La crisis financiera
En gran medida era potenciada por la creciente escasez de productos y artículos de gran consumo, ya que aumentaba el volumen de dinero en circulación, porque los ciudadanos no podían gastarlo en comprar productos y artículos inexistentes. El volumen de dinero “sobrante” superó, a finales de 1990, al volumen de 1985 en un 90,5 %. Esto distorsionó enormemente el adecuado equilibrio entre los cambios comerciales y la circulación monetaria.
Crecía constantemente el déficit presupuestario, ya que el Estado seguía gastando más de lo que ingresaba. Se mantenían las inversiones poco rentables en obras industriales y en agricultura y, especialmente, en la producción de armamento. Para cubrir estos gastos el endeudamiento crecía vertiginosamente.
El Gobierno tardó casi tres años en comprender la gravedad de la crisis financiera e intentó, por fin, hacer algo para reducir el déficit presupuestario por medio de la reducción del gasto en los objetivos industriales programados. Gorbachiov, en enero de 1989, anunció el recorte de los gastos de defensa en un 14,2 % y en la producción de armamento en un 19,2 %. El temor del líder de la “Perestroyka” ante la catástrofe financiera superó el temor a un enfrentamiento con el estamento castrense.
Ahora me gustaría profundizar en los gastos en defensa.
Gastos en defensa
Como ya se ha dicho la industrialización llevada a cabo por el régimen comunista no tenía como objetivo el bienestar de la población, ya que se dio prioridad, desde el primer Plan quinquenal, al desarrollo de la industria pesada, o sea a la fabricación de “medios de producción”. Es decir, a la producción de maquinaria y no de los artículos de consumo que demandaba la población.
Además, gran parte de estas máquinas se utilizaba en la producción de armamento ya que, desde los primeros días del régimen bolchevique, sus dirigentes consideraban que la República Soviética debía estar preparada, en todo momento, para defenderse de cualquier agresión exterior. Para ello era necesario tener un poderoso ejército y una industria capaz de fabricar el más sofisticado y mortífero armamento.
Esta obsesión por armarse hasta los dientes fue propia de todos los gobiernos soviéticos hasta la aparición de Gorbachiov. Este despilfarro de recursos en la producción de armamento fue una de las causas de la crisis y del colapso económico de la URSS.
Podemos señalar algunas peculiaridades de este hecho. Por ejemplo, las partidas de defensa figuraban formalmente en el presupuesto, pero, en realidad eran secreto de Estado. Su volumen no lo conocían con exactitud ni la cúpula del Partido, ni los altos mandos militares.
Los gastos “militares” se camuflaban hábilmente entre los “inocentes” gastos civiles. Por ejemplo, las fábricas que figuraban como de tractores producían, no sólo, maquinaría agraria sino, también, tanques y otros artefactos militares. En las fábricas de confección además de la producción de ropa para la población, se confeccionaban uniformes militares. Las fábricas de calzado fabricaban las botas para los soldados y oficiales del Ejército. Y así, un largo etcétera. Todos estos gastos no figuraban como “gastos en defensa”.
Otra característica de la industria militar era que la producción de todo tipo de armamento, especialmente el pesado, se determinaba no por la necesidad real de dicho armamento para la defensa del país, sino por la capacidad total de las fábricas para producir armamento. Las fábricas debían trabajar a su plena capacidad productiva, pasase lo que pasase. Cuando un asesor de Mijail Gorbaciov preguntó al Jefe del Estado Mayor, Serguéi Ajromeev, ¿Por qué hay que producir tanto armamento?, la respuesta fue: “Porque con enormes sacrificios hemos construido unas magníficas fábricas, comparables a las que tienen los norteamericanos. ¿Vamos a parar ahora su funcionamiento y empezar a producir cazuelas?”.
Y de allí los ejemplos: La URSS, en los años 70, estaba produciendo 20 veces más tanques que EE.UU. El ejército soviético estaba equipado con 60.000 tanques, que superaba varias veces el número de dichas máquinas de guerra que tenían las fuerzas armadas norteamericanas y sus aliados todos juntos.
