América Latina VS Estados Unidos
lunes 22 de septiembre de 2008, 22:22h
En pocos días, la relación entre América del Sur y los Estados Unidos entró nuevamente a zona de alta tensión. La actual seguidilla de corto circuitos empezó con la expulsión de los embajadores norteamericanos por parte de los gobiernos de Evo Morales y Hugo Chávez, inculpando al embajador en La Paz de involucrarse en los asuntos internos de Bolivia -algo que, por otra parte, no resulta verosímil-. Washington respondió despidiendo a los embajadores de esos países. Ese nuevo frente de tensión generó una ola de inquietud a lo largo del continente.
Los presidentes sudamericanos fueron convocados a Santiago para una cumbre de emergencia con el propósito de respaldar al gobierno de Bolivia en sus problemas con la oposición autonomista. Detrás de esa convocatoria a los presidentes se advirtió la mano de Lula da Silva, dispuesto tanto a respaldar al gobierno de Evo Morales como a poner límites al descontrol de Chávez en la región. Los presidentes, efectivamente, respaldaron a Morales -no sin reclamarle urgentes negociaciones con la oposición, que ya están en curso-, pero rechazaron las presiones de Chávez para incluir una referencia a la intervención de los Estados Unidos en Bolivia. Aun así, como para matizar debidamente los gestos, y tal vez también para equilibrar los tantos en las pujas internas dentro de su gobierno, Lula no ahorró algún elíptico aval a la decisión de Morales de romper con Washington. Es como si se estuviese cuidando que nadie acapare monopólicamente el antinorteamericanismo en América Latina.
Por otros carriles, pero en simultáneo, circula el enojo de la presidenta Fernández de Kirchner con la Casa Blanca, por la causa judicial que se tramita en el estado de Florida y que compromete a funcionarios argentinos y a venezolanos residentes en Miami. Cada vez que abren la boca, los inculpados producen la ira del gobierno argentino.
Los norteamericanos tienen bastantes cosas de las cuales ocuparse -entre otras, su propia elección presidencial- y es presumible que estos brotes de enojos de sus vecinos del Sur los desconciertan más de lo que les preocupan. (Excepto que Chávez no sólo juega a los enojos diplomáticos sino también a atraer la flota rusa al Caribe y a cultivar una amistad estrecha con Irán). Con frecuencia, en Estados Unidos se preguntan el por qué del endémico antinorteamericanismo de los gobiernos latinoamericanos. Parecería que es políticamente redituable echarle de tanto en tanto la culpa de los problemas domésticos de los países de América Latina al gobierno de Washington.
La respuesta a ese por qué no es tan simple. A primera vista, el antinorteamericanismo de los gobernantes no es políticamente tan rendidor en sus propios países. Ni siquiera en Bolivia las encuestas reflejan el mismo furor anti norteamericano de su gobierno. La opinión pública argentina suele aparecer en las encuestas como la más antinorteamericana del continente; aun así, cuando se pregunta a los argentinos a qué país querrían parecerse, Estados Unidos sale en segundo lugar, detrás de España.
Ahora… las brujas no existen pero que las hay, las hay. Es cómodo que los gobernantes tengan con quien pelearse y a quien cargar con las culpas de lo que no funciona. Los pueblos de América Latina no son tan antinorteamericanos, pero tampoco les molesta que sus gobiernos encuentren razones para descubrir que las brujas están en la Casa Blanca. Si para los Estados Unidos esto es materia de inquietud o no, lo tienen que decidir allá.
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Sociólogo y analista político
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