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BALONCESTO

NBA. La leyenda Phil Jackson entiende a Trump y dispara contra todos

NBA. La leyenda Phil Jackson entiende a Trump y dispara contra todos
domingo 28 de marzo de 2021, 23:22h
Actualizado el: 30/03/2021 18:18h
El entrenador ha explicado que empatiza con el expresidente americano en su relación con los medios de comunicación.

Phil Jackson formó parte, como jugador, del equipo de los New York Knicks que ganó los dos únicos anillos de la historia de la pomposa franquicia (1970 y 1973). Sin embargo, no es esta faceta la que le ha colocado en el Olimpo del deporte estadounidense y mundial. Su figura ha adquirido la dimensión de legendaria como el entrenador de baloncesto más importante de todos los tiempos. Su nombre está en la cima de una lista que forman otros iconos como Pat Riley, Red Auerbach, Gregg Popovich, Don Nelson, Chuck Daly, Steve Kerr o Larry Brown. Ninguno de ellos ha amontonado tanta gloria como él.

Al mando de los Chicago Bulls de Michael Jordan, de Los Angeles Lakers de Kobe Bryant y Shaquille O'Neal, y de la versión angelina formada por Bryant y Pau Gasol, este majestuoso gestor de egos acumuló once anillos. Una barbaridad total y absoluta que coloca el listón en una altura inimaginable para el resto. Llevó a esos equipos a trece Finales y sólo perdió dos. Asimismo, se le reconoce la implementación y perfeccionamiento de un cambio táctico radical: el llamado triángulo ofensivo. Esa innovadora armonía de movimientos destrozó defensas durante décadas.

Para calcular el legado que ha dejado como director de orquestas en una cancha es necesario sentarse y guardar tiempo. La riqueza de sus habilidades en todas las facetas que requiere ese cargo han dado para una frondosa amalgama de publicaciones -escritas, sonoras y audiovisuales, como el afamado documental 'The Last Dance'-. Él mismo ha publicado ocho libros, en los que desgrana la filosofía con la que ha domado y moldeado a deportistas de todo tipo para cosechar éxitos. Y dejarles un poso.

Jackson cuenta con una inquietud intelectual y espiritual sobresaliente. Desde que era asistente en los New Jersey Nets, antes de conquistar el mundo de baloncesto desde Illinois y California, se conoce su energética lectura de multiplicidad heterodoxa de temas. Esa actitud le proporcionaría conclusiones y enseñanza que distribuiría, encauzadas, entre sus jugadores. Amén de establecer la costumbre de regalarles un libro a cada uno en cada temporada. El amplio anecdotario publicado al respecto le ha dotado de un misticismo que ha derivado en su apoyo: "El Maestro Zen".

Pero su inmaculada imagen, regada con una reputación de simpatía con la contracultura de los años 70 norteamericanos (tiene una casa en Woodstock y ha plasmado en literatura su experiencia con el LSD), se comenzó a emborronar cuando aceptó el puesto de máxima responsabilidad de la directiva de los Knicks. En marzo de 2014 firmó como director de operaciones en una franquicia que arrastraba años de zozobra deportiva, inmersa en una crisis ya estructural. Confiaron los neoyorquinos en su estatus de gurú para regenerar a una institución mustia. Y en la Gran Manzana no brotaría el oro de este particular rey Midas del básquet. En junio de 2017 fue despedido.

No funcionaría su apuesta de contratar a entrenadores que conocieran su táctica del triángulo ofensivo. Kurt Rambis, Jeff Hornacek y Derek Fisher naufragaron con estrépito, resultando la contratación de este último uno de sus decisiones más polémicas. El que fuera base de sus Lakers había mutado en técnico y recibió la alternativa en los Knicks. Sólo ganó 17 partidos en su primer curso y le echaron en el segundo, cuando llevaba una inercia de nueve derrotas en diez encuentros. Abortaron con celeridad la hoja de ruta que consistía en instalar en los jóvenes el libreto táctico dorado y esperar al medio plazo para recoger el fruto. Estos fueron los balances de sus tres temporadas como dirigente: 17-65, 32-50 y 31-51.

Además, no pocas críticas se alzaron cuando contrató a Joaquim Noah por 72 millones de dólares y cuatro temporadas. El francés sólo compitió 46 veces, se lesionó y hubo de perderse 20 fechas porque dio positivo en un control antidopaje. Su traspaso se destaca como uno de los peores que ha registrado al NBA jamás. Tampoco se demostró atinada la confianza depositada en un Derrick Rose que navegaba entre entuertos disciplinarios, judiciales y de juego. Ni se comprendió el regalo a los Cavaliers de dos piezas como Iman Shumpert y J.R. Smith -campeones en Ohio- por Lou Amudson, Alex Kirk y Lance Thomas.

