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TRIBUNA

¿Es el ser humano propietario de su cuerpo?

José María Méndez
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axiologiatelefonicanet/9/9/20
miércoles 06 de enero de 2021, 20:16h

“Yo soy la dueña de mi cuerpo y hago con él lo que quiero”. Esta frase en bocade una mujer abortista da por supuesto que el feto en sus entrañas es parte de sucuerpo. Esto es claramente falso, pues el feto tiene un código genético distinto del dela madre. Aunque físicamente esté en el seno de la madre y se alimente gracias a ella,eso no anula lo fundamental, el nuevo código genético. Con todo, y únicamente a losefectos de este artículo, podemos dar la razón a la abortista. Admitamos la falsahipótesis de que el feto sea parte de su cuerpo. La pregunta sería entonces “¿posee lamadre el 'ius proprietatis' del Derecho Romano sobre su cuerpo, feto incluido?”.

Nótese que, al usar el lenguaje ordinario, la mujer abortista está reconociendo la crucial diferencia entre espíritu y cuerpo en el ser humano. El propietario es el espíritu. En este caso ella misma como persona. La cosa presuntamente poseída enpropiedad es su cuerpo. Sólo la persona, en cuanto ente espiritual, puede ser titular de un derecho de propiedad. En cambio, las cosas son el contenido u objeto de ese derecho, en este caso un cuerpo de mujer.

“Yo soy mi cuerpo”, decía Merlau-Ponty. Como en el caso de la abortista,también ahora el simple hecho de que la palabra “yo” sea el sujeto gramatical de esta frase y “mi cuerpo” el predicado, echa por tierra el pretendido materialismo de este autor. “Yo, tu, él, ella, nosotros, vosotros, ellos” son pronombres personales, como se lee en cualquier gramática. Es el espíritu personal el que nos constituye en un “yo” que habla o hace uso el lenguaje. Las cuerdas vocales, como parte del cuerpo, son sólo un medio, el instrumento usado por el espíritu. También se puede hablar con gestos.

Como era de esperar, la reciente lógica formalizada no ha hecho sino confirmar la distinción entre cuerpo y espíritu, y reforzar lo anticipado por la gramática. El primero de los operadores lógicos, el afirmador-negador, implica la existencia del espíritu como libertad positiva, o sea, la capacidad de decir la verdad o su contrario, la falsedad. En cambio, un perrito no tiene lenguaje, ni tiene espíritu, ni es persona, ni se percibe como un “yo”. Sólo puede ladrar triste cuando cuando su amo le deja en casa, o alegre cuando vuelve. No puede ladrar al revés, alegre cuando le dejan en casa y triste cuando vuelve su amo. No puede mentir, y por lo mismo tampoco puede decir la verdad. No es libre en sentido positivo. Carece de lenguaje. En él no hay espíritu, sino sólo cuerpo. Si pudiera hablar, podría decir con sentido “yo soy mi cuerpo”. O quizá Merlau-Ponty se percibió a sí mismo como un perrito cuando dijo eso.

Así pues, Platón tenía razón. El ser humano está dividido. Su espíritu pertenece al mundo superior de los valores y la libertad. En cambio su cuerpo, incluido todo lo meramente psíquico, instintivo o sentimental, se sitúa en el mundo inferior de la naturaleza causal. El afirmador-negador divide de entrada toda la realidad en dos mundos bien distintos. El mundo de la naturaleza causal es inmenso. Comprende elentero cosmos, incluidos los cuerpos humanos y hasta su psique. Por el contrario, el mundo de la libertad y los valores ni siquiera tiene volumen. Y sin embargo es el mundo más importante y decisivo de los dos.

Volviendo a la frase de Merlau-Ponty, la corregiremos así: “Yo soy mi espíritu, y mi cuerpo no lo soy, lo tengo”. Lo que verdaderamente es el ser humano, lo que constituye su auténtica esencia, es su espíritu. Y con su doble capacidad de discernir entre el bien y el mal, y decidirse por uno u otro. El espíritu consiste en la unidad inseparable de entendimiento y voluntad. El espíritu lo “somos”. Es lo que nos constituye en personas. Nos percibimos como un “yo”. En cambio, el cuerpo lo “tenemos”. No pertenece a nuestra esencia. Es algo externo a ella, por más que eneste mundo el espíritu nada pueda hacer sin el cuerpo.

Otra aportación del afirmador-negador es la conexión mutua entre valores y libertad positiva. Es un dato ofrecido por la lógica, al que la gramática no llega. Recordemos de paso que libertad positiva es la capacidad de hacer el bien o el mal, mientras que libertad negativa es la manera de ejercer la positiva, o sea, con tales ocuales medios, aquí o allá, antes o después, en tales o cuales circunstancias, etc.

