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TRIBUNA

Córdoba y el Ejército

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 13 de febrero de 2021, 19:35h

La Historia está tan cargada de enigmas que ni siquiera la ardua y afanosa entrega de los servidores de Clío logrará rescatar para la verdad algunos de sus misterios más enrevesados.

Tras siglos enemistada con la Modernidad y, a las veces, incluso desahuciada de cualquier innovación creadora, la ciudad que ha un milenio era una de las tres o cuatro urbes más potentes del mundo semeja reencontrarse ahora con un futuro ilusionante. Por vía del BOE, el demiurgo de la contemporaneidad nacional, la antigua capital del califato occidental se encuentra casi ineludiblemente abocada a un inmediato porvenir de desarrollo espectacular con su erección como centro decisorio de las Fuerzas Armadas españolas, al par que eje esencial de la defensa europea: Plan Colce (Concentración de Órganos logísticos del Ejército). En unos momentos en que, pese al feliz abandono de la Casa Blanca por Trump, la salvaguardia militar del Viejo Continente gravitará incesable e incesablemente en torno al esfuerzo particular de cada uno de los países integrantes de la Unión Europea, el protagonismo castrense cordobés se ve peraltado hasta extremos difíciles hodierno de imaginar. Pues, naturalmente, el inmenso conjunto logístico cordobés se elevará a la categoría de actor principal de toda la estrategia militar de Occidente.

Venturosamente, la envidiable coyuntura de crecimiento en todos los órdenes ofrecida a la provincia andaluza por el actual gobierno de la nación se encuentra anclada en sólidos pilares. Su situación geográfica resulta de todo punto inmejorable al descubrirse como nudo de comunicaciones altamente satisfactorio, con nexos a la vez fáciles con el mar Mediterráneo y el Océano Atlántico; así como con un Portugal llamado igualmente a desempeñar funciones claves en el cuadro defensivo de la Europa del siglo XXI.

Asimismo, en el horizonte tecnológico que enmarcará las próximas etapas del progreso de las sociedades avanzadas, el emplazamiento de Córdoba se ofrece muy alentador. Su Universidad, una de las escasas de nuevo cuño -días del tardofranquismo, Villar Palasí y el egabrense José Solís- que ganase a pulso su hermanamiento con las más afamadas españolas-, presenta una panoplia de saberes y enseñanzas en vanguardia modesta pero firme del cultivo de dicha rama de las ciencias experimentales. En tal terreno ha de incluirse igualmente el elevado crédito atesorado por las disciplinas galénicas y establecimientos hospitalarios de la vieja ciudad califal. Sin que, no obstante, por ello figure en retaguardia el papel representado por sus reputados centros agropecuarios y su antigua y venerable Facultad de Veterinaria, alzada de nuevo otra vez al primer plano de la actualidad nacional con la epidemia del Corona-virus 19, avanzada, por desgracia, de otras plagas en cuya erradicación o amortiguamiento los saberes impartidos en sus aulas y, en especial, las investigaciones de sus laboratorios ocuparán sin duda un lugar axial.

Es claro que el patrimonio humanístico y jurídico que acrece el valor y cotización del Alma Mater cordobesa en el áspero mercado a que hoy también se hallan sometidas las doctrinas y enseñanzas de los denominados por nuestros abuelos “templos del saber”, jugará un alzaprimado papel en el futuro de una Córdoba removida hasta sus entrañas más íntimas por el acontecimiento-hito al que han estado dedicadas estas líneas, que, tendrán que tener, según es obvio, continuidad en un próximo artículo.

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