Dos personas cercanas a Pedro Sánchez, con las que mantengo sobrada relación y...
Dos personas cercanas a Pedro Sánchez, con las que mantengo sobrada relación y permanente confianza, han coincidido al informarme de la alarma que ha producido a Pedro Sánchez la imposición podemita de Joan Subirats en sustitución de Manuel Castells, el ministro generosamente desconocido para la opinión pública que puede presumir del lema que le han atribuido: “Solo sé que no he hecho nada”.
Se espera que Subirats haga algo en el Consejo de Ministros: intrigar en favor de Yolanda Díaz para desmontar a Pedro Sánchez. El presidente está alarmado por lo que se le viene encima: el asalto a la última trinchera, el acoso al sanctasanctórum de la Moncloa, al despacho y la silla curul por los que Sánchez ha combatido desesperadamente y que no piensa rendir a nadie. Hasta ahora ha defendido su butaca presidencial y su falcon viajero aliándose con comunistas, podemitas, secesionistas y bilduetarras. Pero no se esperaba el acoso desde dentro, la erosión por los flancos.
Mientras el presidente, atendiendo las indicaciones de Merkel, se proclamaba socialdemócrata por treinta veces en el Congreso del PSOE, el sabio mundo comunista le estaba haciendo la cama en favor de Yolanda Díaz, bien enmascarada en su piel de dócil oveja vaticana. Y ahí está el resultado. Las encuestas han colocado a la vicepresidenta por encima de Pedro Sánchez mientras la retirada de Castells y la incorporación del ultraizquierdista Subirats auguran el renovado acoso a Moncloa en favor de una presidenta comunista que significaría un caso único en la Europa liberal y democrática, atónita ante los despropósitos españoles.
Pedro Sánchez, en fin, hace bien en alarmarse. El Partido Comunista español, liderado por Enrique Santiago, por el sagaz y agresivo Enrique Santiago, es un mastín que ha metido sus hocicos entre los tobillos de Moncloa.