La libertad positiva es inseparable del arco de valores que tiene delante yseñalan el sentido de la vida humana. Se nos ha dado la libertad para vivir los valores.Lo que obviamente implica la posibilidad de violarlos. Pero lo decisivo ahora es quevalores y libertad positiva son inseparables. Formalizamos su mutua conexiónmediante el coimplicador valores ↔ libertad positiva

La diferencia entre libertad positiva y negativa equivale en definitiva a la más conocida distinción entre fines y medios. Los valores son los fines que el espíritu debe realizar. Dan a la vida humana su exacto sentido. Estamos en este mundo para hacerlos realidad. Y sólo para eso. En cambio, los medios se corresponden con la libertad negativa, con la manera en que la libertad positiva da cumplimiento a los valores. Y sin duda el primer medio a disposición del espíritu es el cuerpo al que está unido y sin el cual no puede vivir los valores.

La consecuencia es obvia. El cuerpo no ha sido dado al espíritu para que haga con él lo que quiera, a su mero capricho o arbitrio, sino para que realice valores. Y sólo para eso.

En los albores del Derecho Romano el “ius proprietatis” pudo verse exageradamente como “ius utendi et abutendi”. Hoy día vemos más claras sus limitaciones. Al propietario de una extensa finca le concedemos el derecho a destruirla casa que él mismo edificó en ella. Pero no le reconocemos el derecho a talar el bosque de árboles centenarios, que también hay ella y él no plantó.

Esta consideración debiera ya ponernos en guardia frente al ilógico grito de las abortistas “yo hago con mi cuerpo lo que quiero”. Si tenemos en cuenta que el cuerpo lo tenemos para vivir los valores en cuanto fines, y sólo para eso, entonces llegaremos a la consecuencia de que no se trata propiamente de “ius proprietatis”, sino más bien de la figura que en el Derecho Romano se conocía como “in iurecessio sub conditione”. El verdadero propietario cede a alguien el uso y disfrute de un bien suyo, aunque imponiendo ciertas limitaciones. En nuestro caso la condición esobviamente que usemos el cuerpo para vivir los valores. Dios es el verdadero propietario de nuestros cuerpos, porque lo es de toda la naturaleza. Y nuestros cuerpos forman parte de lo que llamamos “naturaleza”.

Si tuviéramos pleno derecho de propiedad sobre el cuerpo, podríamos venderlo, como hacen las prostitutas. Y sin embargo, esta conducta ha sido vista siempre, y con toda razón, como una falta contra el respeto debido al propio cuerpo. El que censura la prostitución niega automáticamente el derecho de propiedad sobre el propio cuerpo.

En conclusión, el verdadero propietario de nuestro cuerpo es Dios. Nos lo ha cedido con la condición de usarlo para vivir los valores. Y si lo empleamos para violarlos, se nos pedirá cuenta de ello.

Este razonamiento bastaría para condenar el aborto voluntario como un abuso, por muy legalizado que esté por una mayoría parlamentaria. Extiende su fuerza lógica al feto, incluso visto como una parte del cuerpo de la madre. En este falso supuesto tampoco la madre podría disponer del feto a su antojo. Por supuesto, la malicia intrínseca del aborto voluntario se refuerza y consolida por el hecho de que el feto no es parte de su cuerpo, sino un nuevo ser humano, con su código genético propio y distinto del de la madre.

Otro tanto puede decirse de la eutanasia. Nadie puede tener derecho a pedir a los demás que le ayuden a suicidarse. Como nadie tiene derecho a exigir a los demás que le ayuden a robar.

El razonamiento puede extenderse a la naturaleza en general. También nos ha sido cedida como medio adecuado para realizar los valores. Sólo muy recientemente la ecología nos ha hecho ver que hemos tratado la naturaleza, hasta hace muy poco tiempo, como si tuviésemos sobre ella un aberrante “ius utendi et abutendi.” Sólo ahora hemos empezado a comprender que Dios es el verdadero propietario de la naturaleza. Nosotros la tenemos cedida bajo la condición de usarla conforme a los valores. Sin duda debemos respetarla porque, si no lo hacemos, la contaminación del medio ambiente acabará con nosotros. Pero hay una razón más profunda para respetarla. La naturaleza no es nuestra. Dios es el verdadero propietario del entero mundo de la naturaleza causal, incluidos los cuerpos humanos, como se dijo antes.

Cabría preguntarse ¿es también Dios el propietario de nuestro espíritu? Lutero y Calvino responderían que sí. Nunca entendieron que el hombre es libre en sentido positivo, único y exclusivo responsable del bien o el mal de sus acciones, dueño de su destino eterno. Esta fue precisamente la gran traición de la Reforma a la verdad en general, y al cristianismo en particular. Imaginaron una predestinación divina que anulase la libertad positiva del hombre. Pero obviamente la respuesta correcta es negativa. Dios nos creó libres y siempre nos respetará como tales, o sea, como personas únicas en la historia universal. Nunca atropellará nuestra libertad, rebajándonos a la condición jurídica de esclavos.

En conclusión, la respuesta a la pregunta del título es que el ser humano no es propietario de su cuerpo. Lo que es especialmente relevante en temas tan actuales y debatidos como el aborto y la eutanasia. Nadie puede hacer con su cuerpo lo que levenga en gana. Lo “tenemos cedido” para vivir valores, y sólo para eso.

José María Méndez

Presidente de la Asociación Estudios de Axiología

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