EL DELFÍN DE OBAMA
sábado 23 de agosto de 2008, 22:28h
La nominación del senador por Delaware Joseph R. Biden como candidato demócrata a la vicepresidencia de Estados Unidos ha supuesto un alivio entre sus filas. Fundamentalmente, porque el tiempo iba pasando, y parecía que Obama, o bien no tenía dónde elegir, o bien seguía sopesando la posibilidad –que, por lo demás, fue siempre muy remota- de incluir a Hilary Clinton como su “número dos”. Esto último tendría como fin paliar el desgaste que el partido habría sufrido ante el duelo fratricida de dos de los suyos. Los republicanos, por el contrario, hacía tiempo que aguardaban en sus cuarteles de invierno, con un McCain esperando a un rival que no acababa de perfilar su equipo.
Pues bien, ya lo ha hecho. En su momento, el propio Obama se inclinó por elegir a algún compañero de estudios o similar; es decir, alguien parecido a él. Aunque también es cierto que siempre manifestó que quien estuviese a su lado debía poseer un perfil crítico sin ambages, con voz propia, capaz de rebatir lo que considerase oportuno. En ese sentido, Joe Biden parece ser una elección adecuada. No en vano, fue uno de los primeros en criticar a Obama por su discurso formalmente impecable, pero con dudas en cuanto al fondo. Pero además, Biden tiene una larga trayectoria política. En la actualidad, ejerce de presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y está ampliamente familiarizado con el día a día de las relaciones exteriores de Estados Unidos. También es patente su conocimiento de los principales líderes internacionales. Todo ello, unido a su edad –ha cumplido 65 años-, aporta a la candidatura demócrata tres pilares básicos: experiencia, solvencia en política exterior –para muchos, el punto débil de Obama- y una personalidad propia capaz de resistir el incuestionable carisma del candidato, sin verse eclipsado por éste. Sólidos argumentos. Aunque también hay dudas. A las ya mencionadas críticas iniciales a Obama, se uniría una ocasional verborrea que ya le ha jugado más una mala pasada. Si es capaz de contener su discurso y armonizarlo con el del líder, los republicanos tendrán ante sí, por fin, una candidatura dura de batir. Las urnas dirán. Pero, en todo caso, es una buena noticia para la fortaleza de la primera democracia del mundo.