Quim Torra ha declarado por enésima vez que en su reunión con Pedro Sánchez solo negociará sobre el derecho a la autodeterminación y sobre la amnistía de los presos. Y por enésima vez, el presidente del Gobierno ha dado la callada por respuesta. Mantiene impertérrito la fecha del próximo día 6 para celebrar en Barcelona otra cumbre de Pedralbes.
Sánchez no ha tenido la decencia de hacer frente a la provocación. De responder al otrora racista que el Gobierno está dispuesto a conceder transferencias a puñados, puede blindar la sectaria educación catalana, puede mirar para otro lado mientras los dirigentes secesionistas sepultan el castellano. Pero no puede permitir que se celebre un referéndum de autodeterminación sin saltarse la Constitución; ni conceder amnistías. Puede, como ya hace, encontrar subterfugios para sortear la ley y permitir una consulta sobre los acuerdos entre el PSOE y ERC. Incluso, con algún párrafo al límite de le ley. Y puede, como ya hace, cuartear la independencia de la Justicia para excarcelar cuanto antes a Junqueras y compañía. De ahí, la urgencia de aprobar una reforma del Código Penal que convierta el secesionismo en una falta menor. En una gamberrada. O en una broma.
El presidente del Gobierno nunca ha sido consciente que acercarse a los separatistas resulta un riesgo. Ahora necesita de nuevo los 13 escaños de ERC para aprobar los Presupuestos y la reforma del Código Penal. Y Junqueras espera en Lledoners con la escopeta cargada. Tiene previsto estrangular a Sánchez hasta asfixiarlo para justificar sus pactos con el Gobierno. Exigirá otra cesión y otra humillación del Gobierno ante su desafío secesionista. Pues ERC aspira a ganar las elecciones catalanas para liderar el independentismo. Y tiene que evitar una pérdida de votos por su “traición” al negociar con el Gobierno del Estado español. Además, coincidirán en el tiempo la negociación de los Presupuestos y la campaña catalana.
Resultará vergonzoso ver otra vez a Sánchez postrarse ante Torra el día 6. Ante el político que ya no es ni diputado del Parlamento catalán y hay dudas sobre la legalidad de su presidencia de la Generalidad. Y se va a reunir con un dirigente que tiene los días contados. Pues en cualquiera de los casos no repetirá como candidato. En unos meses, habrá otro político al frente de la Generalidad y quizás de ERC. Pero Pedro Sánchez se ha empeñado en reunirse con él. Tiene que contentar cuanto antes a los separatistas para aprobar los Presupuestos y seguir en La Moncloa. Y eso lo explica todo. Hasta que Puidemont y Junqueras le estrangulen al unísono.