Entendiendo que en campaña electoral parece que vale todo, es decir, que está aceptado que los líderes políticos digan, hagan, prometan y se comprometan a lo que su argumentario ideológico les indique, y que, del mismo modo, ustedes y yo estamos legitimados a criticar sus propuestas e, incluso, poner en duda la veracidad de los argumentos, hay, sin embargo, actitudes que son difícilmente aceptables.
Si todos los partidos políticos, y cuando digo “todos” me refiero a casi todos, están dispuestos a traspasar líneas que en otros comicios y en condiciones diferentes eran impensables, como plantearse pactar con el PSOE, no parece de recibo que el presidente del Gobierno todavía en funciones responda de forma chulesca y prepotente a esos ofrecimientos cuando, además, le pueden beneficiar.
“No pedimos el apoyo de Ciudadanos, sino que no bloquee”, le dedicaba Pedro Sánchez a Albert Rivera. También tenía el jefe del Ejecutivo para el líder de Podemos: “Es el trampantojo que le sirve hasta que hay proceso electoral. El día de las elecciones, ese trampantojo lo esconde y vuelve a impedir que haya un Gobierno socialista. Oye, cuatro veces en cuatro años, tiene mérito lo del señor Iglesias”.
Desafortunadas declaraciones de menosprecio de un presidente que no ha dejado de estar en funciones porque no ha demostrado tener afectos excepto en la moción de censura. Después, para gobernar, para ser serio, eficiente y hombre de Estado, nadie le ha dado su confianza. Manifestaciones que muestran una actitud arrogante del que se cree por encima de los demás sin tener razones que lo sostengan. Pero esto ya está hablado y explicado hasta la saciedad y por eso estamos donde estamos.
Es en este matiz, no sé si suficientemente bien explicado por parte de Rivera, de negarse anteriormente a pactar con Pedro Sánchez, no con el partido socialista, donde se encuentra la diferencia. Es este el problema, igualmente, del líder de Podemos, que no lo es tanto con el PSOE como con el dirigente de la formación. Lo decía claramente Pablo Iglesias: “Es que me ha mentido”.
Pedro Sánchez sigue queriendo que le regalen la Moncloa. Los últimos sondeos, con las bajadas ciertas de Cs y Podemos, con los estancamientos (que son retrocesos en otras encuestas) del partido que mal sostiene un Gobierno en funciones y con el ascenso, cada día más, de un PP que se acerca a los 100 escaños, vaticinan que, de nuevo, habrá dificultades para que alguno de los bloques consiga una mayoría que dé estabilidad a las tareas de Gobierno.
Sánchez puede seguir ironizando todo lo que quiera con los que ve perdedores, pero que se ande con ojo con el que también ha cambiado su estrategia de campaña y no insulta. Si “el pánico hace milagros”, tal y como le recordaba al rival de la formación naranja ante el ofrecimiento para desbloquear la situación política en caso de encontrarnos en las mismas, bueno será ver la última semana quién es el que adopta medidas desesperadas y cambia su estrategia ante situaciones igualmente temidas.
¿Puede garantizar Pedro Sánchez que no le tenderá la mano a Albert Rivera si de verdad le necesita para poder de una vez formar Gobierno? ¿Tan seguro está el presidente en funciones de poder quitarse ese “en funciones” con los apoyos de la izquierda? ¿Tanta fe tiene en Más País?
Y hablando de estrategias electorales, parece un ataque de populismo y poca fe en los trabajadores del campo andaluz proponer menos peonadas para recibir el subsidio agrario. Seguimos en lo de siempre, otra vez el PER como elemento de captación. El PSOE vuelve en Andalucía por sus fueros y promete el renacimiento de su tradicional red clientelar de mantenidos y subvencionados por 'papá Estado'. Así no se avanza. Y lo peor de todo es que lo sabe.