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Manuel Alexandre, actor de carácter

Juan José Alonso Millán
lunes 11 de agosto de 2008, 21:25h
Cuando le dan un papel que tiene que hacer de viejo, Manolo Alexandre lo comenta extrañado y es lógico, porque solo tiene noventa años. Por suerte para la escena, ya no hay viejos. En los repartos antiguos -de hace pocos años- se decía, a los que interpretaban papeles de cierta edad, que eran actores de carácter. Los viejos de Lorca, Casona, Benavente o Valle han pasado al museo donde se guardan las pelucas de calvos. No se sabe por qué, pero los viejos de antes en el teatro eran calvos.
Manolo Alexandre no es viejo ni calvo. Es una buena persona, que ha llegado a la longevidad en su oficio, porque no se ha jubilado, ni ha cambiado su forma de vivir. Por lo tanto, le auguro otros noventa por lo menos, interpretando papeles con la misma sabiduría que Dios le di. Manolo jamás pisó un gimnasio.

No llevó un régimen severo para estar en forma. Se preocupó lo justo por su salud. Y según confesó, desde el año 1939 se olvidó de la política. Con esa sabiduría bien entendida, se llega a la edad que uno quiera. Aunque, vivir si no es en plena facultad inteligente, de nada sirve. Llamen a Manolo Alexandre para una obra de teatro o una película: como le guste el papel, ya está currando.
Respecto a la televisión le consta el peligro que tiene y se cuida bastante. Hace un año, le intenté convencer para que hiciera el protagonista de la obra de Jardiel, “Usted tiene ojos de mujer fatal”. No pudo porque tenía una película.

Quedamos en el Circulo de Bellas Artes a las cinco de la tarde y estuvimos hasta las nueve, hablando cómo no, de nuestro querido Fernán Gomez. Manolo va diariamente al Gijón después de comer, luego al Círculo a jugar al billar, hasta las diez que se va a cenar, me figuro que con alguna señorita, naturalmente cuando el trabajo se lo permite. No le falta el dinero, porque nunca ha dejado de trabajar desde su infancia, por eso se considera un hombre feliz. Ahora, le han reconocido sus muchos méritos y le dan toda clase de premios y homenajes.

A Manolo le conozco desde hace cerca de cincuenta años. De teatro lo sabe todo. Culto, lee que se mata y es hombre de tertulia de café nato. El único defecto es que no se le conoce un enemigo. Coincidí con él en el café de Lyon, con Víctor Ruiz Iriarte, López Rubio y el maestro Parada. Desde entonces, he tenido la suerte de gozar con su amistad. En la etapa de trabajar junto a Fernando Fernán Gómez era como su hermana, actuó en varias comedias mías. Hubo una época que no estrenaba una función sin que llamara a Manolo y me aconsejara.

Era de las pocas personas de las que uno podía fiarse. Manolo desconoce la envidia. Admira a todo el que se dedica o esta profesión. Sus lecciones tienen la sabiduria, del que desdeña la vanidad y las letras en el cartel. Se dedica a esto de interpretar personajes porque sabe, que es el mejor oficio del mundo a pesar de sus hermosas amarguras. Sus amigos, son de toda la vida. Las mujeres le adoren y agradecen que haya permanecido soltero de nacimiento, para quererlas a todas por igual. Un lujo da la profesión teatral, que la dignifica y alecciona a los jóvenes que irrumpen can cierto aire de frivolidad.

Me contó que había regalado su extensa biblioteca para tener espacio donde moverse en su cosa. Como en una obra de Ionesco, los objetos acaban con el espacio vital. Aunque no sería mala muerte, ahogado por los libros teatrales Manolo np piensa morir ni por el frío. Ha hecho muy bien en regalar sus libros. Estoy seguro que el espacio lo llenará de alegres señoritas y amigos sabios, que no hablaran de política y sí de poesía y teatro.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

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