Se acaba de publicar en España el libro de Martin Buber “Bien y mal” que recoge dos ensayos escritos a mitad del siglo XX con los títulos “Justo e injusto” e “Imágenes del bien y del mal”. Martin Buber (Viena 1878-Jerusalén 1965) fue un influyente filósofo judío cuyo pensamiento destaca por la idea del diálogo y por su reflexión sobre el sentido del bien y del mal. Para Buber, el hombre no puede comprender el sentido de su propia existencia ni el acercamiento a Dios sin considerar al otro y, como consecuencia, no existe lo bueno o lo malo en abstracto sino solamente cuando se entra en diálogo con los deseos y las necesidades de los demás.
Un ejemplo muy interesante de cómo el bien y el mal no son categorías abstractas se puede ver en la película “El buen patrón”, escrita y dirigida por Fernando León de Aranoa y protagonizada por Javier Bardem. El protagonista del filme es el dueño de una fábrica de balanzas que lleva una vida de empresario con sus problemas cotidianos. Lo más interesante de su actitud ante la vida es que se comporta con los trabajadores con una gran dosis de paternalismo que le permite opinar y decidir sobre sus vidas, siempre con la excusa de buscar el bien para los demás.
El dueño anhela el éxito, y su ambición le lleva a tomar decisiones que inicialmente están bajo su control pero que finalmente se le van de las manos. La película muestra de manera magistral cómo el deseo de éxito y poder erosionan la percepción del límite entre lo justo e injusto y, como consecuencia, cómo se difumina la conciencia de la independencia del otro. El personaje encarnado por Bardem resulta a veces amable y otras veces deleznable, pero es siempre creíble ante los ojos del espectador.
Lo que queda claro en la película es que la balanza siempre se desequilibra cuando nos permitimos decidir sobre la vida de los demás sin contar con ellos, aunque estemos convencidos de que lo hacemos por su bien.