Otro ejemplo: Por los ingenieros militares fue construido un buen misil SS-20. Existía una base industrial para su producción y el gobierno toma la decisión de empezar la producción de este nuevo tipo de armamento de “medio alcance”. La OTAN, EE.UU., en su lugar, contestó, produciendo su propio misil de “medio alcance”, emplazándolo en Europa Occidental. Ahora el tiempo del vuelo de este tipo de misil hasta los objetivos en el territorio soviético era mucho menos, que el de los misiles de largo alcance situados en el territorio norteamericano. Se ha producida una clara desventaja para la defensa de la URSS en comparación con la de los EE.UU., ya que para alcanzar su territorio los misiles soviéticos de largo alcance necesitaban más tiempo. Cuando los estrategas soviéticos lo comprendieron, empezaron unas negociaciones con EE.UU. para la liquidación de dichos misiles de “medio alcance” en Europa. Se llegó a un acuerdo. Los misiles fueron destruidos. Y todo el gasto invertido por la URSS en la producción e instalación de dichos misiles resultó en vano.
En cuanto al volumen real del gasto militar existen varias versiones. Unas apuntan a que suponían el 80% del presupuesto. No existe una valoración bien documentada. Pero para dar una idea, mencionaré un solo dato: el volumen de la economía soviética, en aquellos años, era 4 veces inferior al norteamericano, pero la URSS había alcanzado la paridad con los EEUU en poderío militar. Se pueden imaginar qué coste tuvo esto para las arcas soviéticas.
Además de los recortes en gastos de defensa, el Gobierno intentó aplicar otras medidas para reducir el déficit presupuestario como fue subir algunos impuestos como el IVA, aumentar los ingresos por una mayor actividad del comercio exterior, y otras medidas estabilizadoras.
Pero, por ejemplo, el obstáculo principal para el incremento de la exportación de maquinaria industrial era su bajo nivel tecnológico y su baja calidad que no respondían a las exigencias del mercado exterior. Sólo el 12% de la maquinaría soviética podía competir, mientras que el 62% de los productos industriales que se destinaban a la exportación estaban, más o menos, obsoletos. En la primera mitad de 1988, se recibieron 194.000 reclamaciones desde el exterior relativas a los productos industriales exportados por la URSS. Ninguno de los intentos para estabilizar las finanzas dio el resultado necesario. Ya era tarde. La catástrofe económica iba acercándose inevitablemente por no haberse tomado, a su debido tiempo, medidas más valientes para liberalizar la economía del país.
La “Perestroyka” pierde fuelle
Finalmente, y a la desesperada, el Gobierno de Gorbachiov relaciona la esperanza de mejorar la situación económica con el incremento de la producción del “oro negro”. Pero la industria petrolera está al límite de sus posibilidades y para su ampliación y modernización faltan componentes tecnológicos que habría que comprar en el exterior, pagando con divisas, que precisamente es lo que escasea. Un verdadero circulo vicioso.
A finales de 1988, la situación empeoró aceleradamente. El Ministerio del Petróleo y del Gas redujo la producción de crudo en 1990 en 15,5 millones de toneladas, cuando en 1988 ya se habían producido unos 12,5 millones de toneladas menos. En tres años, de 1988 a 1991, la producción de crudo bajó un 20%. Esto redujo drásticamente la capacidad exportadora de petróleo y, consecuentemente, obligó a recortar la importación de los cereales y de otros productos alimenticios.
Al mismo tiempo, se produjo otro golpe inesperado: la subida de los precios de los cereales en el mercado exterior.
Los precios de los cereales que, en los años 1987 a 1990, compraba la URSS en el exterior en grandes cantidades, empezaron a subir considerablemente. Por ejemplo, el trigo, que en 1987 costaba 133 $ tonelada, en 1988 alcanza los 176 $ por tonelada, y en 1989 los 207 $. A esto se añade que los agricultores de la URSS no cumplen los planes de entrega de cereales. El 1 de enero de 1989, el incumplimiento llegó al 30 % de lo planificado.
