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TRIBUNA

El número de esta Navidad

Jesús Romero-Trillo
viernes 18 de diciembre de 2020, 20:08h

Antonio (nombre ficticio) está siempre en el centro de Madrid. Vive solo, porque no tiene casa, pero su vida no es ficticia, como tampoco es ficticia la vida de las 40.000 personas que -aproximadamente- carecen de hogar en España. Lejos de ser un problema en descenso, la falta de hogar ha aumentado en Europa en un 70% en los 10 últimos años. Según los últimos datos hay 700.000 personas sin hogar en la Unión Europea en la actualidad.

Antonio tiene una silueta inconfundible, con su gorra negra estilo marinero, sus andares irregulares, balanceados, lentos, con los que arrastra su bolsa y su vida. Antonio no tiene prisa y mira con asombro la vida frenética de los otros. Antonio guarda silencio casi siempre, aunque a veces esboza una sonrisa bajo la visera en la que se vislumbran dos ojos pequeños, oscuros y brillantes. Sin embargo, últimamente tiene la mirada apagada y no se le ve la sonrisa, porque la lleva tapada por la pandemia. Los transeúntes comprueban que lleva mascarilla, pero casi nadie comprueba si lleva zapatos…

Antonio pasa los días entre Tirso de Molina y la Plaza de Oriente, pero se le puede ver sentado en los bancos de cualquier estación de metro. Antonio, como la mayoría, fue niño y tuvo una familia, y el día de Navidad los recuerdos del pasado pesan más que el resto de los días, por eso espera que llegue el 25 de diciembre, porque desde hace casi treinta años Antonio no está solo ese día. Hace unas semanas al atardecer, Antonio estaba sentado en la Plaza de Oriente entre un grupo de jóvenes bailando hip-hop y un grupo de turistas disfrutando del atardecer otoñal. Ese día se encontró al amigo con el que pasa siempre el día de Navidad, y que desde hace años le visita todas las semanas para llevarle cena y amistad. Antonio se le quedó mirando y preguntó: ¿este año, vamos a celebrar también la Navidad? Su amigo le respondió que sí.

Pedro, también nombre ficticio, camina por Madrid con paso rápido. Tiene una mirada perdida que intenta conseguir respuestas a las preguntas que no consigue formular con su hablar desgarbado y atropellado. Vive en una habitación de Lavapiés que paga difícilmente con su pensión y se pasa el día buscando ayudas, pero también rezando, en iglesias del centro de Madrid. Pedro sufre problemas mentales, pero sobre ciertos temas tiene las ideas claras. La semana pasada, cuando regresaba a su pensión, vio desde la calle sentado en un bar al amigo de Antonio. Hacía mucho frío. Era la primera noche con temperaturas bajo cero en Madrid. Pedro se detuvo y golpeó la ventana del bar para llamar la atención de su amigo, y le hizo la misma pregunta: ¿vamos a celebrar este año la Navidad? Su amigo le respondió que sí.

Milagros tiene casi noventa años. Se quedó viuda hace unos diez y no tiene familia cercana, solo cuenta con la ayuda de una mujer ecuatoriana y de sus vecinas. Vive en un piso de Malasaña. Desde hace unos años no está sola en Navidad porque el amigo de Antonio y de Pedro también la invita a comer cada 25 de diciembre. Hace unos días Milagros lo llamó por teléfono. Este año no podrá ir porque está enferma, no de coronavirus sino de otra enfermedad que le ha afectado la movilidad. Milagros no quiere pasar sola ese día, porque contra el dolor de la soledad no hay medicinas. Su amigo ha prometido que irá a visitarla el día de Navidad.

Sabemos que esta Navidad del año 2020 va a ser especial. Las autoridades advierten continuamente sobre el número máximo de personas que pueden celebrar las fiestas bajo un mismo techo. No faltan incluso los modelos matemáticos que informan de los minutos que necesita el Covid-19 para contagiar a los comensales según las condiciones de ventilación, volumen de la conversación y ausencia o no de mascarilla, entre otras variables. Sin embargo, y manteniendo todas las precauciones, deberíamos pensar no sólo en el número máximo sino también en el número mínimo para que nadie esté solo en estas fiestas, ni en la calle ni en nuestro portal. Aún estamos a tiempo de que el número de la suerte de esta Navidad empiece siempre por dos.

Jesús Romero-Trillo

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

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