Somos unos desgraciados y les explicaré por qué opino que esto es así. La frase era algo parecida a “no me importa que me hayas mentido, el problema es que ahora ya no podré volver a confiar en ti”. Le sucede a Pedro Sánchez, que ha mentido tantas veces a los españoles y en tantas cosas que muchos ya no nos fiamos de él. Por eso dice que va a decretar un estado de alarma por el bien de todos y nos ponemos a temblar solo de pensar en ese Gobierno descontrolado, sin respuestas y sin refrendo quincenal en el Congreso y con barra libre de decretos ley.
Pero si además el presidente del Ejecutivo de coalición pide que se le permita aplicar la medida excepcional hasta mayo, nada menos que durante seis meses, asusta. Lo mejor, entonces, es pensar que tira por lo alto para que al bajar en la pretensión inicial a menos de la mitad pensemos que cede, que dialoga, que llega a acuerdos y que da un poder de decisión a unos terceros que, realmente, nunca tendrán.
Este lunes se reunía con los presidentes de las comunidades autónomas -muchos de los cuales no se fían tampoco de Pedro Sánchez, y no son todos necesariamente del PP- y les vende la burra de que esto del estado de alarma lo hace por ellos, para que puedan aplicar todas las medidas de restricción que consideren oportunas sin que ningún tribunal superior de justicia se lo impida. Claro, esas medidas tienen que ser del gusto y agrado del Ministerio de Illa que pertenece al Gobierno porque, si no, como se ha visto, impone su autoridad -la que procede de autoritarismo- y se acaban cumpliendo sus órdenes por imperativo legal.
Lo que también han comprobado ya en la Comunidad de Madrid es que Sánchez, además de engañar con impactantes escenarios llenos de banderas o sublimes puestas en escena de solemnidad impostada -se puede ver también en la previa de la reunión este lunes con las CCAA y una foto que parecía la portada de un disco de los 80-, al decir que cede las competencias en la materia que toque ese día, lo que está haciendo en verdad es buscarse la excusa perfecta a su falta de acierto e ineptitud en la gestión de la materia que, lógicamente, toque ese día.
¿A que nadie ha vuelto a ver la contundencia empleada contra Isabel Díaz Ayuso en ninguna otra comunidad necesitada de intervención, como Aragón o Navarra? En Madrid mataba dos pájaros de un tiro porque, como ya sabe todo el mundo, además de echar literalmente la culpa a otro, esta otra es del PP. Pero que nadie se relaje, ni siquiera los presidentes del PSOE, porque si es necesario dar la puñalada para contentar a los nacionalistas catalanes o del País Vasco, los García-Page, Lambán o Fernández Vara ya están en nómina y Moncloa cuenta con su debida sumisión.
Como fuere, Pedro Sánchez se encuentra ahora en la tesitura complicada de tener que afrontar más problemas sanitarios que económicos, que nos llevarán a la quiebra, y la crisis de los contagios desbocados le sumerge en la necesidad imperiosa de hacer algo que parezca serio y razonable cuando ya nadie espera eso del presidente del Gobierno. El estado de alarma es su baza, de nuevo, y ya sabemos cómo la aplica. Habrá que procurar no caer en la trampa, que seguro está en la letra pequeña o en lo que no dice.
Y digo yo: ¿Alguien cree que 6 meses de barra libre a este Gobierno puede solucionar algo que no sean los problemas del PSOE y Podemos? ¿Alguien piensa que con más intervencionismo se solucionarán las crisis sanitaria y económica abiertas en España? ¿Hay algo que avale que han dado resultado las medidas aplicadas por el Gobierno? ¿Qué ha hecho el Ejecutivo este verano mientras el país se encontraba intentando sobrevivir y gestando la que se sabía que era una inminente segunda oleada de contagios?
Pablo Iglesias decía recientemente en sede parlamentaria, con su habitual tono entre compasivo y amenazante, como el del listillo que se dirige a los tontos, que en Europa no gusta la ultraderecha. Es verdad. Para eso está la Historia, para aprender de ella. Lo que no dice nunca el líder máximo de la formación morada es que la ultraizquierda populista y bolivariana que tan bien representa Podemos con sus métodos dictatoriales tampoco son del agrado europeo. Por eso no se fían y paralizan cualquier intento de intervención, por ejemplo, en la Justicia.
No hay confianza en que el presidente ni nadie de su equipo saque a España de esta miserable y trágica coyuntura porque el abuso de una política basada única y exclusivamente, como también todo el mundo sabe, el Papa Francisco incluido, en una ideología radical y sectaria, solo lleva a anteponer el interés partidista a los de España y sus ciudadanos. Y esa es nuestra desgracia.