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TRIBUNA

Ni blanca, ni negra - LIBRE

viernes 05 de junio de 2020, 20:08h

Estos días estoy viendo y oyendo, con debida preocupación, las transmisiones y comentarios de la mayoría de los medios de comunicación sobre las manifestaciones y los violentos disturbios en los EE.UU., en señal de protesta contra la actitud de un policía estadounidense de color blanco, quien había excedido en su labor persecutoria contra un presunto delincuente de color negro, llegando a asfixiarlo y causar la muerte.

Sin duda alguna es un trágico y deplorable accidente. Pero ni es el primero y, desgraciadamente, no será el último en un país donde hay policías blancos y delincuentes negros. Y viceversa: unos policías negros y unos delincuentes blancos. También ocurrían desagradables episodios cuando unos policías negros agredían hasta la muerte a los delincuentes blancos. Pero estos casos pasaron prácticamente desapercibidos, sin grandes protestas sociales, sólo apareciendo en las crónicas policíacas del momento.

Pero ¿qué ha ocurrido esta vez que haga este accidente “policial” tan diferente a los demás casos parecidos, para que las manifestaciones violentas, los disturbios y los saqueos de las tiendas – de propiedad tanto de negros como de los blancos – alcanzaran la envergadura de propagarse desde la ciudad, donde se había producido la trágica muerte del muchacho negro, a más de las 50 grandes ciudades de toda la geografía estadounidense, habiéndose llegado a la proclamación del “estado de sitio” en la propia capital del país, cosa que no se había ocurrido desde las finales de la Segunda Guerra Mundial?

Es que, según lo que estoy viendo y oyendo, este forcejeo entre un policía blanco y una víctima negra no es un trágico accidente, sino la causa de una discriminación racial que sigue existiendo a gran escala en este país racista, donde la mayoría blanca persigue y denigra a la minoría negra y otras también.

A pesar de que entre los manifestantes y los saqueadores se puede ver muchos rostros blancos, aunque tapados con las mascarillas quirúrgicas. Pero no importa que algunos blancos protestan junto con los negros. Estos blancos son buenos. Son progresistas, son de las ideas izquierdistas, por las igualdades y la justicia social. Los racistas son otros blancos, los de la derecha, los explotadores, los ricachones.

Y todas las entrevistas de los corresponsales españoles con los participantes de estas manifestaciones van en este sentido. Y lo ocurre en un país, donde hubo una guerra civil entre los defensores de los derechos de los negros y sus contrincantes, ganándola los primeros. En un país donde a lo largo de su corta historia los ciudadanos de color consiguieron los mismos derechos que los blancos. En un país, donde un negro llegó a ser el Presidente. En un país donde hoy en día todo el Hollywood y las grandes discográficas están plagadas de los artistas negros. En un país donde hay bastantes millonarios negros y los dos tercios de la población negra son de clase media.

Qué manipulación de turno, que tergiversación de la realidad, qué falso progresismo. ¿A quién interesa presentar hoy en día a los Estados Unidos como el principal foco del racismo en el mundo? La respuesta a esta pregunta la dejo al lector que estoy seguro que sabrá a distinguir entre la verdad y la manipulación. Pero a mí, personalmente, en unos momentos, viendo estas crónicas tan intencionadamente trucadas, parecía que sigo estando en Moscú de mis años mozos “soviéticos”, viendo las crónicas que enviaban de los Estados Unidos los corresponsales de la TV soviética.

En lugar de mostrar las tiendas llenas de productos y artículos de amplio consumo, mientras en la URSS las tiendas estaban vacías y la mayoría de los productos racionados, los corresponsales del “agitprop” enseñaban precisamente los barrios pobres de Nueva York, donde habitaban los negros, durmiendo ellos bajo los puentes, al lado de los basureros, pidiendo limosna. La idea fue demostrar la supremacía del socialismo sobre el capitalismo, la superioridad del “progresismo” soviético sobre el racismo norteamericano.

Y, como no, siempre aparecían imágenes de unos grupos de negros, protestando ante la Casa Blanca, mientras que en la URSS no se permitía a ningún ciudadano soviético ni acerarse al Kremlin o cualquier otro lugar público para manifestarse contra la falta de alimentos o contra la represión de la temida policía secreta – la KGB.

Incluso circulaba un chiste en el cual un soviético está discutiendo con un americano en qué país se vive mejor, en la URSS o en los Estados Unidos. El norteamericano dice: “En nuestro país las tiendas están llenas de productos a precios asequibles para todos y en la URSS no; en EE.UU. cualquier persona puede comprar un coche a plazos y en la URSS no; cualquier ciudadano norteamericano puede criticar a su gobierno y manifestarse donde sea y el soviético no; cualquier norteamericano puede viajar al extranjero, leer los libros que le gustan, ver pintura abstracta y escuchar la música de jazz y de orto genero vanguardista y el soviético no”. El soviético, al no poder arrebatar todo lo que estaba diciendo su interlocutor norteamericano, porque todo era pura verdad, contestó muy escuetamente al yanqui presumido: “Y en tu país están ahorcando a los negros”.

Así que, como vemos el tema del racismo siempre era una moneda de cambio que utilizaba el progresismo mundial en sus luchas políticas. Y lo estoy vendo cuarenta años más tarde, ahora y aquí, con las mismas falsedades y manipulaciones del tema del racismo, que en sí es muy serio y vale un análisis más profundo, honesto e imparcial.

Y cuando la poca objetividad de lo que estaba viendo, me producía una profunda decepción, de repente, recibí un mensaje en el “WhatsApp”. Era un corto video, grabado por un aficionado, en el cual una muchacha negra, muy negra, ni mulata, ni mestiza, ni café con leche, negra-negra como antracita, pero con unas ideas muy claras y “blancas”, estaba discutiendo a gritos con una de estas manifestantes antirracistas perfectamente organizadas y orquestadas. La chica negra estaba acusado a la activista, curiosamente una blanca, de ser ella y los demás manifestantes unos verdaderos racistas, unos provocadores que intentan enfrentar a los norteamericanos, a los negros con los blancos. Que ella no se siente oprimida por ser negra. “Ni negra, ni blanca, soy Libre” – gritó la muchacha de color antracita.

Y me vino un soplo del aire libre. “Esta es otra América – pensé yo. – La verdadera, la que no nos enseñan por los medios de comunicación en manos de los falsos gobiernos progresistas. Una América que por encima de todo pone como el valor fundamental de su existencia la libertad. Por encima de colores de la piel, de las ideologías de moda, de matices culturales. La Libertad que hizo de este país, en un breve periodo de tiempo histórico, una nación más democrática, más próspera, más multiétnica y cultural, y más envidiada del planeta.

Como me gustaría ver en nuestras teles a la América que no sólo protesta y se enfrenta, sino a la que también busca la concordia y la paz social.

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