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Vikingos

miércoles 10 de septiembre de 2008, 22:51h
La visión de una sola vela rectangular en el horizonte fue, durante los siglos VIII a XI anticipo de que algo espantoso iba a pasar. Si las velas eran más, peor que peor. Los vikingos fueron, durante estos siglos el verdadero azote de gran parte de Europa. Aunque, por otro lado, sus terribles incursiones bien pudieron hacer brotar en aquellas gentes dispersas e inconexas una cierta idea de unión ante una agresión foránea, por lo que quién sabe si debemos esos bárbaros el germen de identidad territorial del Viejo Continente. Sea como fuere, suecos, y sobre todo, noruegos y daneses, emprendían cada primavera expediciones destinadas a la obtención de suculentos botines, y si se terciaba, la gloria de morir en combate.

No en vano, en su panteón, dominado por el creador Odín, no había lugar para los melifluos. Al idílico Walhalla sólo llegaban, conducidos por las valkirias a lomos de sus magníficos caballos, los guerreros que se habían distinguido por su probado valor en combate. Razón de más para no mostrar temor alguno en la batalla. Especialmente fieros eran los berserkrs, una suerte de “tropas de élite” cuya agresividad rayaba en lo patológico. De todos modos, verles entrar en acción debía de ser todo un espectáculo. A bordo de sus drakkars, agilísimas naves que combinaban remos y velamen, podían recorrer largas distancias, fruto de su pericia como navegantes. Pero no sólo guerrearon. De hecho, fundaron ciudades –por ejemplo, Dublín- y colonizaron países –Islandia- y archipiélagos –Feroe, Orcadas-. Pero una de sus más célebres andanzas fue la protagonizada por Erik el Rojo, que en el siglo IX llegó a una isla que, de tan verde que era, la llamó “Tierra Verde” o Greenland, la actual Groenlandia. Su hijo Leif Eriksson llegaría algo más lejos; en concreto, a un lugar que bautizó como Vinland. Dicho lugar se halla en Terranova, Canadá, por lo que los vikingos se adelantarían unos cuantos siglos a aquel genovés llamado Colón.

Pocos les hicieron frente con éxito en Europa; si acaso, Carlomagno. Pero su muerte privó a los francos de un gran líder, siendo aprovechado por las “gentes del norte” o “normandos” para amenazar la mismísima capital, París. Ante ello, los francos hubieron de parlamentar, ofreciéndoles un territorio que, en virtud de su procedencia, sería conocido como Normandía. Inglaterra, Irlanda y España –sobre todo, Galicia- serían también objeto de sus fechorías. ¿Qué ocurrió entonces, para que en el siglo XI todo acabase? Pues dos cosas; la primera, que Europa era más fuerte; y la segunda, que la llegada del Cristianismo aplacó en gran medida sus ánimos. Como colofón, destacar que no usaban casco con cuernos; éste debió ser un adorno votivo de algún líder tribal. Los cuernos los reservaban para degustar su magnífica cerveza. Bien hecho.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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