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TRIBUNA

Vuelve pronto a casa

Jesús Romero-Trillo
martes 03 de noviembre de 2020, 20:41h

La noche de Halloween 2020 será recordada en todo el planeta por la omnipresencia del fantasma mortal Covid-19 que se transmite, como en las mejores películas de ciencia-ficción, por el contacto entre los humanos. Sin embargo, los jóvenes españoles recordarán esta fiesta porque no fueron sus progenitores quienes les dijeron “vuelve pronto a casa”, sino que por primera vez en su vida la orden partió de las autoridades. Este hecho merece atención puesto que en los últimos tiempos los gobiernos son quienes han ido asumiendo protagonismo en la protección de la salud y la vida de los ciudadanos ante la amenaza del virus restringiendo el contacto y el movimiento. Frente a amenazas pasadas, como podía ser el VIH-SIDA el peligro no viene solo de los ajenos, de los desconocidos, sino también de los conocidos, de nuestros familiares y amigos que precisamente por su cercanía, se han vuelto los más peligrosos. Ante esta novedad antropológica, los jóvenes viven un momento vital desconcertante que les impide relacionarse y socializarse con unas autoridades que les siguen proponiendo como única alternativa quedarse en casa.

Obviamente no estoy en contra de las necesarias precauciones ante el coronavirus indicadas por las autoridades sanitarias, todo lo contrario, pero sí creo que hay una pedagogía necesaria que aún falta difundir para aprender a convivir con esta nueva realidad. Por ello, lo que me preocupa escuchando a las nuevas generaciones es su escepticismo y confusión pues no saben a quien obedecer ni cómo comportarse ante los vaivenes continuados de la política -con las diferencias de criterios de comportamiento según el lugar de residencia-, y de la ciencia -no debemos olvidar que hace algunos meses las mascarillas no eran obligatorias, quizá porque no eran accesibles a toda la población. Pese a estas ambigüedades que proceden del mundo de los adultos, los jóvenes son continuamente acusados de ser quienes se saltan las normas, como si las normas en este momento de desconcierto a todos los niveles fueran leyes universales.

Ante esta situación internacional, creo que hemos de añadir una circunstancia añadida en nuestro país ya que las normas actuales son defendidas por quienes en 2011 protagonizaban la revolución juvenil de los indignados en la Puerta del Sol y otros lugares de España, y que en cierto modo se arrogaban la representación de los jóvenes. Así, si durante el 15M el eslogan era “no nos representan”, creo que la pregunta ahora que se hacen muchos jóvenes -aunque sea de modo subconsciente- es “¿quién nos representa?”. En mi opinión no existe un liderazgo político, cultural o social que nazca de los jóvenes y que les de voz en esta situación tan compleja. Resulta significativo que el ya eclipsado movimiento liderado por Greta Thunberg en favor del medioambiente no tenga eco entre los jóvenes, aunque la tragedia medioambiental esté en el origen de la crisis del coronavirus según confirman los científicos.

Todos fuimos testigos que durante el confinamiento de hace unos meses los jóvenes se encerraron en su habitación. Su cuarto se convirtió en su aula y en su lugar de ocio y socialización al mismo tiempo, pero también el en su lugar de refugio. Sin embargo, ahora estamos en otra fase que no tiene nada de “nueva normalidad”. En cierto modo todos sabemos lo que nos espera si volvemos a otro confinamiento, y quizá los jóvenes son los menos preparados para afrontarlo con serenidad, pues el mensaje de que están perdiendo años de su vida empieza a ser popular entre ellos. Por ello me preocupa que las fuerzas extremistas de cualquier signo político intenten capitalizar la falta de libertad y de representación de los jóvenes, que en una gran mayoría viven al margen de la política y de los movimientos sociales. Creo que urge comprender en profundidad los cambios que la pandemia está originando en la vida de los jóvenes y que es fundamental establecer un diálogo con ellos en los diversos niveles de interlocución de la sociedad antes de que el descontento creciente sea fagocitado por intereses espurios y antisistema.

Al igual que la pandemia no entiende de edades, de clases sociales, ni de fronteras, tampoco los efectos de ésta distinguen entre distintos tipos de jóvenes. Quizá por primera vez en nuestra historia reciente todos los jóvenes se ven afectados por la pandemia y se encuentran existencialmente en la misma situación, pues son conscientes de que probablemente van a ser los más condicionados en su vida futura, y no me refiero solo a la economía. Debemos recordar que Samuel Huntington en su teoría del choque de civilizaciones advertía del papel de los jóvenes en los conflictos, y no hemos de minusvalorar su posible protagonismo en el aumento del descontento social que empieza a extenderse en numerosas ciudades de España y de Europa. Es urgente dialogar con ellos, pues son nuestro futuro y el de nuestro mundo. Hay que dialogar con ellos antes de que, cualquier día, y como ha sido la costumbre de los jóvenes de todas las generaciones, decidan saltarse las normas y no volver pronto a casa. Aún estamos a tiempo.

Jesús Romero-Trillo

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

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