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TRIBUNA

Normandía, Plan Marshall y tasa Google

domingo 06 de junio de 2021, 19:26h

En 1944, hace setenta y siete años, Normandía supuso la victoria militar sobre el fascismo y el nazismo. En 1947, el Plan Marshall marcó el inicio del triunfo económico de la libertad sobre la opresión comunista. En 1989, a este triunfo se añadiría el de la democracia sobre la dictadura cuando la fuerza de la libertad derribó el infamante muro berlinés clavado en pleno corazón de Europa. Algunos historiadores cifran en ese episodio el verdadero final de la II Guerra Mundial.

Normandía es una pieza sin la que resulta imposible entender la Europa de las últimas décadas. El proyector de la historia nos muestra las imágenes de unos soldados que, con un pie en el mar, otro en tierra, y, probablemente, ya su alma en tránsito hacia el más allá, contribuyeron al éxito de una decisiva operación militar. Si los EE.UU. facilitaron la victoria de la libertad sobre el totalitarismo de derechas, también defendieron gracias al Plan Marshall esa misma libertad en la posguerra, impidiendo que muchas naciones cayeran en manos del totalitarismo soviético. Dicho Plan fue una llamada a Europa para movilizarse decididamente por objetivos continentales y no meramente nacionales. Su andamiaje financiero y su unión aduanera con las áreas de libre comercio serían el embrión de la Unión Europea.

En el curso de una notable intervención en la Cámara de los Comunes en 1948, David Eccles, diputado conservador, (posteriormente Ministro británico bajo los gobiernos de Churchill, Eden y Macmillan), declaró que Europa necesitaba tres cosas fundamentales para su reconstrucción y seguridad: ayuda militar norteamericana, ayuda económica norteamericana también, y la existencia de una fe profunda en los destinos de la Europa occidental. Los dos primeros factores podían considerarse ya, por entonces, una realidad, pero el orador expresó sus dudas acerca de la fe de Occidente en su civilización. Justificó estas dudas por el hecho de que los socialistas europeos daban constantes pruebas de tener una mentalidad diferente y de no estar firmemente convencidos de que la libertad personal merezca la pena alcanzarse a un alto e inevitable precio.

Siempre la política ha estado condicionada por la geografía y la economía. Hoy emerge la geoeconomía, una combinación de geopolítica y geoestrategia en un mundo globalizado y tecnológico donde la actuación local se ve ensombrecida por una abrumadora red de vastos y difusos intereses. No es de ahora, sino de hace tiempo que lo político está subordinado a factores previos económicos, la tasa Google es el paradigma, y sobre ello se concentra buena parte de la atención y preocupación de los Estados.

Boris Suvarin, autor en la década de los cuarenta, de uno de los mejores estudios rusos sobre el bolchevismo, señalaba la raíz del pensamiento de Lenin: el comunismo triunfará cuando los pueblos orientales: rusos, chinos, indios… venzan a las naciones occidentales, y esto sólo se conseguirá mediante la guerra en la que las naciones occidentales se destruyan entre sí. Afortunadamente, la profecía no se cumplió. Pero ¿se cumplirá ahora a causa de una guerra comercial?

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