Querido lector, que Ud. sepa que el artículo que está a punto de leer, aboga por la necesidad de constituir un gobierno de coalición de manera inmediata, a pesar del triste espectáculo, instigado por las máximas autoridades del país, ¿qué hacía el Sr Ábalos, Ministro de Transportes, en ese lío?, que esta semana han vuelto a protagonizar los partidos políticos, en concreto esta vez, PSOE y Ciudadanos.
¿Cómo?, puede preguntarse incrédulo, pero ¿no se da cuenta que tras elecciones catalanas, el Sr. Sánchez ha resultado “triunfador” y el Sr. Casado derrotado?… ¿Qué interés puede tener el vencedor en unir su suerte a la del perdedor? Pero si se llevan fatal, podría decir otro lector, por no hablar de lo de Murcia, diría un tercero…
Voy a intentar darles algunos argumentos. Ud., lectores, coincidirán conmigo en que España atraviesa una cuádruple crisis:
En primer lugar, la crisis sanitaria provocada por el covid, con más de 90.000 muertos y toda la incertidumbre de un proceso de vacunación, todavía con más sombras que luces y la esperanza de que en el 2021, finales diría yo, se alcance la inmunidad de grupo.
La consiguiente crisis económica con un nivel de destrucción de empresas y de empleo sin parangón. Casi cinco millones de parados oficiales, otros quinientos mil autónomos acogidos al cese, más de 111.000 empresas destruidas o zombis, los bancos que empiezan a flojear (¿quién les mandaría coger parte del riesgo de esos créditos covid que dio el Gobierno?). Un déficit galopante y un nivel de endeudamiento público creciente, sólo soportable por la ayuda del BCE y las relajaciones de las políticas fiscales europeas. Aquí, ya saben, la vacuna son los 140.000 millones de euros de fondos europeos (el nuevo rescate) que, a día de hoy, tampoco sabemos cuándo ni cómo van a llegar y si llegarán a las pymes en último caso
¿Qué les voy a contar de la crisis institucional? Renovación del poder judicial, crisis territorial, “agotamiento” del modelo del 78, nación de naciones, reabrir la constitución, cierre del modelo autonómico, revisión del sistema electoral, conversión del Senado en la Cámara territorial, corrupción, ley de educación…
Y la última y peor, de la que no sé si el Sr. Sánchez y el Sr. Casado son conscientes, es la crisis de desencanto social que se está apoderando de la ciudadanía y que se refleja en aspectos tan dispares como las colas del hambre, los casi seiscientos mil españoles que ya no buscan trabajo, la abstención tan elevada en las últimas votaciones o la desconfianza total de los españoles hacia los partidos políticos y sus líderes. Encuesta tras encuesta del CIS, los partidos y sus líderes aparecen como parte importante del problema y no como la solución.
Lo peor es que la confianza perdida no puede ser recuperada de inmediato, máxime si nuestros líderes políticos hacen lo contrario de lo que la ciudadanía espera de ellos: que se pongan de acuerdo.
Cualquiera de nosotros tendría claro que hacer frente a esta crisis con tan múltiples frentes requiere un Gobierno con una gran mayoría absoluta que refleje el sentir mayoritario de todo el país, y que movilice todos los recursos de los que se dispone. Pues bien, ¿qué hacen nuestros líderes el Sr. Sánchez y el Sr. Casado?
El Sr. Sánchez, con sus 120 diputados, se empeña en gobernar con todos aquellos que un tiempo ha, le quitaban el sueño y que hoy se lo quitan a casi todos los españoles, si ya saben Bildu, ERC, CUP, el partido de Puigdemont, Podemos y quien haga falta y se deje, hasta completar la mayoría requerida en cada votación. Un Gobierno sostenido por partidos que abiertamente dicen buscar la destrucción de la España constitucional.
El Sr. Casado, con sus 89 diputados, por su parte, dice que él es la oposición y enuncia los desastres de un país sin oposición (véase el desastre alemán) para negarse a alcanzar ningún acuerdo, con el apoyo, sin duda, del Sr. Sánchez.
Mientras nuestros dos “grandes líderes” no se ponen de acuerdo, las crisis siguen agudizándose y los extremos crecen imparables a ambos lados, alimentados sin duda por ese no hacer nada de nuestros líderes, y ya suman 119 diputados, el 34% de la Cámara, que quieren de una manera u otra romper el consenso constitucional y radicalizan nuestra vida política espantando al ciudadano medio ajeno a estos niveles de radicalización y limitando la acción efectiva del Gobierno
En el futuro inmediato es imposible vislumbrar un gobierno de amplia mayoría en España, el PSOE en un escenario favorable lograría unos 140 escaños, mientras que el PP, si el escenario le resulta muy favorable obtendría unos 120 escaños. En ambos casos volverían a depender de los partidos extremistas cuyo único objetivo es radicalizar la vida política y social española y en el caso de los partidos independentistas directamente la destrucción de España.
Sin embargo, ya hoy, se podría constituir un Gobierno con el apoyo de más de 221 escaños, que tendría la mayoría absoluta necesaria en ambas Cámaras para hacer todos los cambios necesarios si sus líderes abandonan sus trincheras y se ponen a ello.
En base a todo lo anterior, quiero hacer un llamamiento a los Sres. Sánchez y Casado, para que dejando a un lado su ego, gobiernen para esa inmensa mayoría de españoles que están de acuerdo con el modelo constitucional del 78 y constituyan un Gobierno de concentración nacional liderado por el PSOE con PP, Ciudadanos y si se aviene el PNV, para afrontar unidos las crisis que afectan a la sociedad española.
Apelo también a los diputados, tanto del PSOE como del PP, para que fuercen, sí fuercen, a estos Señores a alcanzar un acuerdo, so pena de propugnar un cambio de líder o una paralización del Congreso. ¿Acaso no hay nadie responsable en los partidos? Bastaría con que 20 diputados de cada uno de los dos grandes partidos se mostrasen públicamente favorables a esta propuesta y actuarán en consecuencia para que los Sres. Sánchez y Casado se lo tuvieran que hacer mirar.
Espere, espere, me dice un lector: ¿Sabe Ud. que ni el 20% de los votantes del PSOE y ni el 20% de los votantes del PP apoyarían este Gobierno de concentración? Mi contestación es clara: de la misma manera que ni el 20% de los votantes socialistas aprobaban el ingreso de España en la OTAN y se consiguió. ¿Por qué?, porque había liderazgo.