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TRIBUNA

Sísifo y la política

Juan José Laborda
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1718lamartingmailcom/12/12/18
sábado 08 de mayo de 2021, 19:37h

Por escribir algo nuevo de las elecciones de Madrid, me acojo a uno de los varios sentidos que ha tenido el mito de Sísifo. Los dioses condenaron a Sísifo, un mortal astuto y tramposo, a quedarse ciego y a empujar una gran piedra hasta la cima de una montaña, para a continuación caer rodando hasta la base, y así una y otra vez, eternamente.

El castigo por pasarse de listo es repetir inútilmente la misma pesadez.

Mi tesis, que llevó años mostrándola de varias maneras, se resume así: nuestro sistema político sigue resistiendo fuertes ataques; los partidos políticos tienen liderazgos oligárquicos; España y la Unión Europea sufren una cierta detención en su programa integrador y cosmopolita; la actual globalización ha anulado la acción política en los Estados nacionales; y todos esos factores juntos, producen, primero, malestar social; segundo, los ciudadanos, y especialmente los jóvenes, carecen de certezas y de seguridad; tercero, se sienten arrojados a una individualidad existencial, aunque preferirían integrarse en algún proyecto compartido (los fanatismos nacionales, entre otros, son un paliativo de esa frustración); cuarto, si bien la democracia es el único sistema concebible para la inmensa mayoría de los españoles (y europeos), la confianza en sus representantes elegidos es baja, y la sospecha de ser engañados por la publicidad política es cada vez mayor; y quinto, la polarización política se ha instalado en el espacio público, y parece por mucho tiempo.

La presidenta Ayuso ha ganado las elecciones, tiene un gran poder en sus manos, y para la mayoría de los madrileños, e incluso de los españoles, que ella haya ganado sola, que no tenga que depender de nadie, ni siquiera de su partido político, se siente como un alivio.

Hay muchísimas personas que no podían aguantar más que los gobiernos de varios partidos sean la imagen misma de la falta de seriedad con las cosas y cuestiones públicas, y además, frecuentemente, sin la mínima lealtad con sus tratos y con sus socios, lo que irrita, y desmoraliza, a las personas que actúan en su vida privada de manera completamente opuesta a como lo hacen buena parte de sus representantes.

Pero esta sensación, efecto de un triunfo realmente importante, entrará pronto en el sube y baja de la piedra de Sísifo.

Repasemos otros grandes triunfos electorales desde los años noventa del pasado siglo. Recordemos a los triunfadores de los partidos popular, socialista, diversos nacionalistas, podemitas, ciudadanos…etcétera.

Produjeron entusiasmos, levantaron expectativas a vivir mejor, o con más dignidad, sin embargo, visto en perspectiva, los cambios que se veían necesarios, imprescindibles, urgentísimos -por ejemplo, los problemas que padecemos con Cataluña, el paro estructural de los jóvenes, una economía que se basa demasiado en el turismo y la construcción, y las angustias de los desprotegidos, especialmente, los enfermos, parados o mujeres, etcétera-, año tras año, pasan del capitulo de los problemas por resolver, al olvido del archivo de los problemas que el tiempo resuelve.

¿Las elecciones no son más que una versión de Sísifo, con las promesas electorales que nunca llegan a la cumbre de su realización? A esa pregunta, respondo con más de una respuesta.

La respuesta, a la pregunta de cómo podemos avanzar resolviendo nuestros problemas, en lugar de condenarnos al suplicio de Sísifo, de dar vueltas y vueltas estando ciegos, es la siguiente: es necesario un gran acuerdo entre los partidos identificados con nuestro sistema constitucional.

Dada la magnitud de nuestros problemas y desafíos, pedirlo a los responsables públicos parece de sentido común. Pero además, está el ejemplo alemán: el 7 de noviembre 2005, en medio de un enfrentamiento entre los dos grandes partidos, y con la aparición de otros nuevos (como después sucedió en España), llegaron a un acuerdo, titulado: “Juntos por Alemania. Con coraje y humanidad”, con el que reformaron su Constitución, y pactaron un programa de reformas legales que ha durado hasta el pasado año 2020. Alemania pasó mejor la crisis económica mundial porque había hecho las reformas necesarias, y lo que es más significativo, Alemania afronta su futuro como sociedad democrática con más seguridad que la mayoría de las naciones europeas.

Cuando los llamados “nuevos partidos” están sumidos en mayores crisis, en comparación con los dos grandes partidos, ¿no es el momento exacto para restaurar el método de los acuerdos, propio de nuestro sistema político? Sería lo mejor, para unos y otros.

La segunda respuesta: los grandes problemas que España padece se resolverán en clave europea. Por eso pido acuerdos entre los partidos, porque sólo con gobiernos con amplio respaldo parlamentario, y con el apoyo mayoritario de su sociedad, España será capaz de establecer un programa que nos interese, y que haga suyo la Union Europea.

Juan José Laborda

Consejero de Estado-Historiador.

JUAN JOSÉ LABORDA MARTIN es senador constituyente por Burgos y fue presidente del Senado.

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