www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Allegados

Juan José Vijuesca
miércoles 09 de diciembre de 2020, 20:37h

Desconozco si soy allegado y desde cuándo. Sea lo que sea lo cierto es que no tengo ni idea de que es eso de ser allegado. El Gobierno lo tiene claro cuando lo define como “una persona que, aunque no tenga un vínculo familiar en el sentido tradicional, sea una persona con la que tenemos una afectividad especial”. Por culpa de esta disposición ministerial mi perro, por ejemplo, quedaría excluido de este censo, cosa que me duele bastante al no ser considerado persona en el sentido tradicional, sin embargo sí lo es merecedor, y con creces, en lo que a afectos especiales se refiere. No entiendo por qué los políticos tienen que meterse en casa de nadie y organizar nuestro álbum familiar. Por eso nunca he querido ser allegado. Discriminar a los animales de compañía en fechas tan señaladas me parece una falta de higiene mental. Excluir de los afectos especiales al reino animal por aquello de no ser personas me parece horroroso, intolerable. Ellos no lo harían.

Y ahondando en la revelación mariana de estos políticos tan llenos de caridad humana, que alguien me explique cuál es el sentido tradicional que ha de tener un vínculo familiar. Yo creía que lo de las tradiciones ya era cosa del pasado y que nada tenían que ver con este gobierno tan progresista. Lo digo por la diversidad que hoy en día existe para confeccionar esa unidad familiar y poder darle a cada juntura ese sentido tradicional, que parece ser el camino más corto para poder alcanzar la categoría de allegado.

Todo esto lo veo muy enrevesado, a decir bien, no lo veo. A mí lo de la afectividad especial procuro tenerla guardada a buen recaudo, más que nada porque es un bien muy escaso, no diría en peligro de extinción, pero casi. Por eso digo que me parece demasiado frívolo tratar a los allegados como un anexo de uso y disfrute con tal de completar el aforo máximo del hogar navideño. No me extrañaría que para la cena de Nochebuena hubiera reventas de allegados.

No acaba ahí la historia porque la vicepresidenta Calvo ha salido al quite: “Los allegados son las personas que están en tu vida” Y claro, echando cuentas me salen unos 7.800 millones de personas los que forman parte de mi mundo. Pero es que yo soy muy raro y enseguida pienso que en donde cenan cuatro pueden cenar unos cuantos miles de millones más. El caso es mantener las distancias de seguridad, darle algo de gel hidroalcohólico al langostino y a las 1,30 horas de la madrugada cada mochuelo a su olivo. Ya sé que el razonamiento es otro y que estamos en manos de los mejores expertos y que los miembros y miembras (con perdón) de este gobierno se esfuerzan para bien de todos nosotros, pero es que doña Carmen Calvo me hace dudar cuando habla de los expertos: “Fernando Simón tiene su cargo por razón de su “expertitud” Por eso me da miedo ser allegado y que me confundan con un afinador cuando en realidad soy un afín.

Lo de ser allegado me da mucha grima. Cuando menos te lo esperas alguien te ha metido dentro de un círculo de allegados y ya sabemos todos que un círculo es una región del plano delimitada por una circunferencia y, por tanto, cerrada de tal manera que todos sus puntos están a igual distancia del centro. O sea, una especie de secta rara de la que es muy difícil el poder salir de ella. Además que no me gusta lo de ser un punto distanciado del centro.

En cierta ocasión me llevaron a un cóctel organizado por el círculo internacional de amigos de la berrea del ciervo. Una especie de coleccionistas de cuernos en temporada alta. –Te presento a Lord Weasley, de Móstoles y su allegado Lord Chelmsford, de Jaraíz de la Vera. –Excelente pimentón, mi lord. –acerté a decir. Aquél fue mi primer y único acercamiento al mundo de los allegados. Aunque sé de buena tinta que la moda se ha ido extendiendo hasta el punto de haberse encontrado allegadas y allegados desnudos en el interior de los armarios roperos de ciertas casas ajenas. Es de suponer que tanto los maridos como las esposas hacen vida social por separado y están seriamente obligados a tener buen fondo de armario. Por eso digo que la moda de los allegados es como la famosa caja de bombones de Forrest Gump, que nunca sabes lo que te va a tocar.

Además que es muy difícil hacer una foto robot de estos seres. Para aquellos que no hayan visto nunca a un allegado les diré que los hay más altos y más bajos, incluso acostumbran a presentarse en las casas ajenas en nutridos grupos haciéndolo al grito de: ¡Sorpresa! Incluso los hay que llevan táperes bajo el abrigo. Síntoma de gorroneo asilvestrado para la cosa del afane a domicilio. Un día llamaron a la puerta y allí me encontré con un grupo de allegados. Uno de ellos sopló un matasuegras que acertó de pleno a dar en mi ojo derecho, cosa que me dejó en penumbra: ¡Feliz Navidad! ¡Sorpresa! Gritaban como poseídos por una lujuria descontrolada. Por supuesto que no lograron entrar. – ¿Quiénes eran, querido? –preguntó mi adorable esposa. –Unos allegados que venían de parte de un tal Fernando Simón para instalarse con nosotros. Este año se los he colocado a los Bermúdez, ya sabes, los del quinto izquierda. –Bien hecho, querido.

Debo aclarar que las buenas amistades son cosa bien diferente. Nada que ver con los allegados. Yo por ejemplo tengo amigos que son de verdad los 365 días del año. Estos gozan de mi total admiración y simpatía e incluso de hospedería con derecho a desayuno continental, si fuera menester. Ellos lo saben.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (29)    No(0)

+
2 comentarios