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TRIBUNA

Si los monumentos hablaran

martes 23 de junio de 2020, 20:23h

Me ha dejado asombrado y estupefacto el “tsunami” vandálico de destrucción de monumentos históricos que ha sacudido al mundo entero, especialmente a los países de una gran cultura como Francia, Gran Bretaña, Alemania, sin hablar ya de los EEUU donde se ha originado tempestad anticultural. Esas cunas de la civilización democrática han sido despojadas, por un populacho embriagado de impunidad y un falso derecho de expresión, de algunos de los monumentos que representan su historia nacional. Otros fueron salvados y protegidos por las fuerzas del orden público. Pero los abatidos, desbancados y pisoteados jamás volverán a sus pedestales abandonados.

También hubo países en el pasado que sufrieron algo parecido a este “tsunami”, me refiero a dos países, separados por 4.000 kilómetros, pero unidos por una característica común: representan las dos de las más grandes y antiguas culturas mundiales. Estos países son España y Rusia. La Revolución Bolchevique en Rusia, en 1917, y la llegada al poder en España, en 1936, del Frente Popular – un coctel “Molotov” político, compuesto por anarquistas, socialistas y comunistas, dieron lugar no sólo a la destrucción de monumentos y estatuas, sino que se quemaron hasta iglesias enteras – los verdaderos monumentos a la Fe y las raíces divinas de la especie humana.

En Rusia dinamitaron una de las más famosas catedrales, la del “Cristo Salvador”, en el pleno centro de Moscú, frente al mismísimo Kremlin. Fue construida con el dinero reunido en una colecta popular, en la que había participado toda la población rusa, desde los más ricos hasta los más pobres. La Catedral fue construida para consagrar la “Victoria Rusa” en la Primera Gran Guerra Patria contra la invasión de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte. (Hubo otra Gran Guerra Patria en la historia rusa, la Segunda, contra la invasión de las tropas de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial).

La Catedral del “Cristo Salvador” fue construida con tanta solidez, que los que la estaban destruyendo, por la orden directa de Stalin, no lograron derrumbarla con la primera porción de dinamita. Tuvieron que emplear más y más kilos de la pólvora explosiva, distribuyéndola por toda la catedral, desde su cúpula hasta los sótanos. Parecía una fortaleza y no una simple iglesia. Y lo fue – una fortaleza de la Fe que no se destruye fácilmente ni con la dinamita.

Y el tiempo lo demostró. Ya en la época del primer Presidente de Rusia democrática, Boris Yeltsyn, la catedral fue construida de nuevo, en el mismo lugar y según los planos originales. Y los fondos obtenidos para esta nueva obra también procedían de las aportaciones de toda la población, desde los más ricos hasta los más pobres. Me acuerdo que un banco privado, nacido al son de las reformas “capitalistas” de Boris Yeltsyn, había donado ciento y pico kilos de oro puro para la cobertura de las cúpulas de la Catedral del “Cristo Salvador”.

Los tiempos cambian, las sociedades se maduran, pero la cultura, las raíces siguen siendo el fundamento principal del progreso de la civilización humana.

Y una curiosidad: Stalin, después de la destrucción de la Catedral, tenía preparado un proyecto para la construcción de otra Catedral, la del Comunismo, algo había quedado en la mente del dictador de su larga enseñanza en un Seminario Ortodoxo antes de que empezara a dinamitar los bancos para conseguir el dinero para su jefe Lenin, quien estaba preparando la revolución bolchevique en la Rusia Imperial.

Esta nueva Catedral, bajo el nombre del “Palacio de los Soviet”, un edificio de más de cien pisos de altura, tenía que ser más alto en el mundo (de entonces), más que el mítico Imperial State Building norteamericano. La cúpula de este grandioso monumento cubría la enorme estatua de Lenin, inmortalizado en una pose como si él interviniera en un mitin revolucionario, apuntando con su mano derecha hacia el ya cercano el horizonte del Comunismo Mundial.

