Un discutible penalti, transformado por Messi, doblegó a un bloque donostiarra que acomplejó al bloque de Setién y fue mejor en el segundo acto. Los catalanes, con todo, salieron a flote tras su desacierto para volver al liderato provisional. Por M. Jones
Volvió a tronar pitos y pañuelos en el Camp Nou. Antes del duelo ante la Real Sociedad, dirigidos hacia el palco; y a lo largo del envite, enfocados en la falta de fútbol eléctrico que arrastra una plantilla corta y que no escapa del aburrimiento. Quique Setién sortearía las ausencias -cada vez más sensibles- dando la titularidad a Lenglet, Rakitic y Braithwaite. Arturo Vidal y Ansu Fati, amén de Riqui Puig, constituían todo el arsenal que quedaba en el banquillo por si debía dar un volantazo el técnico cántabro.
Imanol Alguacil, en su caso, afrontó este encuentro implementando hasta seis cambios con respecto a la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey. El triunfo en Miranda de Ebro dejó en la banca a piezas clave como Oyarzabal, Zaldua, Zubeldia o Januzaj. Así, Portu, Isak y Barrenetxea formaron en la punta del habitual sistema donostiarra. Con Willian José -anhelado por el Barça- aguardando el hueco para participar. Mikel Merino y Odegaard habrían de volver a acaparar la creatividad de una medular tendente al vértigo.
El ajedrez no tardaría en desnudarse interesante. La Real no se amilanó por el entorno y abordó su asalto a las plazas europeas de la clasificación liguera al galope de su estilo valiente, que presiona muy arriba y arriesga hasta la temeridad. Buscó, con jerarquía, el once vasco hurtar la comodidad, la posesión y el protagonismo al coloso. Y a punto estuvo de pagarlo caro en el cuarto de hora inicial. Martin Braithwaite probó suerte tres veces antes del minuto 16, erigiéndose en el elemento desequilibrante, con Messi como arquitecto y Griezmann en busca de un lugar.

El danés justificó su alineación con esfuerzo y un hambre sobresaliente. Su energía alimentó la visión de juego del genio argentino y de ahí surgió la esperanza local. Pero falló en sus intentos y dio alas a una Real que, aferrada a su plan, crecería poco a poco. Tanto evolucionó en el peso en el guión que Ter Stegen volvió a ser el pasador encargado de hacer salir el juego desde atrás. Se enfangaría la pretensión combinativa azulgrana una vez más y, por ende, su fluidez para llegar al arco defendido por Remiro reduciría su periodicidad al extremo.
Antes del descanso sólo un robo de Messi a Llorente y un remate fallido del argentino -a pase del irregular De Jong- inquietaría a una delegación visitante que se escapaba en transición con la facilidad que redundaba en el desequilibrio coral y táctico que sufre el candidato a todo. Se parte y descoloca cuando pierde el cuero, quedando la biología de Busquets expuesta. Únicamente la falta de pericia de los atacantes menos habituales redondearía un camino a vestuarios que se efectuaría con 0-0 por casualidad.
En la reanudación, sin cambios, susurró un ascenso de compromiso y energía el esquema azulgrana. Parecería que le costaba menos cohesionarse y esbozar redes de pases que superaran la ocupación adelantada de espacios ajena. Y se amontonarían sus remates. Messi reclamó galones y en el 54 y en el 60 repetiría lanzamientos inocuos -cada vez más habituales-. Rakitic le tomaría el relevo, forzando verdaderamente a un Remiro que sostuvo a los suyos -minuto 65-. Mas, aguantaron los vascos sin sus punzones más afilados. Y Alguacil los inyectaría en esta altura, con tablas y el cansancio empezando a expandirse.

El testarazo de Piqué marcaría la conclusión del asedio catalán y el paso a otro escenario. El paisaje mutó de repente, con Oyarzabal y Zubeldia en la cancha. La Real gobernaría la dinámica y el tempo a placer. Filtrando pases entre líneas y dañando con sus extremos, en estático y al espacio. El Barça fue constreñido a asumir el modelo de achique y contragolpe, y a jugársela cuando se esforzaba en mantener la idea de juego asociada desde su área. En control del pentagrama, en la deriva hacia el desenlace, pertenecía a los txuri-urdin. Sin cortapisas.
En esa metamorfosis dispusieron de opciones cristalinas para firmar el 0-1 tanto Isak como Monreal o Portu. Oyarzabal y Odegaard también chutarían desde la frontal y sin marca (para un total de nueve intento y sólo uno entre palos). Se había descosido el vigente campeón, aunque compareciera Arturo Vidal. Y precisamente de una acción aislada del chileno nació el punto de inflexión que vació de contenido el buen funcionamiento de la hoja de ruta visitante. Un centro del todoterreno americano -que venía de fuera de juego- golpeó en el brazo de Le Normand dentro del área. El colegiado no advirtió nada, pero el VAR acudió al rescate. Efectivamente, la regla sostiene que semejante maniobra, aunque involuntaria, debe ser castigada como penalti. Lo que no leyó la asistencia al arbitraje es la posición antirreglamentaria precedente de Vidal.
Con todo, el trencilla señaló la pena máxima y Messi se desquitó, rubricando el gol decisivo con clarividencia en la resolución. Corría el minuto 81 y la Real entró en una contrarreloj que vio competir también a Willian José. Ansu Fati y Junior comparecerían por el lado azulgrana, que finalizó el esfuerzo con un doble lateral zurdo -el ex del Betis jugó por ese perfil, junto a Jordi Alba- y pidiendo la hora. Los donostiarras no llegaron a la orilla a pesar de los amplios merecimientos para sacar, al menos, un punto y se fueron enfurecidos por la decisión arbitral. En paralelo, Bartomeu ganó tiempo, aunque sus futbolistas no hicieran acopio de sensaciones. Eso sí, recobraron el liderato provisional. Y sumaron tres puntos. Lo más importante en este intervalo del calendario.
- Ficha técnica
1 - FC Barcelona: Ter Stegen; Semedo, Piqué, Lenglet, Alba; Busquets, Rakitic (Arturo Vidal, m.74), de Jong; Messi, Griezmann (Ansu Fati, m.85) y Braithwaite (Junior Firpo, m.88).
0 - Real Sociedad: Remiro; Gorosabel, Llorente (Zubeldia, m.71), Le Normand, Monreal; Guevara, Merino, Ödegaard; Portu, Barrenetxea (Oyarzábal, m.58); e Isak (William José, m.83).
Gol: 1-0, m.81: Messi, de penalti.
Árbitro: Martínez Munuera (comité valenciano). Mostró cartulina amarilla a Lenglet (m.16), Messi (m.42), Merino (m.56), Piqué (m.61), Guevara (m.76) y a Busquets (m.88).
Incidencias: 77.035 espectadores en partido de la vigésimo séptima jornada de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou.