www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ensayo

Ariel Magnus: Ideario Aira

domingo 05 de mayo de 2019, 20:04h
Ariel Magnus: Ideario Aira

Literatura Random House. Barcelona, 2019. 192 páginas. 15, 90 €. Libro electrónico: 7, 99 €.

Por Francisco Estévez

Al socaire de la selección y buen prólogo de Juan Pablo Villalobos de Diez novelas de César Aira llega este Ideario Aira. Diccionario de las mejores ideas de César Aira de menor calibre pero buen calado siendo como es un muestrario sintético de las “ideas” o, por mejor decir, del mundo mental del portentoso argentino. Organizadas al siempre contingente orden alfabético, el lector puede acudir a este repertorio de ocurrencias de César Aira y, por ejemplo, leer “Orden Alfabético” donde al hablarnos de las tribulaciones del opiómano -entiéndase “lector”- define al lenguaje como “gran lance de dados de veintiocho caras”. Sí, en definitiva, alfabético no es más que otro modo de decirnos aleatorio. Sea como fuere, y perdida la oportunidad de proponer un orden que implique un sentido de lectura más allá de una tirada de dados, con las ideas así seleccionadas pretende Ariel Magnus “darles la autonomía que su genialidad merece”.

Una autonomía azarosa se entiende que es lo que procura pues Ariel Magnus y no un sentido de lectura (quién busque tal acuda a la magnífica orfebrería crítica “La literatura de César Aira explicada por ella misma” de Vicente Luis Mora). Si bien dan cuenta de la variopinta y vasta ocurrencia del argentino. De tal forma espigadas y sin mayor concierto se presentan una tras otras las más variadas ideas a las que el amplio genio del autor nos tiene acostumbrados. Encontraremos pues aquí desde la representación del absurdo hasta una pizca de crítica social, maridado todo con demostraciones alocadas y salpimentado con refutaciones fulgurantes. Alguna idea metafórica colindante con la greguería ramoniana (“Apoya-suegras”) o incluso emulaciones a la dinámica cuentística cortazariana, por ejemplo en “Asociaciones ilícitas”, sin llegar a cuajar igual resultado que el del clásico, ni falta que hace pues sospechamos que no era su pretensión.

Otras ideas parten del hallazgo único como el genial apunte sobre la bizquera de los mapuches y otras costumbres suyas. A veces las ideas caen del pensamiento mundano a pie de calle y paso de peatón cualquiera, léase la hermosísima “Cuadros de luz” que parte de una constatación urbana, común y frecuente pero que el pulso de escritor la eleva sin caer en sentimentalismo adolescente, del que por más que se empeñen los ignaros de última hora nunca ha participado la literatura de ley. A veces la idea se multiplica en dos y le sobra la mitad de entrada como en la estupenda “Bibliotecas”, otras, al contrario, son extraordinaria síntesis (“Borde lo humano”).

Llegados al punto, las ideas de Aira aquí transcritas suben a lo alto de su ingenio solo por la diversión de despeñarse con gozo sumo ante los ojos del lector y pasar a otra cosa, es decir, a otra idea, como en sus novelas, vaya. La descacharrante y maravillosa idea airiana, que como él mismo propone, se le ocurren “con el solo fin de provocar la ocurrencia de otra” (léase “Idea”). A la postre, la sorpresa como motor de ideas (mejor lo ha sintetizado en reciente reseña el lince Nadal Suau). Incluso la “Fatiga de las formas” puede y debe ser leída como metareflexión literaria más allá de su componente literal: el desgaste de los broches de las casas. Y para los más curiosos, cómo no, el autorretrato del autor con tópicos incluidos en “César Aira” extraído de la novelita Embalse.

En fin, puede una idea de las aquí presentes, como en sus novelas o “cosas raras”, César “dixit”, cogernos a contrapié y dejarnos con la risa congelada o en el remanso de un guiño cómplice, acaso con la risa batiente de lánguida constatación y en su reverso adheridos de nostalgia tras la puerta o acurrucados tristes en cualquier dintel. Son esas, las ideas de un imaginativo escritor, que explora todas las caras del sentimiento humano, rico, complicado, multifacético, entretejido de la varia emoción y la innumerable experiencia y al cabo la individual asimilación. Así las ideas y así la “literatura literaria” que practica el último epígono de Borges. Él mismo citaba que “la mera inversión mecánica de poner las cosas ‘patas arriba’, está en la raíz de casi todas las buenas ideas literarias” (Fragmentos de un diario en los Alpes). “Cosas” puede ser leído como el reflejo inverso de idea. Allí el escritor tiene a las cosas ya por “hechas, creadas y nombradas por una civilización de seres superiores, que se extinguieron y las dejaron abandonadas”.

Nosotros apenas sabemos hacer el uso más rudimentario de la multitud de opciones que tiene cada cosa. Tomada de tal forma esa sería definición perfecta de la “idea” en César Aira, y el escritor, él en especial, quien halla de nuevo las múltiples funcionalidades que tiene la idea y la insufla de una antigua, enigmática y recién recobrada vida. Bien dice al final de la entrada “en nuestra relación con el lenguaje somos como los niños pobres, que se conforman con juguetes mal hechos, que más que juguetes son pedazos de madera a los que la imaginación más que la talla les da forma”.

El libro podría haber sido muy otro, pero al cabo bienvenido es, pues es de sobra conocida la magnífica provisión de ideas del argentino y el despliegue narrativo desbordante del autor: “Por ese lado yo estaba tranquilo. Mi provisión de ideas era inagotable”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (20)    No(0)

+
0 comentarios