América toda, de norte a sur, atraviesa turbulencias políticas y económicas que inciden en sus sociedades y en temas de seguridad. Parece que la ansiedad tiene prisa en ponernos en jaque. Sí, con lo de Cataluña parece que no está la Magdalena para tafetanes trayendo a cuento lo que pasa aquí, al otro lado del Atlántico. Sin embargo, amerita otear fenómenos que nos preocupan y nos ponen en vilo, porque sus causas: desigualdad, regusto por no soltar el poder, injusticia o excesos en la economía, pueda ser que nos resulten suma y desafortunadamente familiares. Canadá, México, Cuba, Haití, Honduras, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia dan la nota, con refilón en Uruguay. Los enlisto de norte a sur.
Trudeau ha ganado casi por un pelo de rana calva las elecciones canadienses, ahora menos votado. Unas donde el Bloque Quebequense ufano se alza y le compromete una mayoría en solitario. Negociar el formar gobierno –sí, en Canadá– podría acarrear medidas que afecten ciertos intereses. ¿Reponer la visa a México? ¿no aprobar el T-mec? A saber. Los riesgos aumentan, mientras hay pendientes de México con el socio norteamericano, pues las mineras canadienses siguen haciendo de las suyas sin conseguir México lo mínimo de beneficios.
México atestiguó el 17 de octubre un alarmante episodio en Culiacán, donde el Cartel de Sinaloa, consiguió tras de ser capturado, la liberación de un hijo de El Chapo –el narcotraficante que lo regenteaba, preso en EE.UU.–.¿Claudicó el Estado mexicano? Lo considero una exageración, pero sí se advierte una carencia de estrategia clara para afrontar al crimen organizado, con las contradicciones en la cadena de mando, un error táctico que reveló impericia, desinformación interna, deficiencia de inteligencia eficaz para actuar y de menos, se detuvo a tiempo el fallido operativo para no masacrar Culiacán, como amenazaron los narcos en represalia, cosa que les es posible. El actual gobierno de izquierda, el de López Obrador, la tiene cruda para no perder esta guerra heredada.
Cuba resiste. Los Estados Unidos se empeñan en sostener el bloqueo, presionan a Venezuela y a terceros países para endurecerlo y es verdad que el apoyo de Caracas, mengua y el de Moscú no acaba de llegar. Y ahí siguen. Se ha reelegido al presidente Díaz-Canel que continúa al frente bajo la sombra de Raúl Castro.
América Latina ha estado gobernada la década pasada por la izquierda, ampliamente. Una que cometió el error de creerse eterna olvidando la alternancia y su acierto fue sacar a millones de la pobreza. Nos guste o no. Pasaron los años en que Venezuela asediaba a candidatos de no izquierda, era injerencista y mangoneaba la región para pasar, muerto Chávez, a las bravuconadas y torpezas de Maduro y a ser el país sitiado y bastante arrinconado. Maduro no ha sabido ni ha podido crear liderazgo en la región, así que arrinconado y apurado, es muy dudoso que pueda ser el interventor en Ecuador, Bolivia y lo que cada mañana se le ocurra a sus malquerientes. Vende ese cuento, pero es insostenible.
En esa tesitura, gobiernos de derecha –Ecuador, Chile y cada cual con sus matices– afrontan el cruce de índices de pobreza, con malas gestiones y empoderamiento de grupos que no están dispuestos a ceder lo ganado en años pasados. Los grupos indígenas ecuatorianos, destacadamente. Así que se han liado no sé si se golpe o a través de largos procesos de acumulación de errores. El caso chileno se entrampa, una suerte de callejón sin salida. Las disparidades, los costos de reformas estructurales neoliberales, aunque haya quien las niegue, han empobrecido en paralelo a amplios sectores latinoamericanos. Que en Chile los militares anden sueltos y haya alguno que ya mató a alguien, es una sombra deleznable del 73 que debe denunciarse. Y falta reflexionar las causas de tal caos.
