www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

LEONOR Y SOFÍA

viernes 24 de abril de 2020, 11:14h
La Reina Doña Letizia está educando a sus hijas de forma ejemplar. Leonor y Sofía son sencillas...

La Reina Doña Letizia está educando a sus hijas de forma ejemplar. Leonor y Sofía son sencillas, simpáticas, espontáneas, solidarias, inteligentes, con sentido del humor. En medio del arresto domiciliario que padece España, han aparecido en el momento oportuno. Leyeron para el público un fragmento del Quijote. Y lo hicieron con sobriedad y sin infantiles toniquetes. Después, hablaron ante las cámaras de televisión para expresar su dolor por los fallecidos, los familiares, los contagiados por el coronavirus. La intervención de las dos niñas me pareció impecable.

No sé si la Reina Doña Letizia habrá leído algunos de los tratados de educación del príncipe que proliferaron en los siglos XVI y XVII. Ella tiene conciencia de lo importante que es la educación de la Princesa de Asturias y de la Infanta Sofía, poniendo los pies sobre la realidad del siglo XXI. En las Monarquías democráticas, la soberanía nacional reside en el pueblo y es el pueblo el que, a través de la voluntad general libremente expresada, hace las leyes, incluidas las que afectan a la Familia Real. El Rey está para el pueblo, no el pueblo para el Rey. Doña Letizia se ha volcado, de acuerdo con su esposo Felipe VI, en la educación de sus dos hijas. Asistí a la emoción que se levantó entre los espectadores cuando Leonor pronunció su primer discurso en el acto de entrega en Oviedo de los Premios Princesa de Asturias. Y recuerdo su espontaneidad y su simpatía cuando su padre le impuso el Toisón de Oro en un acto en el Palacio Real al que asistimos un centenar de personas.

La opinión pública calificó ayer de sobresaliente la intervención de las dos adolescentes. Yo extiendo esa calificación a Doña Letizia, por su ejemplaridad como madre y como Reina. Y recuerdo el texto de Francisco de Quevedo que reyes y príncipes deberían tener en lugar preferente: “Que el reinar es tarea, que los cetros piden más sudor que los arados, y sudor teñido de las venas; que la corona es el peso molesto que fatiga los hombros del alma primero que las fuerzas del cuerpo, y sudor teñido de las venas; que los palacios para el príncipe ocioso son sepulcros de una vida muerta, y para el que atiende son patíbulos de una muerte viva; lo afirman las gloriosas memorias de aquellos esclarecidos príncipes que no mancharon sus recordaciones contando entre su edad coronada alguna hora sin trabajo”.