En mi situación de confinada irritación por el ambiente en que vivimos, llevo un año interesado por relatos y reflexiones sobre el fenómeno del odio y del sectarismo en distintas sociedades y épocas históricas.
¿Las tres religiones abrahámicas son incompatibles entre ellas porque afirman que su Dios es único? El relato de Abraham, dispuesto a sacrificar a su hijo (Isaac o Ismael, según los judeocristianos o los musulmanes), por mandato -y en prueba- de Dios, confiere a las tres religiones monoteístas un origen común.
Recorriendo paginas escritas por teólogos católicos y protestantes, como Karl Barth o Hans Küng (fallecido hace unos días), o historiadores como Karen Armstrong, Steven Runciman o Simón Sebag Montefiore, he intentado hacerme una idea de por qué creencias en un mismo Dios, han originado espantosas matanzas de unos contra otros creyentes. Los cristianos primitivos, siguiendo a Jesús y a los apóstoles, no renegaban del judaísmo, de sus libros santos y de su tradición; los primitivos musulmanes, desde Mahoma y Omar (conquistador de Jerusalén), hasta Saladino (el definitivo conquistador de Jerusalén para el Islam), consideraba a judíos y cristianos miembros de misma fe en Dios.
La tolerancia, la conllevancia con los que creían y pensaban distinto, desgraciadamente, la mayoría de las veces, fue imposible. El aniquilamiento de los diferentes fue más allá de las tres grandes creencias. Los cristianos, al enfrentarse por conceptos teológicos, filosóficos, e incluso, estrictamente administrativos, llegaron, en palabras de Voltaire, a hacerse tajadas unos contra otros; católicos, nestorianos, ortodoxos, protestantes, lucharon, unos contra otros, y dentro de ellos mismos, como si fueran los más odiosos enemigos. Voltaire combatía la intolerancia, y de él es esta frase: “El ejemplo más horrible del fanatismo que ofrece la historia fue el que dieron los habitantes de París la noche de San Bartolomé, destrozando, asesinando y arrojando por las ventanas a sus conciudadanos que no iban a misa.” ¿El más horrible ejemplo de fanatismo? Sin embargo, hubo y habría peores ejemplos.
La división en dos grandes corrientes en el Islam, ha producido los mismos desastres. Las luchas fanáticas de sunitas contra chiítas -y como entre los cristianos, dentro de cada una de las dos ortodoxias-, supuso, primero, que el Islam perdió su originaria amplitud filosófica (ahogada teológicamente por el fundamentalismo); y segundo, como el Islam, a diferencia del cristianismo, no tuvo que adaptarse al preexistente Estado y Derecho romano, mientras el Islam creaba su propio Estado (y su ley, la sharia), el brillante pensamiento científico y jurídico islámico de los primeros tiempos, desapareció casi por completo en los siglos finales de la Edad Media, con lo que el Islam fue incapaz de competir con los Estados cristianos en ciencia, técnica, política y capacidad para organizar el mundo; eso sucedió cuando Occidente entraba en el Renacimiento, y el problema es que hoy el Islam está en algunos aspectos peor que entonces.
El judaísmo no sucumbió tanto en el fanatismo dogmático como el cristianismo y el islamismo. Perdido el Templo de Jerusalén, los judíos lo sustituyeron por sus Libros santos, fundamentalmente la Biblia judía (a la que George Steiner dedicó un libro deslumbrante). A esta fidelidad a la palabra escrita por Dios, en las sinagogas, hasta los niños podían llevarle la contraria al rabino, incluso discutiéndole la palabra de Dios, como nos mostraron encantadoramente Amos Oz y su hija Fania Oz-Salzberger, en su libro “Los judíos y las palabras”, con el ejemplo evangélico de Jesús discutiendo con los sabios del Templo.
Hubo corrientes teológicas en el judaísmo, pero no provocaron los conflictos violentos que experimentaron las otras dos religiones monoteístas. Baruch Espinoza, fue expulsado de la comunidad hebrea de Ámsterdam por hereje, pero no sufrió más represalias. Durante la Ilustración, Moses Mendelssohn, un rabino alemán (abuelo de los músicos románticos,Felix Mendelssohn y Fanny Mendelssohn), revolucionó la teología judaica, y aunque los rabinos tradicionales protestaron, su esfuerzo intelectual proponiendo una ética compatible con la filosofía de las Luces, se extendería sin especiales problemas por la sociedad hebrea europea, incluso por la rusa.
¿El judaísmo no experimentó los traumas del cristianismo y del islamismo porque no tenía un Estado como las otras dos religiones? Desde luego, es una pista para intentar comprender “el fenómeno del odio y del sectarismo”? ¿Es la sorda lucha entre ortodoxos religiosos y liberales sionistas del Israel actual, la prueba de que la violencia sectaria aparece cuando existe el Estado? El asesinato de Isaac Rabin, el primer ministro laborista (partidario de paz por territorios con los musulmanes), cometido por un religioso judío, cambió la historia del Estado de Israel. Continuaremos explorando ese espacio oscuro. Ahora, cuiden su salud.