempeño industrial para reducir los daños en esta determinante semana.
- Ficha técnica:
4 - Villarreal: Asenjo, Mario Gaspar, Álvaro, Funes Mori, Víctor Ruiz, Pedraza, Iborra, Morlanes (Cáseres, m.63), Cazorla, Ekambi (Bacca, m.74) y Samu (Bonera, m.87).
4 - Barcelona: Ter Stegen, Sergi Roberto, Umtiti, Lenglet, Jordi Alba, Busquets (Aleñá, m.73), Arturo Vidal, Arthur (Rakitic, m.73), Coutinho (Messi, m.61), Suárez y Malcom.
Goles: 0-1, m.12: Coutinho. 0-2, m.16: Malcom. 1-2, m.23: Samu. 2-2, m.49: Ekambi. 3-2, m.61: Iborra. 4-2, m.80: Bacca. 4-3, m.90: Messi. 4-4, m.90+3: Suárez
Árbitro: Hernández Hernández (comité canario). Amonestó por el Villarreal a Funes Mori y Cáseres y por el Barcelona a Busquets, Lenglet, Arturo Vidal, Suárez, Sergi Roberto, Messi y Aleñá. Expulsó al local Álvaro por doble amonestación (m.86)
Incidencias: partido de jornada 30 del campeonato de Liga, disputado en La Cerámica ante 19.515 espectadores.