Evo Morales pudo pasar a la Historia como un sujeto indígena que gobernó Bolivia y no parece que mal. Pudo pasar a la Historia con legitimidad propia porque tenía su propia trayectoria, aunque secundara a Chávez. Y sobrevivió a Chávez. Pudo pasar a la Historia como quien reivindica a los indios de América –no estamos para ser políticamente correctos– y con gran mérito. Pero…si estuviera forzando su estancia en el gobierno, con leyes a modo abriendo reelecciones eternizadas…y con ello echándose encima a un amplio sector que no lo quiere, conflictuando el panorama, corre el mismo riesgo del dictador mexicano Porfirio Díaz haciendo fraude mayúsculo en 1910, neceando eternizarse, y así, pasando a la Historia por esto último y no por lo demás citado. Sería una pena y mal precedente para las etnias aborígenes. Morales tiene la enorme oportunidad de ganar por la buena o retirarse. Y está a nada de equivocarse. Segunda vuelta o la OEA con los yanquis detrás, apremiarían a reaccionar o perder y pronto.
Perú ha dado lecciones loables de encarcelamiento de presidentes corruptos, que nos despierta a muchos en muchos países iberoamericanos, una envidia como de aquí al cielo. La crisis de semanas atrás mostró instituciones fuertes que no se dejaron doblegar por intereses de grupo. Cuesta reconocerlo en plena crisis política, sorteándola, y nos demuestra que América es vanguardista cuando sale a las calles en estas convulsiones, tanto como lo hizo al conceder el voto femenino, al haber tenido jefas de Estado o haber derrotado dictaduras en las urnas.
Con todo, marchas en Uruguay y revueltas en Haití (ya suman 6 semanas) y Honduras, alertan de que la ebullición en la región va creciendo y advierte descontentos que no paliaran las elecciones periódicas por si solas. No se puede ser pobre pero ahogado en democracia. Primero estará comer que ser cristiano. Dicho para quienes hagan sesudos análisis políticos ad hoc, olvidando lo elemental.
Y para rematar tenemos la exhumación del dictador Franco, que su tumba tampoco la dejó bien atada. Sí. Es extraña tarea, sí, es oportunista, pero viene de muy atrás. En estos años se ha negado que quisiera ese sepulcro en el Valle de los Ca
ídos, y que no escogió dónde o que eran tan malas las condiciones inhumanas en que se levantó aquel monumento inusitado a albergar a un dictador, en que no cupo su contraparte Manuel Azaña, por aquello de ser conciliador. Sepa usted que todas las guías turísticas fuera de España recomendaban y lo hacen, visitar el lugar y así llegué yo en el 92. Sitio más lúgubre, antes que sobrio, y sin tener yo vela en el entierro. Ni con tirios ni con troyanos. Unas turistas brasileñas me alertaron de que no gustaba a ciertos españoles, que les parecía insultante. No lo dejo con la duda: exhumar a Franco es celebrado en México por descendientes de republicanos que no le conceden derecho a la megalomanía. Y la verdad es que reconozcamos que fue megalómano. Ningún dictador iberoamericano se montó igual ni con pretexto de reunir a ambos bandos. Y sí, es cobarde enfrentarlo ya muerto porque vivo tuvo a España en un puño hasta su último suspiro. Hoy es a toro pasado, pues quedó ese rancio sabor a abuso, a exceso, a puedo porque merezco, lo ordeno y mando. Demasiado morro.
Soy consciente de que el dictador vuelve a congregar a todos en torno al televisor. Marcó a España. Qué sombra tan siniestra, lóbrega, tétrica, macabra sigue proyectado sobre ella. Qué alcance tan innecesario y avieso. Tal vez él nunca debió llegar a esa tumba evitándose tener que sacarlo. Quizás. Mas la megalomanía y tener a un país a sus pies y tratarlo como a un cortijo, era demasiado tentador como para optar solo por la sobriedad y la discreción. Ya lo puso una pinta vista en Granada (1992): “Franco: España (no) te necesita para abonar su suelo”. Ojalá que se acabe de una vez por todas.