Hay un renglón económico que desconocemos. Lo ha habido en ocasiones pasadas. Veremos qué ocurre...
Hay un renglón económico que desconocemos. Lo ha habido en ocasiones pasadas. Veremos qué ocurre con ésta. Pero lo que parece claro es que Pedro Sánchez, de hinojos ante Bildu, está dispuesto a pagar lo que sea con tal de que los filoetarras voten los Presupuestos Generales del Estado y garanticen la continuidad sanchista en el poder.
Tanto al antiguo terrorista como al presidente “socialdemócrata”, aliado de comunistas y podemitas, les conviene dar una imagen de debate político. “Tenemos 200 presos -ha declarado Otegui- Tienen que salir de la cárcel. Y si para eso hay que votar los Presupuestos Generales del Estado los votaremos sin ningún problema. Así de alto y claro os lo decimos”. Bildu ha pasado ya la factura económica y política al César monclovita para apoyarle. No sabemos el alcance económico del chantaje. Pero el político ha sido tan descarado que Pedro Sánchez se ha visto obligado a negar el canje de presos por los PGE.
La salida carcelaria de los terroristas hay que enmascararla, al menos como ha hecho el ministro Marlaska con el traslado de los criminales etarras a prisiones vascas. La digestión política del festín bilduetarra no se puede hacer con empacho. Hay que dosificarla y el presidente del Gobierno, castigado en los flancos por Pablo Casado, ha tenido que comprometerse ante el Congreso de los Diputados con un no que significa: “Amigo Otegui, haremos la operación con más tiempo, con más dinero y con más cautela”. Existe el convencimiento en la oposición de que Sánchez cederá todo lo que sea necesario para garantizarse los votos bilduetarras directa o indirectamente. Resulta más confortable políticamente para el líder socialista pagar con dinero constante y sonante a Otegui, pero el antiguo terrorista se empecina en el órdago de la liberación de presos, Pedro Sánchez terminará por encontrar con alta probabilidad la fórmula para satisfacer las exigencias del dirigente abertzale.
Lo que ha quedado, en fin, meridianamente claro es que se negocia el voto a los Presupuestos Generales del Estado a cambio de concesiones políticas y económicas. En las próximas semanas tal vez conozcamos el precio final de Otegui y el alcance de las genuflexiones de Sánchez.