Nicolás Sarcozy anunció el viernes pasado, en Versalles, los peligros que tienen que enfrentar en su desarrollo los países occidentales, en general, y Francia en particular. El discurso de inauguración del congreso dedicado a la arquitectura y el paisaje corrió a cargo de Sarcozy. Se esperaba que el expresidentes tratara de la arquitectura y el proyecto Grand París, pero Sarcozy habló más de media hora sin papeles sobre la desaparición del Occidente y de todas las amenazas que ponen en peligro sus proyectos del desarrollo. “Al no dedicarme más a la política, me siento libre de ciertas precauciones” y “decir lo que pienso”. Si durante siglos el eje del mundo pasaba por el Occidente, ahora es totalmente oriental. Una razón de peso es la situación demográfica: de los 7.5 billones de seres humanos que pueblan el mundo, Europa y Estados Unidos apenas llegan a 800 millones. Como si esto fuera poco, subrayó Sarcozy, Europa se encuentra profundamente dividida: los ingleses no quieren ser europeos y los catalanes no quieren ser españoles.
La sociedad que se desarrolla, construye; pero la sociedad que se prepara a morir no tiene proyectos. Aunque Sarkozy puso como ejemplo los proyectos arquitectónicos, ¿qué proyectos intelectuales o políticos mueven hoy el Occidente y la vieja Europa? Si leemos las noticias que llegan de los centros intelectuales como la Universidad de Cambridge vemos que tienen los ojos puestos en el pasado más que en el futuro. Más todavía: gracias al revisionismo, que roza el ridículo, se han embarcado en unos proyectos que cuestionan su papel de centro de intelectual político, cultural, en fin, innovador. La mencionada universidad de Cambridge ha lanzado una investigación sobre cómo se benefició la Universidad de la venta de los esclavos. Trevor Phillips, ex-director de la Comisión de Igualdad y Derechos humanos del Reino Unido, les criticó por no pensar en el futuro sino reescribir el pasado. Phillips insistió que, en vez de dedicar 35 meses a indagar los sucesos de hace más de 200 años, sería más provechoso pensar un par de meses en el futuro y prevenir los problemas de discriminación que persisten actualmente.
Idéntica a la investigación de la Universidad de Cambridge fue la llevada a cabo por la University College de Londres el año pasado. También la Universidad de Glasgow está en lo mismo y renombró todos sus edificios. En fin, ese revisionismo histórico es una prueba más de la decadencia de Occidente. O dicho de otro modo, las Universidades son la prueba de la carencia de proyectos vitales e intelectuales de Occidente. El peligro es doble: por un lado es la homogeneización de la sociedad occidental, a causa de la “rebelión de las masas”, y, por otro lado, su insensibilidad a los modos políticos totalitarios, así llamada la “orientalización” de la política, donde la democracia pierde su importancia...