Ha justamente un año que desapareciera uno de los universitarios cordobeses más afanosos por robustecer los lazos entre el Ejército y la sociedad de su tierra natal: el Prof. Enrique Aguilar Gavilán. La noticia de la elección de la sede del Plan Colce (Concentración de órganos Logísticos Centrales del Ejército) en el solar privilegiado del antiguo califato Omeya habría, sin duda, embargado su espíritu de una satisfacción sin igual.
Por fortuna varios de los colegas y amigos de este alquitarado cordobés aportarán en los próximos años un muy notable e incesable esfuerzo para que la dimensión humanística del mencionado Plan se ofrezca destacada y a la altura de sus restantes áreas. La plena inserción de las enseñanzas militares en el cuadro de las civiles que hodierno se muestra como una de las realidades más prometedoras del cuadro hoy muy convulsionado de las materias impartidas por los máximos centros docentes, será en su plasmación cordobesa otra prueba radiante de lo acabado de afirmar. En disonancia con lo acontecido normalmente en un país todavía muy imantado por la improvisación, en la esfera referida no se parte de cero. En fructífera colaboración con profesionales de la Milicia atraídos por el estudio de la historia militar y el análisis de los conflictos en el mundo actual, catedráticos prestigiosos como Fernando López Mora, Manuel Torres Aguilar se responsabilizan desde hace años de un alto organismo universitario y castrense consagrado al fomento de los estudios indicados en el muy importante establecimiento militar de Cerro Muriano. Cara al inmediato porvenir habrá de potenciarse, sin prisa pero sin pausa, todo el contenido de sus actividades presentes, al propio tiempo que las demandadas con urgencia por una coyuntura internacional y nacional en la que la Defensa reviste crecientemente mayor trascendencia, según el ciudadano corriente comprueba cada día en el periódico de la mañana y en las redes sociales.
Simultáneamente con las acciones de tal índole, el Alma Mater cordobesa habrá de prestar atención muy específica al conjunto de su oferta académica puesta a disposición de un número muy elevado de la tropa y mandos del COLCE, interesados sobremanera en seguir carreras universitarias que dilaten sus horizontes profesionales o satisfagan antiguos anhelos. Tampoco aquí se producirá un salto en el vacío. Los frutos entrojados en los lugares en que la estrecha vinculación entre Universidad y Sociedad es o ha sido una experiencia fecunda, demuestran palmariamente lo positivo de dicha iniciativa. Zaragoza se descubre como ejemplo insuperable de ello. Desde hace medio siglo las estructuras civiles y castrenses que posibilitan el sugestivo empeño atesoran un dinamismo enriquecedor en sumo grado de la existencia cuotidiana de la capital aragonesa.
Claro es que en tan atractivo panorama se cuentan puntos negros y retos de no pequeña magnitud. La inexistencia, v. gr., en Córdoba de una Facultad de Ciencias Políticas y aun de otra de Ciencias de la Información, no es, desde luego, una de las menores sombras o los huecos de una empresa colectiva en extremo cautivadora. En el tercer artículo de la serie trataremos de ello con una mínima latitud.