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ORIENT EXPRESS

Biden reconoce el Genocidio armenio

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 25 de abril de 2021, 19:36h

El presidente de los Estados Unidos dio este viernes un paso histórico al reconocer el Genocidio armenio mediante un comunicado de la Casa Blanca con motivo de su conmemoración. 106 años después de la destrucción de las comunidades armenias en el Imperio otomano, el gobierno de los Estados Unidos ha hecho un acto de justicia celebrado en Armenia y en la diáspora. La fecha no podía ser más adecuada: 24 de abril, día de conmemoración del genocidio.

La opinión pública estadounidense conocía los sufrimientos de los armenios en el Imperio otomano desde las Matanzas Hamidianas de 1894-1896, pasando por las masacres en Cilicia de 1909, hasta el exterminio de los armenios entre 1915 y 1922 (algunos historiadores lo extienden hasta 1923). La tarea de algunos armenios residentes y visitantes en los Estados Unidos -por ejemplo, el estudiante de Teología Ohannes Chatschumian, llegado en 1893- así como de estadounidenses comprometidos con las minorías cristianas logró que los periódicos se hiciesen eco de las atrocidades cometidas por las autoridades otomanas. La fundación de la asociación Amigos de Armenia gracias a Chatschumian y a Alice Stone Blackwell (1857-1950) -feminista, sufragista, editora y periodista- sembró la semilla de la movilización ciudadana.

Así, a partir de las Matanzas Hamidianas, en distintas ciudades del país, se fueron organizando comités y campañas de recaudación de fondos para auxiliar a los armenios. Proliferaron las conferencias y las mesas redondas en las que se denunciaba el progresivo aniquilamiento de los armenios. En esta movilización de la sociedad civil coincidieron republicanos y demócratas, judíos y cristianos, los cuáqueros y el Ejército de Salvación. Jacob Schiff (1847-1920), director del banco de inversión Kuhn Loeb y comprometido con la ayuda a los judíos que huían del imperio de los zares, allegó fondos en ayuda de los armenios. El 16 de febrero de 1919 se estrenó en Nueva York la primera película sobre el Genocidio armenio, titulada “Auction of Souls” y basada en el relato de la superviviente Aurora Mardiganian (1901-1994). El corazón de decenas de miles de estadounidenses estaba con los armenios.

Sin embargo, esos que apoyaron desde la distancia a aquella minoría perseguida no fueron los únicos en honrar para la historia el nombre del pueblo estadounidense. Gracias al testimonio de diplomáticos como el embajador Henry Morgenthau (1856-1946) y el cónsul Jesse B. Jackson (1871-1947), destinado en Alepo, existen documentos que prueban la perpetración del genocidio. Misioneros estadounidenses que servían en el territorio del imperio registraron el horror que se presentaba ante sus ojos.

Esas pruebas, junto a las recabadas por militares, misioneros y diplomáticos de otros países, frustraron los planes de que la destrucción de los armenios quedase oculta y cayese en el olvido. Frente a las órdenes secretas, las bandas de irregulares y paramilitares y el empleo de la ley como subterfugio para el expolio y la matanza, los diarios, los despachos, las cartas y los informes hablan con una elocuencia que resuena a través de los siglos. Sirvan de ejemplo la advertencia que el 5 de junio de 1915 Jackson remitió a su embajada señalando que las medidas adoptadas contra los armenios eran una “estratagema cuidadosamente planeada para destruir concienzudamente la raza armenia”.

El comunicado del presidente Biden, pues, hace justicia no sólo al pueblo armenio, sino también, de algún modo, a miles de sus compatriotas que lucharon por ella.

El comunicado no menciona a la República de Turquía. Habla de la “época otomana” y de las “autoridades otomanas”. De hecho, a pesar de que el nombre Estambul era oficial desde la Constitución otomana de 1876, emplea el término “Constantinopla”. Tampoco entra el texto en cuestiones como las pérdidas patrimoniales de los armenios, el pago de indemnizaciones y la asunción de reparaciones históricas por el genocidio. No alude a la impunidad de la mayor parte de sus responsables ni al negacionismo posterior al crimen. No entra en cómo a los armenios los traicionaron las potencias que, primero, firmaron el Tratado de Sèvres y, después, suscribieron el de Lausana, que lo derogaba. Tampoco recuerda graves pérdidas territoriales que sufrieron los armenios, que quedaron privados de las tierras de la Armenia Occidental, así como de Cilicia. No hace referencia alguna a la República de Azerbaiyán, que no existía siquiera como Estado, ni a sus antecesoras desde 1918. Por fin, entre otras muchas ausencias, tampoco menciona la destrucción de otras minorías cristianas en el Imperio otomano.

El comunicado simplemente reconoce que lo que sufrieron los armenios fue un genocidio y comparte su dolor al tiempo que mira al futuro, “hacia el mundo que queremos construir para nuestros hijos”.

Sin embargo, el comunicado ha levantado ampollas tanto en Ankara como en Bakú. Los presidentes Erdogan y Aliyev han hablado por teléfono para adoptar una posición común frente al reconocimiento de Biden. El ministerio de Exteriores turco ha emitido un comunicado de rechazo y el ministro , Mevlut Chavushoglu, ha escrito que “las palabras no pueden cambiar o reescribir la historia. No tenemos nada que aprender de nadie acerca de nuestro propio pasado. El oportunismo político es la mayor traición a la paz y la justicia”. El ministerio de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán se ha expresado en términos aún más duros que el tuit mencionado y ha acusado a Armenia de victimismo.

Pero ahí están los documentos que aquellos estadounidenses, testigos del genocidio, registraron lo que veían. Ellos, y otros muchos, cuentan lo que pasó.

106 años después, un 24 de abril, la Casa Blanca lo ha reconocido.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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