La escasez de productos alimenticios es cada vez más acusada. Así que el Gobierno se vio obligado a introducir, de nuevo, el racionamiento.
La vía para acudir a créditos exteriores, como se hizo a mediados de 1989, es cada vez más difícil porque el “rating” soviético ha bajado debido a que su endeudamiento ha crecido y una gran parte de la deuda son créditos a corto plazo, y adicionalmente la situación económica del país se ha agravado. Esto limitó el acceso de la URSS a los créditos exteriores, agravando la disponibilidad de divisas.
Hay otro dato que dibuja, como ninguno, la gravedad de la situación. Entre las numerosas partidas de importación, figuraba una de máxima prioridad, ya que estaba relacionada, directamente, con la salud de millones de ciudadanos soviéticos: los medicamentos. La URSS dependía enormemente del mercado exterior de medicamentos, ya que la propia industria cubría solo un 40 o 45%. del consumo. Pues faltaban divisas, incluso, para esta partida tan prioritaria.
La crisis de divisas: el golpe mortal
La crisis de divisas tomó un carácter galopante. Los planes de las exportaciones no se cumplían. En 1988 sólo se alcanzó el 54% de lo que se creía necesario. Así que cada vez entraban menos divisas.
Llegó un momento en que los bancos comerciales extranjeros empezaron a cortar las líneas de crédito al Banco de Comercio Exterior Soviético y a los organismos estatales de comercio exterior. El colapso financiero y económico estaba cerca.
Mijail Gorbachiov, aprovechando sus buenas relaciones con EEUU, Gran Bretaña, Francia, la República Federal Alemana y Canadá, cuyos líderes apoyaban los cambios hacia la democracia en la URSS, se dirigió a ellos pidiéndoles que ayudasen a la “Perestroyka” abriendo nuevas líneas de crédito para la URSS.
Gorbachiov pensaba que después de lo que él había hecho para acabar con la guerra fría y reducir el mortífero armamento nuclear, Occidente no le dejaría solo en un momento tan crítico. Su círculo de asesores calculaba que la suma necesaria eran 100.000 millones de dólares. Una cantidad similar a la que los EE.UU. destinaron, a finales de 1990 y principios de 1991, para solucionar la crisis del Golfo.
El inventor de la “Perestroyka” dijo abiertamente al presidente norteamericano, George Bush, y al primer ministro británico, John Mayer, que la estabilidad de la Unión Soviética no era menos importante, para la seguridad del mundo occidental, que la situación de Oriente Próximo.
Los líderes occidentales estaban dispuestos a ayudar a Gorbachiov, pero sus asesores económicos les advirtieron de que, si la Unión Soviética no elaboraba un plan viable a medio plazo para salir de la crisis que padecía, las inyecciones financieras sólo servirían para aliviar momentáneamente la situación y, una vez gastadas, todo volvería a la situación anterior, agravándola todavía más y con menos probabilidades para devolver la deuda contraída.
Pero la URSS no tenía tiempo para elaborar planes a medio plazo. Necesitaba los recursos financieros ya. La catástrofe económica y el colapso financiero eran inminentes.
Para que ustedes comprendan la gravedad de la situación y el catastrófico desarrollo de los acontecimientos daré algunos datos.
El ayudante del Presidente Gorbachiov escribía en su diario: “Por la tarde empecé a redactar una carta de Gorbachiov dirigida a Khol. Gorbachiov no quería decirle por teléfono que su petición era un SOS. “En algunas regiones amenaza la hambruna. Los mineros de Kuzbas se han declarado en huelga. En las tiendas de las grandes ciudades no hay prácticamente nada, en sentido literal”. Y luego pedía a Kohl que les prestase ayuda urgente. Era necesario obligar a los bancos a que abriesen líneas de crédito y adelantasen el dinero”.
