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TRIBUNA

Amenazados en su tierra

Jesús Romero-Trillo
domingo 17 de octubre de 2021, 17:51h

Los ataques durante la última semana a sendas mezquitas chiíes en Afganistán en las localidades de Kunduz y Kandahar, que se han saldado con más de un centenar de fallecidos, refleja la dificultad de los fieles pertenecientes a la minoría musulmana chií de etnia Hazara para permanecer en el país. En ambos casos los ataques fueron perpetrados por la rama del ISIS que opera en Afganistán, denominada “ISIS-Khorasan” (ISIS-K), y cuyo nombre hace referencia a la región histórica de Persia que se extendía por Afganistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Atentar contra los lugares de culto, y más aún cuando están llenos de fieles, evidencia que los terroristas no son verdaderos creyentes y que su único objetivo es perpetrar la violencia contra los más indefensos.

El chiismo es una rama del islam menos numerosa que la suní, y representan entre el 10% y 20% del total de musulmanes en el mundo. A nivel geográfico sus fieles están menos extendidos y son mayoría en Irán, Irak, Líbano, Bahréin y Azerbaiyán. En el caso de Afganistán la comunidad chií es minoritaria, alrededor del 10% de la población, y en su mayoría pertenecen a la etnia Hazara. Desde el punto de vista espiritual los chiíes consideran que el sucesor de Mahoma es el Imam Alí, pero hay otra gran diferencia: los suníes aceptan la autoridad de líderes locales, mientras los chiíes han tenido tradicionalmente un líder espiritual global vinculado a la ciudad de Nayaf (en Irak), donde está el mausoleo del Imam Alí. A partir de la revolución iraní de 1979 la autoridad espiritual fue asumida por el líder supremo de Irán, comenzando con el Gran Ayatolá Jomeini.

El Papa Francisco se ha caracterizado por su acercamiento a los musulmanes a partir de la firma en Abu Dabi del Documento por la Fraternidad Humana con el Gran Imam de la Universidad Al-Azhar de El Cairo, Ahmed al-Tayyeb, el 4 de febrero de 2019. Desde aquel momento el imam al-Tayyeb se ha convertido de facto en el interlocutor de la mayoría suní con el resto de los líderes religiosos mundiales. Sin embargo, a fecha de hoy, este documento, que es de vital importancia no solo para el diálogo interreligioso sino para la convivencia global, no ha sido suscrito por los chiíes.

En marzo de 2021, el Papa Francisco se reunión en Nayaf con el líder espiritual de los chiíes iraquíes, el Gran Ayatolá Alí Sistani, y se esperaba que éste último suscribiera el documento de Abu Dabi. Sin embargo, la firma no tuvo lugar y creo que para que los chiíes se sumen a la declaración por la Fraternidad Humana es necesaria también la implicación del Gran Ayatolá Alí Jamenei, de Irán, ya que ambos representan el liderazgo espiritual de esta rama del islam.

El liderazgo del Papa Francisco y su sintonía con el Gran Imam al-Tayyeb puede ser la vía para que los talibanes, de tradición suní, protejan a los chiíes en Afganistán. Sin embargo, también es muy importante que los chiíes firmen el Documento por la Fraternidad Humana y que esta rama del islam esté representada por sus máximos líderes en todos los encuentros que promueven el diálogo interreligioso.

El gobierno Talibán debe proteger a los chiíes frente a los ataques del ISIS-K, pero también la comunidad internacional debe presionar para evitar que los chiíes de Afganistán se vean expulsados de su tierra, pues sería otra catástrofe humanitaria de consecuencias inimaginables.

Jesús Romero-Trillo

Catedrático de Filología Inglesa en la UAM

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