El paseíllo de Pedro Sánchez por Cataluña para “reconducir el conflicto” está resultando un fiasco. Antes de que el presidente del Gobierno explicara en el Liceo de Barcelona su “hoja de ruta para desinflamar la situación”; esto es, exponer la concesión de los indultos, los dirigentes separatistas se han burlado de la “farsa democrática” y han exigido lo de siempre: la amnistía, el referéndum y la independencia.
Oriol Junqueras se ha mofado de Pedro Sánchez al declarar que “los indultos son un triunfo independentista, pues muestran algunas de las debilidades del aparato del Estado.” Los separatistas ni siquiera reconocen que el presidente del Gobierno haya tomado la decisión por “magnanimidad, para lograr el reencuentro” y demás sandeces. Defienden que lo ha hecho por la presión del Tribunal de Estrasburgo. Y, lo peor, entienden que los indultos son solo el primer paso para alcanzar la República Independiente de Cataluña.
La insoportable propaganda de Moncloa ha fallado estrepitosamente. Ha reactivado el desafío secesionista en lugar de aplacarlo. Los separatistas ya le han mandado el mensaje que todos, menos el Gobierno, intuían. En la cacareada mesa de diálogo, los dirigentes de la Generalidad ni siquiera agradecerán el gesto de los indultos. Aprovecharán la reunión para poner sus cartas sobre la mesa. Y chantajearán a Pedro Sánchez. Le harán saber que sus escaños no le valdrán para prolongar la legislatura si el Gobierno impide que se celebre un referéndum de autodeterminación pactado. Porque esa es su primera e imprescindible exigencia. Cuando los presos sean excarcelados, Pedro Sánchez, descubrirá el gran error de conceder la medida de gracia a los que intentaron cometer un golpe de Estado. Descubrirá que los separatistas son insaciables.
Mal ha empezado el paseíllo de Pedro Sánchez. A la entrada del Liceo de Barcelona, ha recibido un estruendoso abucheo de miles de manifestantes separatistas. Ningún dirigente de la Generalidad ha asistido para escuchar su conferencia titulada pomposamente, “el reencuentro: un proyecto de futuro para toda España.” Y el público le ha dedicado una ruidosa pitada, con gritos a favor de “la independencia”, cuando ha anunciado que el Consejo de Ministros aprobará mañana la medida de gracia. Se confirma así el fiasco del presidente con su indecente decisión de excarcelar a los condenados por el Tribunal Supremo.
A este paso, toda su estrategia para “reconducir el conflicto” puede llevarle al mayor de los ridículos. Pues los separatistas no parecen estar dispuestos a apoyarle en el Congreso de los Diputados hasta que les permita celebrar un referéndum de autodeterminación. El riesgo para el Estado de Derecho es que el Gobierno se invente una pirueta legal para complacerles.