El viceministro de Defensa, Arjipov, escribió a Voronin, presidente de la Comisión Central encargada de la distribución de la ayuda humanitaria que la URSS estaba recibiendo del extranjero: ”Le ruego que entregue al Ministerio de Defensa los ocho millones de raciones diarias de los soldados del Bundeswehr que se reciben de Alemania en concepto de ayuda humanitaria, con el fin de entregarlas a nuestros militares y a sus familias”.
El Ministro de Relaciones Comerciales Exteriores, Katushev, en abril de 1991, escribió al Primer Ministro de la URSS, Pavlov, diciéndole: “La situación financiera del aparato central del MRCE sigue siendo crítica. Algunos organismos, dependientes del Ministerio, han recibido avisos de las próximas desconexiones de líneas telefónicas, y del suministro de electricidad, agua y calefacción, si no saldan las deudas con estos suministradores. El Ministerio no tiene divisas para pagar las deudas de sus oficinas de representación en los países extranjeros…”.
Y el último dato “exterminador”: a finales de 1991, la deuda exterior de la URSS superó los 80.000 millones de dólares, mientras las reservas en divisas llegaban apenas a 25 millones.
Así que el colapso económico fue total.
La desintegración de la URSS
Hay que subrayar que la crisis económica y la liberalización política fomentaron las tendencias centrífugas de las 15 repúblicas que formaban la URSS. La escasez de artículos de consumo, mientras se mantenían los bajos precios fijados por el Estado, llevaba a las empresas de las diferentes repúblicas a negarse a suministrar sus productos a las otras repúblicas.
Se quebró el mercado único que, hasta hacía poco, estaba controlado y regulado por el Gobierno Central. Pero la liberalización política y la descentralización del poder a favor de las Repúblicas que emprendió Gorbachiov, favoreció la formación, en cada una de ellas, de unas élites políticas cada vez más desleales con el Gobierno Central. Además, eran unas élites de carácter nacionalista que, finalmente, forzaron su independencia total del Gobierno Central de la URSS y, a finales del 1991, los líderes de cada republica proclamaron la separación de la URSS, produciendo su desintegración en 15 Repúblicas independientes.
El fracaso “político” de la “Perestroyka” que, junto con el colapso económico, llevó a la caída del Régimen Comunista, podría ser tema de otro artículo. Pero el de hoy termino con las siguientes conclusiones.
1. La industrialización de la Rusia Zarista llevada a cabo, en los años 20 y 30 del siglo pasado, por los bolcheviques, con Stalin a la cabeza, creó un sistema económico rígido y encorsetado por la planificación centralizada, que fue incapaz de reaccionar a los cambios que se produjeron en el mercado exterior, del que la economía soviética resultó ser extremadamente dependiente por las carencias de su propio sistema productivo.
2. Gorbachiov tardó demasiado en comprender la gravedad de la crisis que estaba padeciendo la URSS cuando él llegó a la cima del poder. El autor de la “Perestroyka” no se atrevió a tomar verdaderas medidas liberalizadoras, capaces de transformar la economía soviética en una economía de mercado. Hasta el último momento, intentó compaginar el socialismo con el capitalismo, el liberalismo con el control estatal, la planificación con el mercado. Esto resultó ser una tarea utópica e imposible.
3. La “Peretsroyka” no pudo resolver los problemas clave con los que había chocado el país durante los años 1985 a 1991, como eran la disminución de divisas, la crisis financiera, la destrucción del consumo popular y la caída del nivel de vida de la población. Todo esto motivó una desconfianza creciente y un malestar en todo el país, como preludio a la inminente caída del sistema.
4. Boris Yeltsyn, el sustituto de Gorbachiov como primer presidente de la Rusia postsoviética, tuvo que emprender, a partir del 1 de enero de 1992, medidas liberalizadoras de auténtico calado.
Pero esto ya es otra historia.