El pasado 10 de marzo Estados Unidos declaró la vinculación del grupo terrorista que asola la provincia de Cabo Delgado, norte de Mozambique, con el ISIS. El país, que superó una terrible guerra civil en 1992, había logrado una relativa estabilidad política y social en estas casi tres décadas tras la firma del acuerdo de paz. Con esta declaración, Estados Unidos ha establecido la conexión entre el autodenominado movimiento yihadista Ansar al-Sunna y su presunto líder, el tanzano Abu Yasir Hassan, con la “franquicia” del Estado Islámico que asola algunas regiones de África.
Los ataques a la población civil perpetrados por Ansar al-Sunna han provocado hasta el momento 2.700 muertos y 670.000 desplazados. Alrededor de 900.000 personas carecen de alimentos y el 80% de los centros hospitalarios de la provincia están cerrados. Como ocurre en la mayoría de las zonas de África donde se dan este tipo de grupos armados, la provincia de Cabo Delgado tiene enormes yacimientos de gas, por lo que se puede establecer también en este caso el vínculo entre riquezas naturales y grupos armados, como en el caso de la República Democrática del Congo. Sin embargo, el nombre con el que la comunidad internacional, y en este caso Estados Unidos, denomina a estos grupos terroristas no es indiferente. Etiquetar a este grupo como “ISIS-Mozambique” implica el reconocimiento de una superestructura internacional que les da entidad, y por qué no, atractivo para los posibles afiliados que quieran sumarse a la yihad.
Hace un año publiqué en la revista Pragmatics and Society[i] un estudio sobre la propaganda del ISIS. Los medios de difusión del llamado Estado Islámico divulgan revistas y videos en varias lenguas con la intención de atraer a jóvenes de todo el mundo, utilizando una mezcla de lenguaje presuntamente religioso y enormemente nacionalista. Para afianzar la identidad de los miembros, algunas de estas revistas tienen una sección denominada “El Estado Islámico en palabras del enemigo”, donde se recogen las declaraciones más significativas contra el movimiento, que obviamente se interpretan con el orgullo de haber alcanzado mayor relevancia en la política y los medios internacionales. Por ello, conceder a los terroristas que asolan Cabo Delgado el “certificado ISIS” puede comportar que otros grupos rebeldes busquen la misma afiliación con el fin de conseguir fama internacional y, así, atraer a posibles miembros que se unan a su causa.
Hasta el momento el gobierno de Mozambique no ha sido capaz de detener las masacres que se suceden en la zona. Puede que en este momento sea necesaria la ayuda internacional antes de que el grupo terrorista siga haciéndose fuerte en la zona y, sobre todo, antes de que atraiga a contingentes yihadistas internacionales. Por ello, conviene calcular las consecuencias de nombrar a un grupo insurgente con la marca ISIS, porque entonces reforzamos el discurso antiguo, e inoperante, de la lucha contra eje del mal.
@jromerotrillo
[i] Mayor-Goicoechea, C. and J.Romero-Trillo (2020) ‘They cowardly attack us, so we nobly eliminate them’…: A linguistic analysis of the ‘translocal-group’ in the propaganda of the Islamic State . Pragmatics and Society 11: 293-316.