La Justicia se administra en nombre del Rey. Lo que caracteriza al Monarca en una Monarquía parlamentaria...
La Justicia se administra en nombre del Rey. Lo que caracteriza al Monarca en una Monarquía parlamentaria es la neutralidad. Para arbitrar y moderar entre instituciones resulta conveniente estar por encima de los partidos. La ciencia política respalda la utilidad de la Monarquía precisamente por lo que supone el ejercicio neutral de la Corona. A un Jefe de Estado parlamentario elegido por un partido político se le hace muy difícil arbitrar o moderar porque al partido de la oposición le costará mucho aceptar como juez y árbitro a persona cercana a la agrupación rival.
Pedro Sánchez, en su ambición cesarista, ha excluido a Felipe VI de presidir uno de los actos que mejor justifican la existencia de la Corona. Necesita contentar a sus socios separatistas para que le mantengan en el poder y para que voten los Presupuestos Generales del Estado. Y, por eso, ha decidido sacrificar al Rey, con grave lesión a la imagen de la Corona. Y a su bien ganado prestigio, tras convertirse hace 45 años en el motor del cambio desde la dictadura a la democracia pluralista plena.
La formación del Gobierno de Frente Popular en enero pasado significó el fin de la Transición. La España de la concordia y la conciliación se está desmoronando y la violencia, incluso la callejera cercana en algunos casos a la guerrilla urbana, se está adueñando de las calles en varias regiones españolas. Al César de pitiminí que nos gobierna le trae todo sin cuidado. Lo único que le importa es permanecer en el poder y si para eso cree conveniente herir las instituciones, torear la Constitución y ofender a un Rey ejemplar, lo hace sin pestañear.