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TRIBUNA

La plaga y la democracia

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 13 de agosto de 2021, 20:18h

La comprensión histórica de la respuesta psicológica humana ante la dantesca pandemia presente nos debería preparar para enfrentarnos mejor a otras catástrofes sanitarias en el futuro e incluso a presuponer sus probables consecuencias en el comportamiento de las personas y de la autoridad política. Ésa es precisamente la principal utilidad de la Historia cuando se cultiva bajo un régimen de libertad, y no de tiranía pretendidamente científica vía BOE, cuando en varias ocasiones se decreta “desde la Ciencia” una cosa y la contraria en la misma semana sobre la prevención, exigiéndonos a los ciudadanos una cerrada ortodoxia desde las más despampanantes contradicciones oficiales.

La plaga que asoló Atenas justo después del estallido de la Guerra del Peloponeso es un excelente ejemplo de un acontecimiento impredecible, pero que fue estudiado con la libertad propia de una Democracia a la sazón, precisamente la primera. Cayó sobre Atenas inesperadamente, y los médicos estaban indefensos debido a la ignorancia. La plaga no se parecía a ninguna de las que los atenienses habían experimentado hasta entonces: ningún arte o habilidad humana sirvió de nada. "El carácter de la enfermedad", informa Tucídides, "fue tal que desconcertó toda la experiencia médica; atacó a cada persona con más dureza de lo que era compatible con la naturaleza humana". La traducción habitual de "chalepoterós ê kata ten anthropeian physin", "más allá de la capacidad de resistencia de la naturaleza humana" no da sentido al hecho que va precedido y seguido de comentarios sobre el carácter completamente extraño y desconocido de la enfermedad. El uso del término es comparable a 3.82.2; en ambos casos se refiere a una característica constante de la interacción del hombre con el mundo, aunque en el caso de la plaga Tucídides sugiere que nuestra comprensión de la naturaleza humana puede requerir una revisión. Es decir, la severidad e indiscriminación de la plaga contradecía lo que los hombres pensaban saber sobre los efectos de la enfermedad en los seres humanos. El relato de Tucídides analiza cómo este tipo de calamidades afectó las relaciones humanas en la ciudad. Como la guerra, y particularmente en conjunción con ella, la plaga promueve la complacencia en el instinto y el impulso, y destroza el tejido de la sociedad. Pero también dio una descripción detallada de la enfermedad en sí, "para que los hombres, en caso de que vuelva a brotar, sobre todo tengan algún conocimiento de antemano y no lo ignoren". Porque la plaga era una enfermedad completamente desconcertante y desconocida, y aterradora por su siniestra extrañeza. Afectaba tanto a los sanos y fuertes como a los débiles, y no se podía contar con ningún remedio único para aliviar a la mayoría de los que sufrían: lo que ayudaba a un hombre, perjudicaba a otro. Conocer el carácter de la enfermedad en aquella época no permitiría a las generaciones futuras prevenirla o tal vez mitigar su violencia, sólo reconocerla y anticipar su probable curso; pero incluso este nivel de comprensión ayudaría a evitar el terror que tanto había desmoralizado a los atenienses, y quizás disminuiría las devastadoras consecuencias sociales de la desesperación. Es curioso que la esencia misma de la vacuna salvadora se encontraba ya patente en el mito de Télefo, al que se le cura la herida aplicando a la misma la herrumbre de la propia lanza que le hirió. La lanza de Aquiles. Pero se tuvo que esperar a Edward Jenner para que el mýthos fuera visto en realidad como lógos.

A lo largo de la Historia, en una variedad de contextos diferentes, Tucídides resalta la importancia de dominarse a sí mismo psicológicamente en circunstancias que tienden a socavarnos, e indica que la comprensión de la naturaleza de la situación y sus probables efectos puede ayudar a hacer posible el autodominio. La conciencia de la variedad de condiciones que han soportado hombres y mujeres, y cómo las han soportado, aumenta la comprensión consciente del propio lector de Tucídides acerca de la naturaleza humana - y, en un nivel general, la suya propia - y, por lo tanto, de una manera análoga a la conciencia que se logra a través de la terapia, potencia la capacidad de autocontrol. Una comprensión histórica de la naturaleza humana también es esencial para las interpretaciones históricas que subyacen y cultivan las decisiones de los gobernantes. En el proceso de lectura de la Historia de Tucídides, como en el proceso de educación moral, el lector puede recoger principios de análisis relevantes, incluyendo cómo entender el comportamiento humano en diversas situaciones, y aprende cómo aplicarlos y, cuando sea apropiado, revisarlos en casos particulares. En contra de la bárbara “Historia Democrática” que nos viene encima como un Alarico, Tucídides nos enseñó hace veinticinco siglos que no hay verdades estáticas sobre los hombres, sólo experiencia de ellas y comprensión de situaciones particulares y cómo el presente suele ser provocado por el pasado.

LaPero vivimos un momento en que si no aceptas como dogma de fe el salto milagroso del virus del murciélago al pangolín te llamarán negacionista y te castigarán por ello, y si ves errores crasos y falta de phrónesis política en la IIª República te echarán encima la “Memoria Democrática”, y te llamarán fascista. Hoy Tucídides es negacionista y fascista, emparedado entre dos losas de organizada barbarie. España, hoy satrapía madurense, vuelve en los Estudios Históricos, a antes de la aparición de Tucídides y la Historia como ciencia, a la Grecia arcaica, al miedo trágico, telúrico y supersticioso de la vida provocado por el poder ilegítimo. Las doctrinas políticas del gobierno se proponen como único objeto la organización del rebaño humano caminando hacia la misma dirección. El hormiguero, la colmena se han convertido en un ideal político. Todo se sueña previsto, nada que pueda desequilibrar con una sorpresa de libertad; los que tienen el mando lo han previsto todo y no han previsto nada, y el súbdito no tiene más que caminar seguro con los ojos vendados.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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