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ORIENT EXPRESS

Una guerra civil europea, una guerra fratricida

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 13 de febrero de 2022, 19:20h

Este lunes 14 de febrero la Iglesia católica celebra la memoria de los santos Cirilo (827-869) y Metodio (815-885), evangelizadores de los pueblos eslavos. San Juan Pablo II el Grande los proclamó “copatronos de Europa” en la carta apostólica Egregiae Virtutis de 31 de diciembre de 1980. Años más tarde les dedicó la carta encíclica Slavorum Apostoli (2 de junio de 1985) siguiendo el camino trazado por León XIII, que extendió a toda la Iglesia el culto a los dos santos en 1880, y Pablo VI, que proclamó a San Benito de Nursia patrón de Europa en 1964.

Es, pues, un día propicio para detenernos a pensar no tanto lo que está sucediendo en las fronteras de Ucrania, Rusia y Bielorrusia, sino lo que significa para nosotros, los europeos. Admitamos que no es fácil abrirse paso entre los mensajes propagandísticos y las acciones de guerra psicológica que estamos presenciando, pero tal vez eso sea ya un indicio de lo que está pasando.

Volvamos un instante a San Juan Pablo II, aquel “hijo de la nación polaca que se ha considerado siempre europea, por sus orígenes, tradiciones, cultura y relaciones vitales; eslava entre los latinos y latina entre los eslavos”, tal como se describió a sí mismo en su discurso de 1982 en Santiago de Compostela. En Egregiae Virtutis, el pontífice se inspiró en la firme esperanza de “una superación gradual en Europa y en el mundo de todo aquello que divide a las Iglesias, a las naciones y a los pueblos”. Este mismo propósito está presente en Slavorum Apostoli y no deberíamos olvidarlo si queremos comprender la actual hora de Europa. Desde hace más de un siglo, podríamos poner 1914, pero hay otros años posibles (1789, 1848, 1871, 1917), Europa vive desgarrada en una fractura entre Oriente y Occidente que proyectos como la Unión Europea sólo han logrado salvar en parte. El abandono progresivo de sus raíces cristianas, esas que comparten todos los pueblos de Europa, ha ido agostando el proyecto de los padres fundadores -alguno de ellos, como Robert Schuman, fueron profundos creyentes- y lo ha convertido en algo distinto y, hasta cierto punto, ajeno. No deja de ser desconcertante que las campañas en pro de la “diversidad” de la Unión se obstinen en imponer una imagen algo artificial de nuestro continente como sucedió con la polémica “La belleza está en la diversidad como la libertad está en el hiyab” o con los intentos de evitar, en documentos oficiales, los saludos navideños. Existe una identidad europea, pero es un agregado de siglos de historia; no una imposición burocrática desde las instituciones de la Unión.

En efecto, son esas raíces cristianas las que dan a Europa su cohesión y en las que cristalizan tanto la filosofía griega como el derecho romano. Seguimos siendo hijos de la Antigüedad y la Edad Media. Así, la labor de Cirilo y de Metodio nos recuerda cómo fue ese proceso. Llamados por Bozyvoj, príncipe de la Gran Moravia -el reino que se extendía por parte de lo que hoy son la República Checa, Eslovaquia y Hungría- extendieron el evangelio entre los pueblos eslavos. Contribuyeron a su escritura. Ennoblecieron el eslavo antiguo en la liturgia. El bautismo de Polonia (966) en la persona de Mieszko y la misión cirilo-metodiana en Bulgaria, precedieron la conversión de Vladímir el Grande, príncipe de Kiev, y el bautismo de Rusia en 988. En la actual Macedonia, San Clemente de Ohrid dio forma al alfabeto cirílico. Cirilo y Metodio fueron, pues, como “como los eslabones de unión, o como un puente espiritual, entre la tradición oriental y la occidental”.

Esta es la verdadera Europa a la que pertenecemos. He aquí el fondo cultural que nos une.

Toda guerra europea tiene algo de guerra civil. Si es entre eslavos, no deja de tener un punto fratricida. Ucranianos, rusos y bielorrusos han compartido siglos de historia juntos. Sin duda, hay diferencias culturales entre ellos, pero lo que los une culturalmente está hondamente arraigado en la historia de Europa.

Los rumores de una invasión inminente de Ucrania, las órdenes de retirar al personal de las embajadas, las recomendaciones y los planes para evacuar a los extranjeros de determinados países y las declaraciones incendiarias del gobierno estadounidense -Anthony Blinken, secretario de Estado, ha dicho directamente que “la invasión puede ser en cualquier momento”- han creado un estado cercano al pánico. El propio presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, ha declarado que “el mejor amigo de nuestros enemigos es el pánico en nuestro país. Y toda esta información solo está provocando pánico”.

Deberíamos preguntarnos a quién beneficiaría una nueva guerra entre europeos. Desde hace más de un siglo, insisto en que podríamos ampliar ese periodo, hay un movimiento que busca, al mismo tiempo, exacerbar algunos nacionalismos y desdibujar naciones históricas. No es contradictorio. De hecho, así es como operan los nacionalistas vascos, catalanes, gallegos, asturianos, valencianos y andaluces en España.

En el día de los santos Cirilo y Metodio, copatronos de Europa, los habitantes de este continente deberíamos preguntarnos a quién beneficia esta fractura entre las naciones de Europa, esta división entre sus pueblos y este olvido de nuestras raíces comunes.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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