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TRIBUNA

Lecciones para la recuperación

domingo 03 de enero de 2021, 19:24h

En los caracteres kanji, usados tanto en el japonés como en el chino, la palabra “crisis” se escribe con dos símbolos, el primero significa “peligro” y el segundo “oportunidad”. Esta referencia, popularizada por Kennedy y empleada en innumerables ocasiones (como el discurso de Al Gore al aceptar el Premio Nobel de la Paz en 2007), resume muy bien la situación actual; si el 2020 ha sido el año de la crisis del covid-19, solo queda esperar que el 2021 sea el año de la oportunidad de la recuperación. Una recuperación que permita avanzar y mejorar las condiciones de vida y que debe basarse en el aprendizaje de un conjunto de lecciones derivadas de la pandemia.

En primer lugar, la pandemia ha demostrado la inutilidad y la miopía del nacionalismo y la antiglobalización. El covid-19 ha puesto de manifiesto que en el mundo actual los problemas son globales y necesitan de soluciones globales. Aquellos que presumían de la autosuficiencia de sus territorios han quedado retratados al pedir constantemente ayuda a las instancias superiores. La recuperación, para ser eficaz, debe de basarse en la cooperación y la integración.

En segundo lugar, la pandemia ha puesto de manifiesto que la Unión Europea es más necesaria que nunca. La centralización de las compras de material sanitario por parte de la Comisión Europea ha permitido reducir costes, asegurar el suministro y coordinar la acción de los 27 estados miembros; la labor de la Agencia Europea del Medicamento transmite la necesaria confianza a la población y el paquete europeo de recuperación insuflará oxígeno a la economía. Pese a ello, ha habido una descoordinación preocupante entre los diferentes estados miembros en aspectos tan cruciales como el cierre de fronteras, lo que demuestra que aún hay mucho camino por recorrer.

Los próximos años van a suponer un fuerte examen para el proyecto europeo. La crisis económica llevará a que algunos cuestionen la conveniencia de la Unión y la necesidad de cumplir los compromisos adquiridos con el resto de estados miembros, como ya hicieron en la crisis anterior. Ojalá las lecciones aprendidas en este 2020 hagan rechazar los cantos de sirena del populismo cuando la economía europea se resienta y lleven a entender que es crucial cumplir con rigor las obligaciones contraídas con los socios europeos.

En tercer lugar, la pandemia ha puesto de manifiesto la importancia de la economía de mercado. La vacuna que ha llegado a España ha sido desarrollada por una de las mayores multinacionales del mundo, Pfizer, que cuenta con más de 90.000 empleados (una plantilla mayor que toda la ciudad de Toledo o Guadalajara) y que genera unos ingresos de 52.000 millones de dólares anuales. Conviene tener en cuenta, además, que es una empresa cotizada del S&P 500, y que su accionariado está participado mayoritariamente por las gestoras de fondos Vanguard Group, Blackrock y State Street Corporation. La crisis del covid-19 ha demostrado la importancia de las multinacionales y del sector financiero en la consecución de los intereses generales, frente a aquellos que cuestionan su papel en el mundo globalizado y apuestan por la vuelta a economías locales y regionales, limitando el músculo de las grandes empresas.

En cuarto lugar, la pandemia ha revelado la eficacia de la colaboración público-privada. En España, la apertura de hoteles medicalizados para enfermos, la ropa de cama donada por El Corte Inglés o la puesta a disposición de las redes de distribución de Inditex son buena muestra de ello.

La colaboración público-privada no solo fue importante para atajar la situación de emergencia de marzo, sino que también ha sido crucial para el desarrollo de las vacunas, que se han visto posibilitadas por la capacidad y el ingenio de las grandes empresas farmacéuticas, pero también por la fuerte financiación pública y la distribución de las mismas a través de los sistemas de salud, asegurando la equidad y la universalidad en el acceso.

La interacción entre el sector público y el sector privado lejos de ser un riesgo es una gran oportunidad para la consecución de los intereses generales y no tiene por qué circunscribirse a las situaciones de crisis. Las grandes empresas no son enemigas ni del Estado ni de la ciudadanía, son parte tanto del Estado como de la ciudadanía y la colaboración con ellas tiene que ser uno de los ejes de la recuperación.

En quinto lugar, la crisis debe de servir para rechazar los planteamientos anticientíficos que han proliferado al calor de las noticias falsas y de las redes sociales y que, aunque marginales, son tremendamente peligrosos. La respuesta anticientífica ante las crisis sanitarias no es nueva, con casos como los movimientos del siglo XIX en Inglaterra contra las medidas sanitarias puestas en marcha para combatir la viruela. La ciencia se ha demostrado como el único camino posible para solucionar la pandemia, como afirma Alan Sokal, profesor de física en la Universidad de Nueva York, “la ciencia no puede ser considerada como otro sistema de creencias más”.

Antonio Mateos

Administrador Civil del Estado

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