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ORIENT EXPRESS

Lecciones de democracia

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 31 de mayo de 2020, 20:12h

Cada vez es más frecuente encontrar comunistas que intentan dar lecciones de democracia. Una ideología que ha inspirado la matanza de millones de seres humanos debería estar arrinconada en los márgenes de la Historia, pero en España los comunistas pueden llegar bastante lejos. Pueden hacer fortuna, gozar de privilegios -todo régimen comunista genera su “nomenklatura”- y señalar con el dedo a los opositores.

El olvido de nuestra sociedad hace el resto.

En efecto, uno de los problemas que padece España es que apenas se enseñan los crímenes que los comunistas han cometido durante más de ciento cincuenta años. Parece de mal gusto recordar su justificación del terrorismo, su colaboración con los nazis entre 1939 y 1941, la matanza de millones de seres humanos por hambre en Europa, África y Asia y la instigación de guerras civiles so pretexto de “liberaciones” que sólo conducían a la tiranía. La propaganda comunista elaboró durante décadas consignas que hoy se siguen repitiendo para descalificar al adversario político. Todo opositor era “fascista”, “racista”, “torturador”, “explotador”, etc. Se habla poco del antisemitismo en la Unión Soviética -lean “Los judíos del silencio”, de Elie Wiesel, o “The Silent Millions”, de Joel Cang- o del uso sistemático de la tortura en todo régimen comunista desde Cuba hasta Camboya o de los campos de trabajo, en realidad dedicados al exterminio, que han dado terribles ejemplos de la explotación del hombre por el hombre.

Parece de mal gusto recordar a las víctimas de los comunistas durante la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial hasta 1941. Desde las matanzas de Paracuellos del Jarama hasta el exterminio de los anarquistas, no hay una página de la historia del comunismo durante aquellos años que no recoja atrocidades. No sólo mataron a católicos, monárquicos, nobles, liberales de derecha o tradicionalistas. Asesinaron a sus propios camaradas y a sus compañeros de armas. Ahí está la tortura y muerte de Andreu Nin. Ahí está el relato de Arthur Koestler en “El cero y el infinito” sobre los comunistas alemanes vendidos a los nazis después de 1939. Las células comunistas se unieron a los movimientos de resistencia contra el III Reich sólo después de la invasión de la Unión Soviética.

Manuel Azaña , presidente de la II República Española, terminó pidiendo la reconciliación entre españoles después de dos años de guerra en su famoso discurso del 18 de julio de 1938: «Pero es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que se acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído magníficamente por una ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: paz, piedad, perdón».

Sin embargo, hoy, los comunistas quieren reabrir las heridas de la guerra, reescribir la historia y atribuirse unas credenciales de demócratas que jamás tuvieron. Koestler, Malraux y tantos otros que vieron el verdadero rostro del comunismo reaccionaron denunciando su radical inhumanidad, su violencia inevitable y sus colosales mentiras. En España, parece que la sangrienta historia del comunismo dentro y fuera de nuestras fronteras fuese un tema tabú que el pudor, los complejos o el miedo impiden mencionar en los debates. Quien lo saca, se expone a que lo acusen de radical o de perder los papeles. La “moderación”, en nuestro país, parece ser prima hermana del olvido. En realidad, no hay nada menos moderado ni más cobarde que ese temor a decir la verdad de lo que es el comunismo y de lo que los comunistas han hecho allí donde han alcanzado el poder. La firmeza no es enemiga de la moderación, sino una de sus condiciones indispensables.

No. Los comunistas no están en condiciones de dar lecciones de democracia a nadie.

Deberíamos recordarlo más a menudo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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