Para que el lector tenga una idea aproximada de lo grande que tenía que haber sido la estatua del Lenin en granito, voy a dar un dato curioso: sólo el dedo indicador de su mano, apuntando al Comunismo, tenía unos 2 metros de largo. La construcción de este monumento al Comunismo Soviético fue impedida por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (la Segunda Gran Guerra Patria rusa).

Después de la guerra ya hubo otras prioridades, y en la enorme fosa que se había quedado de la destruida “El Cristo Salvador”, se habilitó una piscina municipal, “al aire libre” que funcionaba todo el año, incluso en invierno, con las temperaturas de 20-30 grados bajo cero. El agua de la piscina no se congelaba porque se la calentaba permanentemente emitiendo una espesa cortina de vapor que, a veces, impedía ver a los nadadores a dónde ellos iban dentro de esta especie de niebla.

Quién podía imaginar entonces, en pleno régimen estalinista, que pasarían los años y la cultura, las verdaderas creencias harían volver a resurgir en el mismo lugar la Catedral del “Cristo Salvador”. ¡Los caminos de Dios son misteriosos!

Hay otros dos monumentos que quiero mencionar y que unen las dos culturas, la hispana y la rusa. Uno está levantado en un gran parque de la capital rusa. Y el otro en el Parque de Roma en Madrid. El primero está dedica a Cervantes y el segundo al gran poeta ruso Alexander Pushkin. La grandeza de Pushkin para la historia de la literatura rusa es igual que la de Cervantes para la cultura hispana. No sé si hay muchos monumentos en el mundo dedicados a Cervantes, pero en Rusia sí lo hay. Y lo mismo de Pushkin en España. Quizá a Pushkin es el único monumento que existe en el mundo occidental, lo que me llena de un orgullo especial, por ser yo, por los caprichos del destino, una persona de ambas culturas, al haber nacido en Rusia y a los 33 años vuelto a España con mi padre.

He titulado el presente artículo: “Si los monumentos hablaran”. Se supone que las piedras no hablan, guardan su silencio ya que la propia historia explica por qué ellos están puestos en sus pedestales.

No obstante, una de estas estatuas de piedra sí que levantó su voz. Y fue en la obra teatral del ya mencionado Alexander Pushkin, bajo el título de “El confinado de piedra”, inspirada en Don Juan, el popular personaje de la literatura hispana. Una vez más dos culturas se encontraron en la palestra literaria. De esta cercanía de las culturas rusa e hispana podría hablar mucho más, pero quizá en otro artículo dedicado explícitamente a este tema.

Espero que la actual pandemia de incultura, ignorancia y una falsa tolerancia, que destruye monumentos históricos en el mundo occidental, pase y las cosas vuelvan a su cauce. Y la gente entre en razón. Y algunos monumentos destruidos quizá vuelvan a su sitio como ocurrió con el del “Cristo Salvador” en la Rusia de Pushkin, Dostoyevski, Tolstoy, Chejov, Chaikovski.

La cultura debe estar por encima de los enfrentamientos sociales, raciales y de otro tipo. La cultura es el principal motor del progreso de la civilización. No hay civilizaciones blancas, negras, amarillas o de cualquier otro color de la piel del hombre. La civilización o la hay o no la hay. Todo lo demás representa la barbarie, cuyo aspecto más nefasto hemos presenciado estos días.

La gente de cultura, la gente que desea el verdadero progreso para su país por el camino del humanismo y de la Libertad, tenemos que hacer todo lo posible, cada uno en su lugar, para que estas escenas de la destrucción de los símbolos históricos de nuestra civilización no se repitan más. Ni en España, ni en Rusia, ni en Hispanoamérica, ni en Norteamérica, ni en Europa, ni en ningún país y continente del mundo, donde los talibanes de turno lo intentaran de nuevo. Rusia y España esta vez han demostrado que esto es posible.

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