En Moncloa celebran por todo lo alto la llegada a España de la vacuna que erradicará el maldito coronavirus. El ejército de Iván Redondo trabaja sin descanso para convertir la proeza científica en el gran éxito del Gobierno. Los más osados preparan un gigantesco póster de Pedro Sánchez descuartizando al bicho con sus propias manos.
La enfermiza obsesión del Gobierno por convertirlo todo en propaganda es de cachondeo. Sería motivo de indignación, pero conviene tomárselo a broma. Porque el problema de este Gobierno no es la incansable retahíla de bobadas demagógicas que vocifera. Sino los estragos que comete después.
Pedro Sánchez no puede evitarlo. La propaganda es la trampa que le ha llevado al poder y solo piensa en mantenerlo. Por eso, inventa eslóganes o empapela España con carteles electorales como si viviera en una permanente campaña. Era impensable que no aprovechara la expectación de la llegada a España de la vacuna. Y sin dudarlo un segundo, ha envuelto las cajas de cartón que contienen las dosis con una enorme pegatina del “Gobierno de España”, imagen que TVE se ha ocupado de emitir sin cesar. Todavía no aparece el poster del gran héroe. Pero todo se andará. Da igual que la rechifla en las redes sociales lleve camino de batir todos los récords. El presidente insiste cual martillo pilón en salir en la foto. Cree que la vacuna le pertenece. Ya se le escapó a Carmen Calvo lo de que “el dinero no es de nadie”. De ahí, que el Gobierno lo gaste a manos llenas. Ahora, en pegatinas para envolver las cajas que contienen el medicamento.
2020 pasará a la Historia como el año de la peste. En España, el coronavirus ha acabado, de momento, con más de 70.000 vidas y ha devastado la política y la economía; pero con el Gobierno como aliado inestimable, pues más que trabajar para extirpar el virus, ha aprovechado la crisis para cometer fechorías parlamentarias, conchabado con los secuaces de ERC, Bildu y compañía.
España ya se vacuna de la covid-19. Pero nadie ha inventado todavía un remedio para extirpar el virus socialcomunista que todo lo infecta. Primero, habría que expulsar de Moncloa a los demagogos del marketing que engañan a muchos españoles con el mantra de que Pedro Sánchez ha acabado con el coronavirus por dos veces. La primera, antes de irse de vacaciones en verano. La segunda, al traer a España la vacuna. Porque así funciona la enfermiza propaganda de Iván Redondo. Sin pudor.
Ya es hora de combatir esa propaganda. Hay que animar a los mejores sociólogos y psiquiatras a que inventen un remedio que abra los ojos de los españoles y extirpe el virus del Gobierno socialcomunista. Pero esa vacuna tardará más que la de la covid-19. Si es que alguien es capaz de inventarla.