El llamado “efecto rebaño” es connatural a los seres humanos. Este efecto no consiste únicamente en seguir a un líder, como a menudo se piensa, sino en evitar salirse de las normas de un grupo para no destacar. La socióloga experta en la Teoría de Sistemas Zeynep Tufekci lo explicaba del siguiente modo en una entrevista reciente en el New York Times: “hay mucho de lo que llamaríamos ‘efecto rebaño’ o versiones de efectos de pensamiento de grupo. Son conceptos sociológicos en los que los actores de una institución se miran unos a otros para decidir cuál es la norma. Y luego lo reflejan ... Tienen un marco a través del cual interpretan las cosas. Y muy a menudo, no se mueven lo suficientemente rápido porque tales marcos, tales heurísticos, tales formas de ver el mundo tienen mucha inercia.”.
Si bien es cierto que los líderes pueden definir el marco en el que movernos, que puede ser más o menos restrictivo, lo interesante de la propuesta de Tufekci es que la construcción de la norma es colectiva, por lo que saltarse la norma tiene una dimensión social más que legal. De hecho, no es fácil salir de la inercia, pues el pensamiento único, es decir, la disciplina de grupo o de partido, puede ejercer una gran presión sobre el individuo.
Estoy convencido de que uno de los cambios antropológicos más relevantes de nuestro tiempo es el del aumento de la importancia del individuo frente a la progresiva irrelevancia de las instituciones. Se puede decir que último año ha sido el de la responsabilidad personal, como se ha puesto de manifiesto en las decisiones que todos hemos tomado para garantizar nuestra salud y la de nuestros seres queridos. Curiosamente a esta actitud no se la denomina “individualismo”, aunque se decida autónomamente y vaya muchas veces en detrimento de la participación en eventos grupales.
Ahora el respeto a la persona es un valor en alza frente a la lógica del rebaño y, como todos los cambios de mentalidad pasan primero a través del lenguaje, mi predicción es que la palabra “individualismo” dejará de utilizarse paulatinamente en los próximos años para sustituirse por el término “responsabilidad personal”. Sin embargo, como ocurre en todos los momentos de cambio, resulta difícil comprenderlos en su totalidad cuando los estamos viviendo en primera persona.
En contra de lo que algunos pensaban, antes de la pandemia no vivíamos en la era del individualismo, sino que seguíamos instalados en la era del rebaño. Quizá nuestro rebaño 2.0 era más sofisticado, puesto que nos mirábamos unos a otros a través de las pantallas y las redes sociales, pero el efecto era el mismo: no salirse de la norma.
Dice Adam Grant en su último libro “Think again” (Piensa otra vez) que podemos mirar el mundo de otra manera si nos arriesgamos a cambiar nuestra forma de pensar. La responsabilidad personal nos obliga a tomar decisiones que ya no dependen únicamente del criterio de las instituciones, que siguen aún con la inercia del pasado. Es el momento de repensar lo que pensamos.
@jromerotrillo