Se suele decir que lo que mal empieza acaba igual, es decir, mal o peor. Comenzó con una moción apoyada por lo más dañino del arco parlamentario y así acabará. A cuenta del asalto de ERC a un presidente en funciones sin escrúpulos capaz de vender a su madre por un plato de lentejas, los tiempos en los que se han desarrollado los acontecimientos, los extraños chanchullos con la Abogacía del Estado, la opacidad informativa a la que, por otra parte, nos tienen acostumbrados y la más increíble falta de ética en la formación de un Gobierno que, dicho sea de paso, nunca costó (y dolió) tanto, nada hace pensar que 2020 será un buen año.
Parirá la burra, claro. Algún día tendría que ser… Pero, finalmente, no todos han cedido igual para conseguir un objetivo común (España y los españoles en ningún caso), ya que solo uno está dispuesto a bajarse los pantalones hasta los tobillos. Así, Pedro Sánchez será el responsable de que los Reyes Magos traigan esta semana botes y más botes de vaselina tanto a los que la habían pedido en sus cartas, porque saben lo que les espera, como a muchos que no contaban con este “deslizante presente”.
Sánchez hará lo que haga falta y lo antes posible (tal es su ambición) con tal de conseguir su objetivo desde el principio: ser presidente de un país gracias a unos socios que lo quieren romper en cuanto puedan. Pero no será el único responsable de todo lo que está sucediendo -y lo que le espera- a la España que conocemos hoy. Todos en el PSOE, salvo escasas discrepancias, se lo consienten y deben saber que son igual de culpables que el muñidor de la Moncloa.
Acabaremos sabiendo exactamente cómo fue, cómo se gestó y a cambio de qué. La pregunta era legítima: ¿Qué le ha dado Sánchez a Junqueras, que siempre ha dicho que el objetivo principal es la independencia de Cataluña, a cambio de quitarle la coletilla de “en funciones”? Y ya vamos sabiendo algunas de las concesiones: mesa de negociación entre gobiernos de igual a igual y referéndum en Cataluña.
Todos son pequeños pasos hacia el total autogobierno a los que se irán apuntando todos los que quieran separarse de España. ¿Cuánto tiempo creen que tardarán en pedir en Cataluña la expulsión de la Guardia Civil y la Policía Nacional? ¿Y cuánto tiempo opinan que pasará hasta que en el Páis Vasco pidan igualmente una “consulta ciudadana”? Y lo mismo con los gallegos del BNG, que intentarán hacer valer su único escaño.
Por más que el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, quiera con eufemismos quitar peso a lo que supone un referéndum de autodeterminación llamándolo “consulta ciudadana”, no deja de reconocer que lo que se busca es que la población, solo la catalana, “pueda participar”. Dice que se trata de abrir "un proceso de diálogo" y aquí la pregunta también es lógica: ¿Más? Sabemos que las conversaciones existen desde siempre y también que hay distintas reglas de juego y mientras una parte tiene unas normas enmarcadas en la Constitución, que es la Ley, la otra quiere dialogar sin tenerla en cuenta. El problema es cuando ambas ven difuminadas las líneas que separan lo legal de lo prohibido.
Dar esta “oportunidad al independentismo”, como dijo la portavoz de ERC, es cavar la propia tumba. Si el separatismo dio por bueno una pantomima de referéndum el 1-O plagado de irregularidades y chapuzas, con gente votando 30 veces y mossos llevando urnas con los sobres dentro antes de empezar a votar, ¿se imaginan lo que harán con una consulta ciudadana mínimamente validada por el Gobierno de España? Que a nadie le quepa la menor duda de que al día siguiente están declarando de forma unilateral la independencia, pero esta vez de verdad, no durante tres segundos.
Hablo de oscurantismo por parte de los que siempre pidieron y reclamaron “luz y taquígrafos” (¡qué frase tan denostada!) porque no se sabe nada hasta que está todo ya sobre la mesa o publicado en los periódicos, cuando la opinión ya no cuenta. “¡Son lentejas!”, que dirá alguno. Pasan muchas cosas sin que la gente que vota tenga conocimiento. ¿Está Sánchez seguro de que esto que ha pactado con ERC es lo que quieren sus votantes?
Parece que todo está decidido, pero no debería. Visto desde fuera, perdemos todos, incluido el que está en la cárcel. Todos salimos malparados, menos el que tendrá casa gratis en la Carretera de La Coruña y el que irá a merendar todos los días. Total, no queda muy lejos Galapagar.
En frente, ¿ha calibrado ERC el desgaste que tendrá el partido en las próximas elecciones en Cataluña? ¿De qué les servirá ser tan decisivos en Madrid si en Barcelona les llaman traidores? ¿Espera realmente Oriol Junqueras salir de la cárcel? ¿Y espera Quim Torra que le perdonen la inhabilitación?
Y con estos mimbres, cuando Sánchez empiece a hacer política de verdad, la de generar empleo, la de hacer que la economía crezca, la de procurar que a final de mes todo el mundo cobre, se pueda ir de vacaciones y tenga una pensión digna, la política de no tener que esperar para que te operen, la de dependientes atendidos y no solo evaluados, la de llevar a sus hijos al colegio que considere, la de una España unida y no pueda impotente cumplir, ¿qué pasará?
Pasará que perderemos todos y que apechugue el que venga detrás. ¿Se acuerdan de lo que pasó con Zapatero, promesas y promesas y gasto y más gasto? Pues igual, pero peor, porque no estaremos unidos ni seremos fuertes para afrontar nada. ¿Lo ha pensado bien el PSOE que no es Pedro Sánchez?