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TRIBUNA

La vanidad de los políticos

Natalia K. Denisova
sábado 29 de junio de 2019, 19:56h

¿Hay algo peor que la vanidad de los políticos? Pocas cosas lo superan. De Sánchez para abajo nadie se salva de ese vicio. La situación política es tan desesperada que uno no sabe a qué atenerse. Un suceso político desagradable es seguido por otro más siniestro. El comportamiento reprochable de un líder político siempre es sobrepasado por otro. Y así hasta lo más profundo del caos político que vive España. Si uno se cansa de bucear en las inmundicias de los pactos sin hacer, de los gobiernos sin constituir, de las patrañas que se hacen lejos del público con los criminales que entraron en la política, entonces no queda más remedio que buscar algún consuelo entre los clásicos. Los capítulos XLII y XVIII de la Segunda parte del Quijote contienen los consejos para los gobernantes que dio el Caballero de la Triste Figura a Sancho Panza, que estuvo a punto de partir a gobernar la ínsula Barataria. Quizá a algunos ya no nos sirvan las bondadosas advertencias de Miguel de Cervantes. Pero tenemos que seguir leyéndolas. Son tan geniales como la de muchos otros clásicos de nuestro Siglo de Oro, desconocidos hoy, pero que se ocuparon de la situación política de su tiempo como lo hiciera el autor de don Quijote.

La literatura de los Siglos de Oro nos dejó magníficas crónicas políticas entre cuales hay grandes autores como Alfonso de Valdés, o quizá el mismo Juan de Valdés, que escribió el Diálogo de Mercurio y Carón. El diálogo entre el dios Mercurio y el barquero que traslada las almas al infierno es una crítica social y a la vez una crónica política. Mercurio recorrió el mundo y narra el estado de la política en Europa: trata los conflictos entre el emperador Carlos V y el monarca francés, el saco de Roma y a los Papas. Carón indaga sobre los asuntos políticos y, cuando viene un alma, la entrevista también para saber qué penas y pecados la traen a los ínferos, dice Mercurio: “Tomome el otro día un ferventísimo deseo de ver muy particularmente todas las tierras del mundo, y las leyes, usos y costumbres, ceremonias, religiones y trajes de cada una de ellas. Y después de todo con los ojos bien mirado, con el entendimiento bien considerado y comprendido, no hallé en todo él sino vanidad, maldad y aflicción y locura. […] y harto de ver tanta ceguedad, tanta maldad y tantas abominaciones, no quise más morar entre tal gente, y maravillándome de los incomprensibles juicios de Dios, que tales cosas sufre, me torné a ejercitar mi oficio.” Como vemos pocas novedad han pasado en quinientos años que superen la vanidad…

Mas hay un tema importante en este Diálogo, que ahora ha desaparecido de todos los ámbitos. Ni los investigadores ni los medios de comunicación se preocupan mucho por hablar sobre los políticos y las cualidades que deberían tener. Es menester recordar lo que pensaban en al año 1528 el bueno de Valdés: “Mira, Carón, las leyes y los príncipes y señores fueron ordenados para provecho del pueblo, y el buen príncipe no ha de mirar solamente a lo que la ley manda, ni a lo que el derecho ordena, sino a la intención de los que las leyes ordenaron, que es el bien del pueblo…” y Carón, preocupado por la falta de trabajo que le puede causar los gobernantes buenos, le pregunta a Mercurio y “qué si hubiera muchos buenos políticos”, a lo que Mercurio responde: “No hayas miedo, que yo te prometo que dellos hay tanta falta como de moscas blancas”.

¿Políticos buenos, en España, cuántos hay? Tantos como moscas blancas.

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