Hay un Belén permanente en Madrid. Un Belén que no solo aparece en Navidad sino todos los días del año. Es un Belén en el que centenares de niños son cuidados por esos ángeles que son los sanitarios del Hospital del Niño Jesús de la capital de España.
En esas habitaciones, consultas y quirófanos se hace realidad todos los días el milagro del aquel sencillo portal de Belén, donde el Niño Dios nació para redimirnos a todos. Y esos centenares de niños que sufren enfermedades en el Hospital del Niño Jesús son el ejemplo viviente del milagro diario, porque como nos dijo ayer el Papa FRANCISCO durante la homilía de la Misa del Gallo: “La pequeñez es el camino que eligió para llegar a nosotros, para tocarnos el corazón, para salvarnos y reconducirnos hacia lo que es realmente importante.”
Y eso, repetimos, es lo que se hace en ese Belén que hay en Madrid y que convendría que visitáramos de vez en cuando, para conocer de cerca el dolor y la esperanza de la curación de los que nos tienen que marcar el futuro.
Hoy es Navidad y el Papa nos ha que querido recordar antes de la bendición Urbi et Orbi la necesidad del diálogo permanente pues “Dios nos mostró el camino del diálogo” y “hoy se nos pone a prueba nuestra capacidad de diálogo, porque existe el riesgo de no querer dialogar en el ámbito internacional, cuando es la única solución para resolver los conflictos. Corremos el riesgo de no escuchar los gritos de aquellos que sufren”.
Unas palabras del Papa, de un hombre ejemplar, que queremos trasladar a esos belenes vivientes que son las habitaciones, consultas y quirófanos del Hospital del Niño Jesús de Madrid, donde los sanitarios son los pastores de hoy que se acercan a los niños para llevarles esperanza de vida. Gracias a todos y Feliz Navidad a los lectores de EL IMPARCIAL.