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ORIENT EXPRESS

Arabia Saudí y la guerra con drones

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 15 de septiembre de 2019, 19:38h

Han bastado diez drones para detener el funcionamiento de las dos mayores instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí, sembrar dudas sobre la próxima salida a bolsa de ARAMCO y recordar a Riad y Washington el poder de desestabilización que Teherán sigue teniendo en la región.

El pasado sábado, a través de la televisión bajo control huthi Al Masirah, los rebeldes yemeníes aliados de Irán reivindicaban el ataque con drones perpetrado contra las refinerías de Abqaiq y Khurais, que juntas procesan más de ocho millones de barriles de crudo al día. Para Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo, el mayor productor de la OPEP y un aliado estratégico de los Estados Unidos en la región, este ataque ha sido un golpe más en lo que es, al mismo tiempo, una fortaleza de su economía y uno de sus puntos débiles. El reino de los Saud es el tercer mayor comprador de armamento del mundo -invirtió en armas más de 70 mil millones de dólares sólo en 2018- pero toda esa inversión no ha bastado para detener diez aeronaves sin tripulación cargadas de explosivos y dirigidas por los rebeldes huthis. La campaña de bombardeos contra los rebeldes que el reino viene liderando desde 2015, y de la que se retiraron los Emiratos Árabes Unidos en julio, no ha logrado doblegar a los aliados de Irán en el Yemen que, a su vez, han contraatacado objetivos en territorio saudí. Ya el pasado mes de mayo se dirigieron contra oleoductos saudíes. Ahora han incendiado dos de sus principales refinerías. El informe del panel de expertos sobre el Yemen de Naciones Unidas fechado en enero de 2019 y dirigido al presidente del Consejo de Seguridad afirma que los rebeldes disponen de drones con capacidad de combate como “drones kamikazes”.

El Secretario de Estado Mike Pompeo ha culpado directamente a Irán del ataque. Teherán ha rechazado las acusaciones. Sin embargo, los vínculos entre los huthis, que han reivindicado la acción, y la república islámica son tan estrechos que es difícil no sospechar de la larga mano de la Guardia Revolucionaria, a la que el pasado mes de abril el Departamento del Tesoro incluyó en su lista de organizaciones terroristas. Irán dispone de brazos armados tanto en el Yemen, a través de los huthis, como en El Líbano, gracias a Hizbolá, y resulta difícil creer que, en este caso, los rebeldes del Yemen han actuado por su cuenta.

Por otra parte, Irán ha publicado sus avances en el uso táctico y el desarrollo estratégico de drones. El sábado pasado, los aliados de Teherán mostraron que, con unos dispositivos baratos, difíciles de detectar, aún más difíciles de derribar y capaces de causar grandes daños, pueden golpear el corazón de la industria saudí. A principios de este mes, el comandante de la fuerza aérea iraní Alireza Sabahifard presentaba en Teherán el dron de fabricación iraní Kian, capaz de alcanzar objetivos “mucho más allá de las fronteras del país” y de realizar “misiones defensivas contra los enemigos”.

Así, si alguien pensaba que las sanciones recientemente aprobadas contra Irán iban a debilitar la voluntad de Teherán de modo que se sentasen a negociar en posición de debilidad, este movimiento de los huthis viene a desmentirlo. Desde que en 2011 comenzasen las operaciones con drones en el Yemen -el 5 de mayo de 2011 ya hubo un intento de eliminar a Anwar al Awlaki con una aeronave no tripulada- el uso de estos artefactos ha proliferado en toda la región. No en vano Medea Benjamin titulaba «drones por aquí, drones por allá, drones por doquier» uno de los capítulos de su libro «Las guerras de los drones. Matar por control remoto», en el que describía la progresión geométrica de su uso desde la guerra de Irak y cómo el país árabe había sido un campo de experimentación de sus posibles usos.

Mientras tanto, en Washington, el martes pasado John Bolton dejaba de prestar servicio a Donald Trump como consejero de seguridad nacional. Defensor de impulsar un cambio de régimen en Irán sin excluir las acciones armadas, algunos interpretaron que su marcha abría un nuevo escenario para las conversaciones entre Estados Unidos e Irán que tendrían lugar en los próximos días aprovechando la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. Sería un error pensar que los iraníes no quieren negociar, pero sería aún más equivocado pensar que van a hacerlo desde una posición de debilidad. Los huthis han enviado un anticipo de lo que puede suceder si no hay acuerdo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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