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TRIBUNA

Turquía en el epicentro del Mediterráneo Oriental

Víctor Morales Lezcano
domingo 09 de mayo de 2021, 19:36h

En una de las últimas incursiones historiográficas que hice sobre la trayectoria, ya casi histórico, de la República de Turquía a partir de 2002 quedó reflejada en sus páginas la consolidación de RecepTayyip Ergodan en su doble dimensión política. Primero, en cuanto cabeza de un islam moderado que cuajó gubernamentalmente en el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) y, posteriormente, en tanto que presidente de la nación o, si se prefiere, jefe del Estado.

Durante el primer decenio de la “era Erdogan”, el AKP logró asentar la economía de la nación y obtener una favorable acogida internacional en el bloque euro-americano, a excepción de Francia a causa de la indignación provocada por el cruel comportamiento histórico de la oficialidad otomana con el pueblo armenio. No se olvide que el cruel comportamiento a que se alude tuvo lugar en plena Primera Guerra Mundial (1915). O sea, cuando los tres imperios (alemán, austro-húngaro y turco-otomano) se enfrentaron al cuarteto integrado por Gran Bretaña, Francia, Rusia (apartada de la guerra en 1918, a causa de la revolución bolchevique del año anterior) y Estados Unidos de América.

Desde la Primera Guerra Mundial hasta hoy, la cuestión del polémico genocidio a que fue sometido el pueblo armenio ha venido ensombreciendo la imagen de la República de Turquía.

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Importante es recordar el capítulo armenio para entender, algo más, el viraje que ha ido experimentando la “era Erdogan” entre 2011 y 2015, tanto en el seno de la nación, como en sus nuevas aspiraciones hegemónicas en aguas (y territorios) del Mediterráneo oriental.

De un lado, el círculo militar y religioso (no olvidemos la riña entre Erdogan mismo y el clérigo Fethullah Gülen), opositor a la trayectoria personalista, no exenta de tintes sultaníes, con que el actual presidente de la república turca ha ido marcando su magistratura, ha manifestado una doble política de disidencia con las directrices gubernamentales de Ankara. De otro lado, sin embargo, la raíz musulmana que anida con firmeza en la personalidad de R.T. Erdogan, el asesoramiento procedente de personajes integristas como Ali Bardakoglu, designado cabeza dirigente de Diyanet (Dirección de Asuntos Religiosos) y, además, el hecho de haberse desatado en la esfera del mundo árabe un revival musulmán de inclinación islamista han ido contribuyendo de suyo para que Erdogan se haya convertido en una figura política ambidiestra para la óptica de la Unión Europea. Es decir, al constituirse en una muralla defensiva con respecto a la maltrecha Unión Europea, Turquía ha impedido que la oleada migratoria procedente de la vieja Mesopotamia (Siria, Iraq) y sus aledaños haya presionado de modo abrumador sobre Grecia y los Balcanes, primero; y luego sobre la Europa Centro-Occidental misma. Cierto es que Erdogan ha mostrado, pues, su capacidad para poner precio a la función de Turquía en cuanto potencia salvaguarda de la seguridad europea, al tiempo que se ha consolidado como “hegemon” indiscutible en el ámbito histórico de sus lejanos imperios selyúcida y otomano, actual Oriente Medio.

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En el regateo internacional de siempre, tan acentuado actualmente a escala global, la Unión Europea parece decidida a mostrar su dentadura al “lobo estepario” de signatura turco-republicana; son los casos, en particular, del presidente francés Macron y al canciller austriaco Sebastian Kurz. Se ha ido produciendo, pues, un cambio de tendencia política euro-americana hacia Turquía desde hace unos años. El hecho de que conjuntamente Çankaya y el revival musulmán de corte yihadista hayan dado el paso de “islamizar” la milenaria iglesia cristiano-oriental (Hagia Sofia hasta antes de la toma de Constantinopla por los turcos (1453) y monumento emblemático del patrimonio mundial por la UNESCO, como también lo es la Alhambra) ha sido un punto inicial de inflexión en las relaciones de Turquía con la Unión Europea y la administración de Joe Biden. Basta con ojear en estos tiempos de zozobra que estamos viviendo artículos, crónicas, y apuntes publicados en prensa impresa o digital (Le Monde, The New York Times, El País) para “palpar” la atmósfera enemistosa que se respira en el ámbito de las miradas y los juicios antagónicos que reinan entre el viento del este y del oeste. El caso turco-europeo no es sino una más de las corrientes de aires encontradas que soplan a través de la plataforma bicontinental euro-asiática.

Me pregunto adónde llevará el proceso de “tirantez” observable por parte del tándem euro-americano con la República de Turquía. Parece que esta no se entiende mal con la Federación de Rusia y la República Islámica de Irán.

Víctor Morales Lezcano

Historiador. Profesor emérito (UNED)

VÍCTOR MORALES LEZCANO es director del Seminario de Fuentes Orales y Gráficas (UNED) y autor de varias monografías sobre España y el Magreb

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