Estaba claro, no hay que ser muy sagaz para adivinar que después del flojo debate que protagonizaron Pablo Iglesias y Ángel Gabilondo, las cabezas pensantes de sus respectivas formaciones tenían que hacer algo para “animar” a su electorado. Las amenazas en forma de cartas con balas y un paquete con una navaja han sido determinantes para ese impulso y la reacción de la líder de Vox en Madrid, Rocío Monasterio, la palanca necesaria para activar ese enfado, notablemente impostado, de toda la izquierda.
Opino que no estuvo acertada Monasterio porque, aunque condenó la violencia, no lo hizo sobre el hecho que específicamente nos atañe. Eso es exactamente lo mismo que hace Bildu cuando se le pide que condene los atentados de ETA, condenar todo tipo de violencia. Si yo meto en mi condena de la violencia el Holocausto, parece evidente que se diluye todo lo demás.
Y esto es lo que apoyan y abrazan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, la condena general de todo tipo de violencia cuando la hacen los amigos de ETA, pero no cuando lo hace Vox. Claro, estamos en campaña y, además, se deben muchos favores.
El problema es que en campaña electoral hay que matizar y explicar y aclarar y ser muy pedagógico porque muchos piensan, y una mayoría da por bueno, que en campaña vale todo y mal haríamos como sociedad crítica y bienpensante si no penalizáramos esa “forma de hacer” de la única forma que podemos, con el voto.
Incluso al ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, hay que decirle que no todo vale y que ya es triste ver cómo ha dilapidado su prestigio bien ganado en una notable carrera en la Judicatura. ¿Y por qué? Por intentar salvar una campaña en Madrid que su partido ve perdida, a pesar de que el presidente del Gobierno ha empeñado su prestigio metiendo a cada vez más ministros a pelear junto a él contra la candidata del PP, Isabel Díaz Ayuso.
El propio Grande Marlaska habrá de hacer balance y ver si le ha compensado vilipendiar su crédito, reconocimiento e imparcialidad por una cartera de ministro. Sabe que queda marcado para siempre por llamar al PP organización criminal, por más que quiera excusarse y negar que lo dijera. Todos lo oímos y podemos entenderlo. La efervescencia de un mitin, el clamor y la ebullición de los oyentes (todos afines) y la agitación de los aplausos es difícil de controlar. Uno se viene arriba, como se dice ahora.
Como fuere, es curioso observar cómo la izquierda en Madrid ya no se diferencia. Son un solo partido, actúan como una única formación y, no deja de sorprender igualmente, que quieran arrebatar la Presidencia de la Comunidad a Isabel Díaz Ayuso atacando a Vox. No hablan de la gestión del PP, no nos dicen cuál es su programa contra “la derecha liberal” ni por qué harán lo que dicen un día que harán y al siguiente lo contrario. Solo se agarran al clavo ardiendo, al último resquicio que les queda, de atizar a Vox pensando que así lograrán aumentar la intención de voto para su bloque aprovechándose de la respuesta de Rocío Monasterio a las cartas con balas.
Yo ya he opinado. Para ustedes queda valorar si la contestación fue la adecuada o no, pero de lo que no hay duda es de que a la izquierda le ha venido de perlas. ¿Alguien duda de que todo este lodazal favorece a la izquierda? Yo no digo que lo de mandar cartas con balas en una dudosa treta para llegar hasta su destinatario salvando controles varios sea idea de Pablo Iglesias o de Iván Redondo, no lo creo, pero podría pensarlo porque son a los que más beneficia. Y en eso, precisamente, siempre dicen en las películas es en lo que hay que fijarse cuando se comete un delito, en el que saca mayor tajada.
Resulta paradójico que unas amenazas de muerte les hayan dado vida en esta campaña electoral que se ponía cuesta abajo tras el debate.
No se sabe quién envió las cartas con balas, pero la izquierda de Madrid critica y hace campaña contra Vox por decir que no se fía de Pablo Iglesias. Lo cierto es que muy poca gente en España se fía del líder de Podemos. No lo digo yo, lo dice el CIS de José Felix Tezanos. Es el peor valorado siempre. Y da igual que, aunque no como a mí me hubiera gustado, Monasterio sí condenara la violencia porque haga lo que haga, diga lo que diga, para el exvicepresidente del Gobierno es una fascista.
Tampoco se lo debe tomar a mal la candidata de Vox en Madrid porque España está llena de fascismo y de fascistas, de fachas y de ultraderecha. Yo mismo seré un fascista por decir que pienso diferente a él. Iglesias no sabe decir otra cosa porque, desgraciadamente, es el único argumento que le compran todavía sus bases. Nadie desde que está en política ha sido más incendiario que él, nadie ha mantenido un discurso más radical que él, nadie ha hecho comentarios machistas más duros que él, nadie ha dirigido un partido político de forma más totalitaria que él, pero todos los demás son fascistas.
Como me decía un amigo más educado que yo el otro día: “Ahora los demócratas quieren imponer cordones sanitarios a millones de votantes… ¡Qué de contradicciones!”.