Este monto sería coronado con la directriz de deshacerse de Carmelo Anthony y Kristaps Porzingis. Cuando Jackson entregó a 'Melo' la capacidad contractual de vetar su propio traspaso -cláusula que le permitió quedarse y renovar por 124 millones de dólares y cinco años, en un acuerdo nada fructífero desde todo punto de vista-, la franquicia elevó su tensión con el otrora técnico indiscutible. Finalmente, James Dolan, propietario de los Knicks, le enseñó la puerta. Al enfrentarse con el anotador de Brooklyn y el tirador letón prendió una mecha que se tornó en incendio cuando quiso venderles.

De aquella época en Nueva York emerge, en paralelo, el oscurecimiento de su imagen pública. Se ha publicado que en el amanecer de los cuestionamientos a su gestión expandió una estratagema de filtraciones, rumores, insinuaciones y críticas públicas hacia sus jugadores. No admitió, en abierto, ninguna responsabilidad sobre la zozobra del proyecto que lideraba. Y llegó a ser objeto de reprimenda de la Asociación de Jugadores de la NBA por unos comentarios sobre Carmelo Anthony. "He aprendido que no puedes cambiar las manchas de un leopardo", tuiteó sobre el alero. Dejando una polvareda espectacular.

Esta semana ha repasado lo vivido en ese periodo, ante los micrófonos del pódcast 'The Curious Leader'. "En primer lugar, tenías a los medios de comunicación que estaban decididamente en contra de la franquicia. Estaban buscando cualquier cosa que pudieran hacer para lanzar difamaciones hacia la franquicia. Creo que Jim (Dolan) sintió que me estaba enfrentando a montaña demasiado grande y me relevó del trabajo porque vio que los medios iban a respaldar a Carmelo en esta situación. Y yo iba a ser el tipo que me iba a cargar con todo. Quiero decir, hubo mucha distorsión y los mensajes de texto y los medios de comunicación tuvieron una gran culpa de eso", resumió.

Tras poner la diana en la prensa, sobre su incidente con Anthony alegó que el tuit de la discordia pretendía hacer ver que "aprendí muchas cosas sobre que no puedes cambiar a los jugadores en torno a quiénes son". "Usé esa terminología (la de las manchas del leopardo), que utilizamos mucho, y se dijo rotundamente que era un comentario racista o cualquier otra cosa que se pudiera añadir a esa mezcla", resaltó, para, de inmediato, argumentar que "creo que el triángulo ofensivo podría funcionar para él ('Melo'), pero no es ese tipo de jugador. Y no se cambia a un jugador para que se ajuste a un molde. Él mismo tiene que ser quien es en la cancha. E hice esta declaración. Y fue una de estas cosas que crearon una tormenta de fuego".

Por último, clausurando su diatriba contra los medios de comunicación, compartió la siguiente reflexión: "Entiendo con lo que (Donald) Trump ha tenido que vivir probablemente durante sus primeros tres años y medio en el cargo, con los medios de comunicación, en el muy corto plazo que estuve en ese puesto con los Knicks". A continuación, se dispararon en esa prensa a la que atacó las comparaciones entre el entrenador y el presidente saliente de Estados Unidos. Y se ha puesto sobre la mesa parte del historial que ha enfangado su prestigio ganado en el parqué.

En 2005 aplaudió la normativa de vestimenta impuesta por la NBA, en un momento en el que muchos jugadores acudían a los pabellones con atuendos raperos. Allen Iverson fue, sin duda, el adalid de esta suerte de reivindicación estética de lo barrial, por parte de deportistas de élite. El comisionado David Stern ordenó que los profesionales de la liga se alejaran de esa ropa y adoptaran uniformidad más elegante. "Los jugadores se han vestido con ropa de prisión en los últimos cinco o seis años", declaró Jackson.

En 2010, cuando el estado de Arizona aprobó una legislación por la que empoderaba a la Policía local para determinar el estado migratorio de las personas, se encontró con el rechazo frontal de los Phoenix Suns. Incluso vistieron durante varios partidos el lema "Los Suns", en protesta ante esa ley y en apoyo a la comunidad latina de la región. Jackson defendió la esencia del texto legal ante las cámaras de la ESPN y atacó a la mencionada franquicia por meterse en política. Y, su comentario resbaladizo más sonado y repudiado: tildar a los amigos y socios comerciales de LeBron James como "pandilla". Una expresión que en el imaginario estadounidense contiene una fuerte connotación racista, al ser aplicada de forma peyorativa a los grupos de personas negras. El debate está servido.

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