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MENÚ DE POBRE

Ese nido caliente de festivas murmuraciones

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
viernes 27 de septiembre de 2019, 20:42h

La derecha intacta y la izquierda troceada. La derecha intacta y la izquierda cabreada. El Partido Popular subirá, porque Ciudadanos está en bajada sin frenos, su electorado no traga ni soporta más vaivenes, voto volátil, humo y viento de la calle desierta. Íñigo Errejón llega, encabalga, para solucionar el divorcio entre política y sociedad; lo hace por un lado, pero por el otro cae al suelo, todavía con el pie en el estribo, Pablo Iglesias. Hasta nueve escaños le dan los más optimistas, y hay mucha prisa desde el graderío del fondo en decir que sí, ése es el Podemos auténtico, no el visto hasta la fecha. Tres izquierdas, y una, la errejonista, especialmente dedicada al voto abstencionista, al personal harto de tanta trola y que amenaza con no salir de casa el 10-N para no sentirse cómplice del vertedero general.

Cae Rivera, no se le perdona que vaya por igual a derecha e izquierda, la finta de su último movimiento, y sube Errejón, con mucho aliado desde Vistalegre II, ajeno a chalés de cien millones y demás glamures. La demagogia general lleva a todos los loritos en las esquinas a cambiar de tercio: no se habla ya del “voto robado” (PSOE) sino que ahora toca lo de “votar bien” (Podemos). Errejón ha levantado la lógica más palmaria posible (“A los grandes poetas les falta siempre sentido común”, decía Joan Margarit) y su pregunta produce escalofríos: "Si se presentan los mismos, y votan los mismos: ¿quién dice que no vaya a salir lo mismo?”. El infierno a pie de acera evitará campañas a cara de perro, todo será moderado, primará el buen tono, porque saben todos ellos que abajo, los ciudadanos, hicieron sus deberes, metieron en la urna la papela, pero ellos no.

Nuevos nidos de víboras –y murmuraciones calientes- auguran una separación entre el PSOE de Ábalos, donde prima la calma, y el de Carmen Calvo, ruidosa verbena con barraca ferial en campo grande. Ambos, cuentan, cada vez se pueden ver menos, y Sánchez se inclina por Calvo, porque uno se entona más fácil con la euforia que con el análisis o sosiego, con la emoción antes que con la idea. Craso error. Ábalos cuenta mucho menos de lo que sabe, tiene una idea medular del socialismo y no anda por las casetas con el tiro al blanco o la risa de todos, que es una forma de borrarse de la voz de uno, lo que en definitiva debería primar, despejar, limpiar y dirigir. Nadie sabe cómo acabarán estos dos hermanos de leche negra.

Auguran graves problemas para Podemos, deserciones no esperadas, puñaladas guardadas hasta el último momento, ajustes de cuentas de la vieja Izquierda Unida, que gracias a una novia del protagonista borraron del mapa. El erial llega hasta el horizonte y, una vez superado éste, sigue más allá. ¿Con quién puede hablar o pactar Podemos? La derecha ni hablar (ni Vox ni Partido Popular ni Ciudadanos, vestido en ese momento de lo que toque, si Centro o los más Españoles de Barna) y en la izquierda estamos igual (Más País, recién llegados, en la distancia absoluta pues vienen de lo mismo; Partido Socialista, sin puentes posibles). El bipartidismo del que tanto hablaban acabó en monopartidismo y, sí, hasta se abrazan a Juan Luis Cebrián en la presentación del libro de Daniel Serrano (Cal viva) a ver si aporta otra incógnita a la ecuación: la del ventilador o altavoz.

Cal viva se titularon las memorias de Amedo, hoy olvidado entre sus mafias y gomina barata. El argumento de la novela (con mucho de amarga lucidez o pesimismo optimista) no deja de tener miga: ministro socialista desengañado de su partido, tras sufrir un ictus, y entregado sin descanso al odio podemita, mientras su hijo vive en lo contrario pero con no menos dubitación y tartamudeo. ¿Busca ahora Podemos el apoyo de El País, con tal de salir a flote, y borran así a Juan Luis Cebrián del autobús de la risa, donde le pintaron como casta después de tantos dardos directos a la diana? A la calle, no por malvada sino por maleada, que es muy diferente, se la engaña peor. Voto de castigo habrá, la procesión va por dentro y el peatón no soporta ya más sueldazos ni tomaduras de pelo ni engaños.

Al fondo, de camino a los baños, en el pasillo habitual donde las moscas orlan la bragueta, sigue y sigue la murmuración de siempre, ese España Suma que muchos no ven claro: Vox, Ciudadanos y Partido Popular. Rivera dice no, a punto de hacerse soluble como un azucarillo dentro del café más oscuro de la historia, sin darse cuenta que su electorado cruzará el acueducto y se asentará en los Populares sin mayores dificultades ni sustos. Algunos girarán el gesto, levantarán la copa y sonreirán de lado en el mejor eslogan imaginado: “Con Rivera, no; con Rioja, sí”. En los tintos recios cuenta mucho el cuerpo, que es lo que queda después de la boca, el vino ya tragado.

El encarcelamiento de Torra incendiará la sartén bajo todos los fuegos anteriores pero hasta entonces todo es delirio en Cataluña. Los CDR detenidos no son tales, tal y como explica a doble espacio el juez, cuanto ERT: Equipos de Respuesta Táctica. Se les grabaron, antes del trullo, en la deflagración pública de sus artefactos, en el intento inmediato de atentados, y así habla el juez de “organización criminal”, no de embrión de grupo terrorista sino de terror pleno y al natural. La máxima era calentar, calentar y calentar a la calle, porque así, siempre que se tenga el apoyo de la calle, los políticos se saben impunes, ajenos a cualquier delito. La calle va contra la sentencia, y el nacionalismo catalán aparece ya jerarquizado, chicos de la gasolina y duques del micrófono, no hay más. ¿Para cuándo más trena para los de cuello alto? La situación es insostenible y se desmanda.

La murmuración última (“El rumor es el florón de las sociedades silenciosas”, daba cuenta el viejo Luis de Apostua) son los escalones subidos por Teodoro García Egea en los últimos meses. Solo él, cuchillo de por medio, ha conseguido salvar la sede del PP, amenazada de embargo, reprimir dos millones de euros de gastos, optar por la austeridad y la limpieza. La derecha vuelve a saber lo que vale un euro y es ajena a billetes, apretados y pegajosos, dentro de sobres de difícil procedencia. Hasta el vado exterior para coches, carísimo, fue eliminado. La derechona sin puro, en austeridad y buenas prácticas, prudente y miradora de la faltriquera, tiene mucho ganado. Este país puede ser fuerte, grande, después de los recortes: menos autonomías, menos chófer y gastos de representación, más calle y normalidad, menos intermediarios y más trabajo duro. El esfuerzo, acorazado de entusiasmo, lejos del logro, es la victoria firme.

El decoro es señalar el mérito allá donde éste se produzca. La izquierda que lo hace bien, la derecha que acierta, debería ser hecho público y notorio para todos, en aplauso general sin descanso ni desmayo. Otros políticos que nos empiecen a hablar del ahorro, sí, pero empezando por sí mismos, por sus siglas y vidas concretas, es lo que precisa este país de evasiones, dinero negro, chanchullos y tanta opacidad en cuentas privadas y sangrantes de la olla común. Los partidos se financian de la ubre común –solo hasta un treinta por ciento puede venir de donaciones, jamás secretas- y auditar cuentas, contarnos sus cajas, es la mejor vacuna contra la golosina del lucro.

Diego Medrano

Escritor

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