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TENIS

ATP. ¿Se acelera el final de la carrera deportiva de Roger Federer?

ATP. ¿Se acelera el final de la carrera deportiva de Roger Federer?
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jueves 20 de febrero de 2020, 18:40h
Actualizado el: 21 de febrero de 2020, 05:51h
El astro suizo se ha operado la rodilla, sacrificando toda la temporada de tierra.

Roger Federer tiene 38 años y ha decidido someterse a una operación en la rodilla derecha que le tendrá fuera de las canchas algo más de cuatro meses. Esto significa que va a perderse la temporada de arcilla al completo, obviando Roland Garros con la clara intención de centrarse en el terreno que más favorece a sus condiciones tenísticas: la hierba y la pisa dura.

"Mi rodilla derecha me ha estado molestando un tiempo. Después de los exámenes y de hablar con mi equipo decidimos que lo mejor era pasar por el quirófano. Estoy deseando volver a jugar. Nos vemos en la hierba", escribió en sus redes sociales la leyenda suiza este jueves. La consecuencia directa es que no podrán verle, quién sabe si por última vez, en Dubai, Indian Wells, Bogotá, Miami y los torneos de tierra que desembocan en el Grand Slam parisino -del que podría haberse despedido ya-.

El actual número 3 de la clasificación de la ATP, que se ha sometido a una artroscopia en su rodilla, ya había avisado que no tenía pensado comparecer en el los Masters 1.000 de Madrid y Roma. Su idea, el plan sobre el que han trabajado de forma minuciosa él y su equipo, ha fijado su retorno a la actividad a algún torneo previo a Wimbledon, como pueda ser el de Queen's, que arrancará el 15 de junio.

El problema es que el tiempo no ha pasado sin erosionar la anatomía de Federer. Y los cálculos bien pueden torcerse. Aunque se hable de estos plazos desde la élite del deporte. Y desde una experiencia de años que ha valido para que la carrera del icono nacido en Basilea se haya estirado hasta el punto de haber jugado la semifinal del Abierto de Australia el pasado enero.

El caso es que este nuevo obstáculo ha desempolvado los rumores sobre la retirada del mejor jugador de tenis de la historia. Aparentemente, Roger sigue luciendo la misma motivación de sobreponerse con la que enfrentó infortunios precedentes que hicieron tambalear su discurrir en el profesionalismo. No obstante, entre 2013 y 2016 sus problemas físicos le dibujaron una travesía por el desierto que, por aquel entonces, susurraba el eclipse definitivo de su talento.

Pero resurgió, contra todo pronóstico, con una temporada sensacional. En 2017 cosechó, de una tacada, el Abierto de Australia, Wimbledon y los Masters 1.000 de Indian Wells y Miami. Asimismo, en aquel fogonazo maravilloso que premió un estudio de la situación que le recortó los compromisos y el calendario de forma radical, también se haría con los torneos de Halle, Basilea y Shaghai. Pasó de ocupar el puesto 16º en el circuito al número 2.

Desde entonces, he aquí el núcleo de las sospechas, su anatomía sólo le ha permitido ganar el Abierto de Australia en 2018 y el Masters 1.000 de Miami en 2019, como torneos reseñables. No ha dado para más su cuerpo. Eso sí, ha desperdigado en la senda del declive energético partidos soberbios y exhibiciones coyunturales que todavía llevan al paroxismo al aficionado. Mas, no tienen ya guinda estos esfuerzos y el peaje es cada vez más costoso. Las resacas más pronunciadas.

A finales del pasado diciembre, Federer concedía una entrevista al diario Tages Anzeiger. En esa charla hablaba de su percepción sobre cuánto le queda en el tanque. "Los pensamientos sobre la retirada son parte de mí, no quiero alejarlos. Son Reales. Pueden ser una motivación y animarme a pensar cómo seguir en el circuito más tiempo. Lo importante es lidiar con tus miedos", argumentó entonces.

En cambio, en ese mismo mes, hace un puñado de semanas, hablaba para tennis.com de esta manera: "No pienso mucho en ello (en la jubilación), para ser honesto, y mira que me enfrento a preguntas de este estilo continuamente. Debo gastar mi energía en permanecer en forma para poder seguir optando a lo máximo y la verdad es que no puedo decir nada de mi retirada porque no lo sé". "Quizá un día me despierte y sienta que ha llegado el momento o quizá me queden todavía años. Llevo escuchando casi una década que estoy en los últimos años de mi carrera por lo que no es algo en lo que deba preocuparme", analizó.

"He estado parado dos semanas y la verdad es que el shock físico de volver a entrenar es muy fuerte. Tengo los gemelos muy cargados, no sé cómo puedo subir estas escaleras tan bien", comentó, antes de apuntar que "ahora hago entrenamientos de manera muy diferente. Alterno algunos de gran intensidad con descansos de dos días. Mi cuerpo necesita días de reposo para desconectar y menos cantidad de entrenamientos, pero de mucha calidad. No dudo en darlo todo en cada sesión, sabiendo que luego tendré tiempo para la recuperación".

Y, sobre el tema que le sobrevuela en la sala de prensa de casi cada torneo, respondió esto: "No creo que tenga que ser triunfal ni que deba esperar a ganar un gran torneo para retirarme. Se puede completar una carrera de manera diferente, siempre y cuando se haga disfrutando del desafío de seguir siendo competitivo. La gente no recuerda cómo fueron los últimos partidos de McEnroe, de Edberg o de Borg. Simplemente recuerdan todo lo que consiguieron, así que desde mi punto de vista ganar algo no debe ser lo que me impulse a dejarlo". Y se despidió proclamando que "obviamente esto no quiere decir que no tenga una gran ambición por sumar el 21º Grand Slam. Especialmente mi objetivo es ganar Wimbledon y también me haría mucha ilusión el oro olímpico en Tokio 2020". Pero, ¿qué hay de 2021?

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